Rosa Palacios

Rosa María Palacios

Contracandela
Lima, 1963. Abogada por la PUCP y Máster en Jurisprudencia Comparada por la Universidad de Texas en Austin. Su área de especialización es el periodismo político y divulgación jurídica con más de veinte años de experiencia en televisión, radio y prensa escrita. Es docente de la PUCP en la facultad de Ciencias y Artes de la Comunicación.

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Saber ganar, saber perder

“Keiko Fujimori nunca supo perder. Este no es un titular, sino una frase que deberá recordarse en su obituario político”.

“Digamos que ganaste la carrera y que el premio era otra carrera”, escribió la poeta Blanca Varela. Pienso en ese poema cuando veo a Pedro Castillo rodeado de sobones, ayayeros y reclamones. Ganó las elecciones, pero ¿qué es en realidad lo que ganó? Arrancó en la primera vuelta, sin ninguna esperanza, como el reemplazo inorgánico de Vladimir Cerrón, quien estaba impedido de postular como condenado. Castillo se inscribió en Perú Libre apenas para cumplir el requisito de militancia que la ley exige. El plan era salvar la valla y sacar algunos congresistas. Así planteó su campaña en enero. En abril resultó el favorito y en junio ganó. Tiene dos planes de gobierno: el Ideario Programa de Cerrón que proclama un gobierno marxista leninista y un brevísimo Plan Bicentenario que parece romper con el anterior, pero tal vez no tanto.

Pedro Francke y otros asociados de Juntos por el Perú se han lanzado esta semana a calmar las aguas económicas. Son un dechado de sensatez: nada de expropiaciones, ni estatizaciones, ni control del tipo de cambio, ni prohibición de importaciones, ni eliminación de las AFP. Autonomía del BCR, ampliar la base tributaria a través del combate a la evasión y un impuesto adicional a la minería (que ya había propuesto Fujimori) y promover la inversión garantizando la estabilidad de los contratos. En resumen, mercados abiertos y libres sujetos a regulación promotora. ¿Suena bien? Suena fantástico, pero ¿por qué no fue ese el discurso de Castillo en la campaña?

Y aquí empiezan las dificultades. Cerrón anuncia en su cuenta de Twitter: “Parece que algunos invitados no son conscientes del espacio que ocupan. Les recuerdo que Perú Libre es el que ha ganado las elecciones”. ¿Quién es el invitado? ¿Los amigos de JPP? ¿Castillo? Perú Libre es Cerrón, su secretario general. Su anuncio está claro: ganó él. Ahora, habilitado por un cuestionable habeas corpus viene por su cuota de poder. ¿Qué hará el ganador? ¿Correr otra carrera propia? ¿Lo van a amarrar a cuatro caballos para llevarse cada quien su pedazo? Si Pedro Castillo quiere ganar la segunda carrera, esta vez suya, tiene que decidir cuáles son sus no negociables y de quién se va a rodear en un mundo limeño que, para cualquiera con mucha muñeca política, te traga y luego te regurgita. En sus zapatos, yo estaría aterrada. Con mucho más terror que el que le tienen las élites limeñas.

Keiko Fujimori nunca supo perder. Este no es un titular, sino una frase que deberá recordarse en su obituario político. Tiene todo el derecho que le da la Constitución a defenderse, con los abogados que quiera y con la estrategia que quiera. Valdrá la pena recordarles, en el futuro, a los defensores de derechos humanos (ayayeros de Castillo) que ahora resultan selectivos con un principio fundamental. El derecho a pedir asiste a todos. Negar ese derecho es lo menos democrático que he visto en años. Pero contar con una buena defensa y recurrir a la autoridad no significa que tengas la razón o que te la vayan a dar. Hay una gran diferencia. Anular todos los votos de una mesa de votación y restarlos del conteo es un acto grave, solo concedido por gravísimas irregularidades donde medie violencia, cohecho o colusión. ¿Una firma, una hora, dos hermanos? No. Eso no es fraude. Jurisprudencia abunda.

Yo lamento que las élites limeñas con escasa preparación jurídica y nulo conocimiento de una rama especializada como es la de la justicia electoral se lancen con hojas de Excel en mano a suponer disparates para luego aterrorizar señoras y lanzarlas a las calles. Las autoridades electorales y sus familias han sido víctimas inocentes de estas turbas, solo por cumplir con la ley. Lamento aún más que el candidato ganador haga lo mismo y contribuya a aterrorizar aun más a las confundidas gentes de Lima (donde él perdió) que creen que no solo les han robado la elección sino el futuro, y que “van a invadir sus casas” (no, no es broma).

En unos días se proclamará el ganador. Keiko Fujimori desaparecerá del escenario electoral por un tiempo. Sus 24 congresistas no tienen el peso obstruccionista de los 73 del 2016. Si Castillo logra concertar con una mayoría parlamentaria donde la sensatez económica prime, tal vez pueda prescindir de los extremos legislativos, incluyendo a los hermanos Cerrón. Tal vez, solo así, su gobierno no sea el hambre que Cerrón promete en el Ideario Programa. Pero eso solo se logrará si hay el espacio político para hacerlo y, a esta hora, eso depende exclusivamente de Pedro Castillo. ¿Sabrá ganar?

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