Lucia Solis

Lucia Solis

Casa de Brujas
Periodista feminista, activista y editora de género en Grupo La República. Licenciada en Comunicación y Periodismo por la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas y máster en Estudios de Género por la Universidad Complutense de Madrid (en curso). @lamenstruante lucia.solis@glr.pe

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Odio y desinformación

“La desinformación y discursos de odio, tras una falsa idea de libertad de expresión, son peligros públicos...”.

Los últimos “datos” difundidos por Willax han puesto otra vez en debate los límites de la libertad de expresión, aquel derecho que, por ejemplo, nos permite a los comunicadores investigar y difundir información. Pero esta facultad, usada de forma retorcida y malintencionada por canales como estos, con una agenda clara por la vacancia presidencial y postergación de elecciones, debe ser rechazada y castigada.

Hablar de periodismo es hablar de libertad de expresión, sí. Pero hablar de derechos es ahondar y cuestionar sus aristas. Amparados en esta, no se puede ni se debe desinformar y provocar una inestabilidad cruel disfrazada de un supuesto quehacer periodístico aguerrido. No son combativos ni imparciales; son apenas instrumentos de quienes temen perder sus privilegios y quieren ver prevalecer la vergonzosa clase política a la que estamos sometidos.

La libertad de expresión, defendida para seguir perpetuando mensajes que desinforman, así como para normalizar el machismo, el racismo y más, no puede ser defendida ni quedarse en el terreno de lo “neutral”.

Desde los programas “cómicos” que han cosechado su éxito a costa de la burla hacia mujeres indígenas y personas afroperuanas, los conductores que dicen que les daría una patada a una pareja de lesbianas si se besan frente a él, las candidatas a vicepresidentas que dicen que las mujeres provocamos la violencia en nuestra contra por no saber “relacionarnos con los demás”, los postulantes a congresistas que llaman por su nombre legal a una persona trans, los que cómodamente hablan de obligar a niñas a llevar a cabo un embarazo forzado bajo el discurso de que el Estado las cuida o de llevarlas a un hotel “con todas las comodidades”, hasta las expresiones xenofóbicas contra los migrantes venezolanos.

No poner límites a la desinformación y discursos de odio escondiéndose tras una falsa idea de libertad de expresión es un peligro público. Queda estar alertas y defenderse con principios claros y un periodismo responsable.