Rosa Palacios

Rosa María Palacios

Contracandela
Lima, 1963. Abogada por la PUCP y Máster en Jurisprudencia Comparada por la Universidad de Texas en Austin. Su área de especialización es el periodismo político y divulgación jurídica con más de veinte años de experiencia en televisión, radio y prensa escrita. Es docente de la PUCP en la facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación.

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Podrían ser buenas noticias

“Darle la espalda a Castillo es arrojarlo, otra vez, a los brazos de un Cerrón, más radical y más empoderado”.

Pedro Castillo no tenía ninguna posibilidad de ser presidente del Perú. Entró a la carrera por dos modestas razones. La primera, un sueño propio: ampliar su base para crear un partido de maestros. La segunda, porque lo buscó Vladimir Cerrón, quien, impedido de postular por estar condenado, necesitaba de alguien que le lidere la campaña y luego desaparezca, dejándole algunas curules si pasaba la valla, luego del fracaso del 2020. Castillo, un líder sindical solo recordado por la huelga del 2017, era el personaje perfecto para ambas conveniencias.

Hay muchas formas de leer lo que pasó en estas elecciones pandémicas. El centro se achicó, las estridencias se volvieron populares. Lo cierto es que en primera vuelta Castillo se apoderó del voto de la izquierda. No es muy amplio, pero lo suficiente pigmeo para quedar primero. La segunda vuelta, contra Fujimori, fue un regalo del destino. La gran mayoría de los electores de Castillo no votaron por él, sino contra ella. El día que la derecha lo entienda, tal vez vuelva a ganar una elección.

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Castillo no tiene experiencia, preparación, currículo, cuadros, partido, contactos, redes o bases. Llegó calato al poder, acompañado de un minipartido regentado por un comunista con vocación de autócrata y con suficientes problemas con la justicia. Actuar a través de un testaferro tan primitivo en el plano político y social como Bellido terminó como tenía que terminar: en una ruptura abierta entre Cerrón y Castillo. La pregunta que cabe hoy es qué escenarios se abren para Castillo luego de que Cerrón repartiera las cartas de nuevo.

Si todos los actores políticos actúan racionalmente (y eso nunca se sabe), lo más probable es que Cerrón se quede con unos 15 congresistas con el mismo discurso radical que grita “asamblea constituyente”, “renegociación de contratos” y otros clichés que carecen de contenido, pero que le arman un frente opositor de corte popular a Castillo. Cerrón espera arrasar en las elecciones del 2022 y, tal vez, contribuir a derrocar a Castillo con una vacancia en alianza con Fuerza Popular, Renovación y Avanza País, mientras trata de librarse de otras condenas y el tiempo de su inhabilitación se va cumpliendo.

Sin embargo, los sueños de Cerrón pueden ser vanos. Ya es un personaje impopular. Su apuesta lo ha colocado más solo que nunca, radicalizado y aislado. Va a intentar retroceder, pero le es difícil con una bancada reducida. Los procesos judiciales se agravan y le podrían imponer prisión preventiva. Mientras tanto, Castillo avanza en la formación de su propio partido. En las elecciones del 2022, Perú Libre podría desaparecer.

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Castillo, sin dejar de ser un gobernante de izquierda, puede elegir, liberado del radicalismo marxista de un comunista como Cerrón, de qué clase de izquierda quiere ser. Para ello tiene que ser capaz de entender la oportunidad que se le ha presentado. Necesita de forma urgente dar señales políticas de que entiende el mensaje y que puede tender puentes al centro para sostener su precario Gobierno. ¿Qué señales? Salida del ministro del Interior, por ejemplo, o dejar en claro que las evaluaciones a maestros continuarán para los que quieran ascender. Nombrar a un procesado por lavado de activos cerronista como embajador en Venezuela, luego de ser despreciado en Panamá, es, por otro lado, una pésima señal o un signo de que no tiene idea de lo que se espera de su nuevo gabinete.

La designación del directorio del BCR, del gabinete de Mirtha Vásquez y el rompimiento de Cerrón con el Gobierno anunciando su “caviarización” ha logrado poner el dólar por debajo de los 4 soles; algo que parecía imposible hace una semana. Si todos los actores políticos entienden la oportunidad de oro que se le presenta a Castillo y acompañan este proceso de liberalización de un presidente cautivo, las noticias para el año 2022 comienzan a mejorar. Si la mayoría no se da cuenta del momento, estamos condenados a que la economía no despegue y la inversión privada desaparezca con el crecimiento y desarrollo que solo esta puede traer. Darle la espalda a Castillo es arrojarlo, otra vez, a los brazos de un Cerrón, más radical y más empoderado.

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