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EE. UU. y los nuevos monstruos

“Uno de los hechos que más llaman la atención es el comportamiento de los asaltantes al Capitolio”.

Al amigo: Carlos Tapia

Es un hecho que la transferencia de gobierno realizada ayer en EEUU no solo pasará a la historia, sino que es también una suerte de parteaguas político en ese país. Y ello no es porque Trump no haya asistido a dicho acto; ni tampoco que tres días antes de esta transferencia grupos armados de ultraderecha, seguidores de Trump, hayan realizado manifestaciones frente a capitolios de diferentes Estados. Lo más saltante por más que sea obvio es que hoy el imperio está en una crisis que cierra una etapa. Lo que no sabemos es lo que vendrá después. El asalto a lo que un diputado demócrata llamó “el tabernáculo de la democracia”, es decir al Congreso (o Capitolio) lo dice todo. Es casi una escena reiterada en la historia: la “plebe” tomando por asalto el Palacio de las Tullerías.

Uno de los hechos que más llaman la atención es el comportamiento de los asaltantes al Capitolio: se mofaban del poder, se robaban objetos, se sentaban en los sillones de los congresistas; por un momento fue el mundo al revés; todo un carnaval de seres disfrazados, como el hombre con cuernos y un abrigo de piel, que retaban al poder y sus símbolos.

Es cierto que todo ello fue promovido y organizado por Trump y sus secuaces, que buscaban impedir la transferencia; también que aquellos que asaltaron el Congreso son ultraderechistas, supremacistas blancos o parte de los grupos antivacunas, terraplanistas o neopentecostales, etc., pero todo eso no quita que lo sucedido muestre de manera evidente el divorcio entre la élite y un sector importante de la sociedad. La “democracia americana” ha dejado de ser un modelo a seguir para convertirse hoy en una fuente de malestares constantes que no son necesariamente nombrados, pero que sirven como justificación de las protestas de estos días.

Estamos, por lo tanto, frente a una crisis que no solo compromete la viabilidad del bipartidismo, del arcaico sistema electoral, de la elección presidencial indirecta, del costo desmedido de las campañas electorales y su privatización; es decir de las reglas y normas que modulan la institucionalidad de esa “democracia”, sino también frente a una crisis que cuestiona severamente las formas y maneras de convivencia entre los propios connacionales.

Sheldon Wolin (1922-2015), uno de los politólogos más importantes de EEUU, publicó su último libro, Democracia S.A., en el 2008, ocho años antes de la llegada de Trump al poder. En él plantea una idea que nos parece útil para entender lo que hoy pasa en EEUU. Wolin sostiene que la democracia en su país ha devenido en lo que él llama un “totalitarismo invertido”. Para Wolin en el totalitarismo clásico (el fascismo, el nazismo y el estalinismo) “el Estado estaba concebido como el principal centro de poder, que proveía la influencia necesaria para movilizar y luego reconstruir la sociedad”, en el totalitarismo invertido “en cambio es un fenómeno que solo se centra en el Estado de manera parcial. Representa fundamentalmente la madurez política del poder corporativo y la desmovilización política de la ciudadanía”. Una de las consecuencias de esta concentración del poder por las corporaciones privadas, que es parte de la globalización del capitalismo, y que podemos llamar el poder neoliberal, es su desconexión “con la sociedad”, es decir la mercantilización de la sociedad y de la política. El Estado ya no es el hermano mayor, sino más bien las corporaciones privadas.

En este contexto, como dice Wolin: “Hay razones para creer que en la ciudadanía en general hay un creciente malestar acerca del rumbo que está tomando la nación, acerca del rol de los grandes capitales en la política, la credibilidad de los medios de prensa populares y la confiabilidad de las elecciones”. Todos y cada uno de estos puntos han sido levantados en estos días de protesta. Incluso tienen nombres para un sector de norteamericanos: George Soros, Bill Gates, Mark Zuckerberg y otros convertidos en “conspiradores mundiales” en medio de esta pandemia. Estamos en un momento reaccionario, donde el irracionalismo crece. Uno podría decir, recordando a Gramsci, que es el momento de los monstruos.

Encuentro de trumpistas. Foto: AFP