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Los contrapesos

“... emprendido por Vladimir Cerrón. Estamos ante una escalada autoritaria en toda regla, que el líder de Perú Libre ha lanzado con la idea de instaurar un régimen de largo aliento...”.

Diez días en el poder han bastado para despejar cualquier duda sobre la naturaleza del proyecto emprendido por Vladimir Cerrón. Estamos ante una escalada autoritaria en toda regla, que el líder de Perú Libre ha lanzado con la idea de instaurar un régimen de largo aliento, donde los contrapesos institucionales, la alternancia de poder y la libertad queden reducidos a mínimos o, de ser posible, extinguidos.

Con la anuencia del presidente Pedro Castillo (un socio silencioso pero presente), Cerrón ha puesto en práctica un blitzkrieg político. Colocando personajes sin otro mérito que su fidelidad más absoluta, el ex gobernador regional de Junín condenado por corrupción ha querido hacerse con el control de algunos ministerios cruciales, como el MTC o el Midis, que concentrarán una porción prioritaria del gasto público en los meses de recuperación que vienen.

Con el manejo de estos recursos —a los que, según Augusto Álvarez Rodrich, pretende añadir grandes bonos extraordinarios— Cerrón buscará hacer una campaña que le permita una victoria aplastante en las elecciones regionales y municipales del 2022, lo que le garantizaría un poder mayor, descentralizado y sometido a su voluntad. Si esto ocurriera, la democracia peruana se vería sometida a unas presiones insoportables y podría estar alcanzando un punto de no retorno.

Pero lo que parece tan claro en la retorcida mente de un aspirante a faraón es infinitamente más complejo en la realidad. Como dice Alonso Cueto, el poder es un espejo que devuelve un reflejo deformado a quienes se miran en él. Desde que su partido consiguió ganar la presidencia y controlar el gobierno, Cerrón no se ha cansado de mirarse en ese espejo, lo que, además de empinar su autoestima, ha profundizando su mirada antojadiza de la realidad. Su mayor omisión tiene que ver con los contrapesos que toda sociedad democrática impone al poder, que han comenzado a activarse y a entorpecer sus maniobras. Está el Congreso, cuyo silencio puede ser una demostración de prudencia o, lo que es más probable, puede estar anticipando una tormenta cercana. Están instituciones como la Contraloría o el Poder Judicial. Está la prensa crítica —incluso la que salió tan depreciada de las elecciones—, que ha obligado a que el gobierno retroceda en varios nombramientos cuestionados.

Finalmente, está la línea divergente dentro del propio gobierno, personificada por Pedro Francke. Cuando Francke anuncia que se volverá a la regla fiscal de déficit cero, suspendida por las urgencias de la pandemia, y que en adelante no se gastará más de lo que se recaude, no solo está haciendo un anuncio de naturaleza económica, está anticipando un freno a los peores delirios populistas de Vladimir Cerrón.