Mirko Lauer

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Dos comentarios

Ciertamente no las cuatro novelas históricas sobre Lima de Luis Alberto Sánchez que fueron grandes éxitos editoriales en los años 80.

[Opiniones de hace casi 20 años sobre Tiempos de mar (Lima, Lluvia Editores), la novela de Alejandro Estrada recién publicada este año]

1. Tiempos de mar, por la riqueza de su lenguaje y su imaginería, se inserta en la más pura tradición literaria peruana. El mar, que permanentemente atraviesa la novela, es la metáfora de la vida, es la constante que permanece más allá de los cambios.

Alejandro nos presenta al mar como símbolo de la misteriosa energía vital; ese mar, siempre igual y siempre distinto; tranquilo y al mismo tiempo furioso e inescrutable como la existencia misma, con sus aguas tumultuosas que dan y guardan la vida y, a la par, atrapan y ocultan la muerte.

Una fuerte melancolía y un gran escepticismo, plenos de auténtica sensibilidad, recorren esta novela que articula la historia individual con la del Perú, la de nuestra América Latina y la del mundo occidental, durante un siglo.

En esta sociedad segmentada por la pertenencia de clase y las etnias, las Herminias conservan la tradición, pero como son servidoras domésticas, son intercambiables y como el mar, siempre iguales y siempre distintas. En eso se asemejan a las Juanas.

No escatima las críticas mordaces a los poderes instituidos y, en ese entorno, Avelino representa otro sector del profundo pueblo peruano, idealista y luchador y, como tal, utilizado espuriamente por los que detentan el poder político.

Un humor inteligente y sutil aliviana en ciertos momentos la angustia de las historias personales, la de algunos personajes trágicos y sin salida, equiparables a los de Shakespeare. (Blanca Varela).

2. Tiempos de mar sigue la vida de una familia de La Punta a lo largo del siglo 20. Su atmósfera es a la vez íntima e histórica. Creo que nadie ha retrocedido tanto y con tanta calidad literaria hacia el pasado limeño. Ciertamente no las cuatro novelas históricas sobre Lima de Luis Alberto Sánchez que fueron grandes éxitos editoriales en los años 80. La obra de Alejandro Estrada es fácil de leer por la fluidez de la prosa, la calidad del argumento y el atractivo de los personajes. Hay en ella el registro proustiano de los códigos de la vida diaria y el manejo rulfiano de los vientecillos traslúcidos que comunican a los muertos con los vivos. (Mirko Lauer).