Diego García Sayán

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Volteada la página... pero, en guardia

“Tercero, la voz de sectores empresariales (IPAE, SNI y otros) que se diferenciaron del sector empresaurio, involucrado –o aliado– en la conspiración golpista...”.

La elección de Francisco Sagasti para dirigir lo que, ahora sí, merece el nombre de “gobierno de transición”, ha sido certera. Debe merecer apoyo y colaboración para sacar al país del deterioro institucional al que lo precipitaron intereses subalternos que rompieron el orden constitucional y se lanzaron contra la juventud.

No puedo negar que su notable mensaje inaugural me retrotrajo a algunos de los momentos cruciales del gobierno de transición de Valentín Paniagua hace veinte años en el que tuve el privilegio de participar. Mezcla de esencia republicana, perspectiva histórica y realista conexión con las urgencias y posibilidades inmediatas. Algunos intrigantes y conspiradores deben haber quedado desubicados y hasta temporalmente neutralizados; y acaso alucinando que el “tal Vallejo” debe ser “medio terruco”.

Pasamos a otra cosa, pero lo ocurrido en los últimos días no se desvanece. El homicidio de Inti Sotelo y Jack Pintado, las graves lesiones a otros por el uso desproporcionado e indebido de la fuerza policial y el secuestro de Luis Fernando Araujo, son hechos indignantes e inaceptables. El énfasis de Sagasti en que no habrá impunidad tiene ya un reto inmediato que los jóvenes en la calle siguen con atención.

Dicho esto, es claro que varios asuntos resaltan positivamente como balances de estos días intensos.

Primero, el decisivo papel de esta fantástica “generación del bicentenario” batallando con imaginación, coraje y persistencia, por los derechos democráticos de la gente. Superó tesis calumniosas sobre el alegado carácter “violentista” de las movilizaciones juveniles.

Segundo, el oportuno accionar del ministerio público al anunciar prontamente la Fiscal de la Nación la investigación contra las cabezas del gobierno de facto por muy graves delitos. La decisión ha sido oportunamente respaldada en su mensaje inaugural por Sagasti.

Tercero, la voz de sectores empresariales (IPAE, SNI y otros) que se diferenciaron del sector empresaurio, involucrado –o aliado– en la conspiración golpista. Los verdaderos intereses de la inversión privada no pueden estar asociados al atropello institucional; están en la estabilidad, el diálogo social y la solidez democrática.

Cuarto, abortó “de facto” el proyecto de someter la selección de la mayoría de integrantes del Tribunal Constitucional a los oscuros designios que manejaba la difunta comisión parlamentaria de selección. Se abre la posibilidad de un proceso de selección transparente y participativo que debe dejarse al siguiente Congreso para que designe a los/las magistrados/as principalmente en función de su trayectoria democrática y capacidad probada, no por maestrías o doctorados bamba producidos por universidades ídem.

Muy bien Sagasti; pero él sabe bien que esto no ha terminado. Las fuerzas oscuras que conspiraron para interrumpir el orden democrático e instalar el fugaz gobierno de facto –¡no “de transición”!– están golpeadas; pero no desvanecidas. En varios espacios institucionales y comunicacionales los “vacadores” siguen beligerantemente activos. Importante, en ese contexto, la mano tendida a la “generación del bicentenario” en el fresco discurso presidencial; fortalece la democracia.

Jóvenes que son, pues, un capital y los “violentistas” o “terrucos”, satanizados así por los conspiradores. Ha hecho muy bien Sagasti en destacarlos como un capital del Perú. “No guarden las zapatillas” es mensaje hoy válido. Me lo tomo prestado la frase de “La Encerrona”, de Marco Sifuentes, el análisis/noticiero diario más agudo y preciso sobre lo que pasa en el Perú. El panorama se ha despejado pero las amenazas contra la democracia no necesariamente se han desvanecido. Bueno saber que, de ser necesario, esa juventud se pondrá de nuevo las zapatillas para dar una nueva lección de ética y principios democráticos.