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“La segunda es el rechazo a la tesis del gobierno y de sus aliados de que el Congreso, y en particular su presidente, han promovido un golpe de Estado...”.

Si se comparan las tres últimas votaciones en el Congreso donde han estado en juego la vacancia presidencial, la censura del presidente del Congreso y de la ministra de Economía, María Antonieta Alva, podemos ver que los comportamientos de las bancadas han sido diferentes en cada una de esas votaciones. En el caso de la vacancia presidencial jugaron papel central las bancadas de APP, Podemos, UPP y AP.

En el caso de la censura al presidente del Congreso, con las excepciones del Frente Amplio que presentó (en mi opinión equivocadamente) la moción de censura, del Frepap que se abstuvo y del Partido Morado que se dividió, las otras bancadas la rechazaron. Finalmente, de los 73 votos de los congresistas que dijeron no a la censura de la ministra de Economía, 20 eran del partido Acción Popular, 21 votos de Alianza para el Progreso (APP), 13 de Fuerza Popular (FP), 9 de Somos Perú (SP), 8 del Partido Morado (PM) y 2 de los “independientes”. Las otras bancadas apoyaron la censura. Quizás en otro contexto, menos tóxico como el actual donde palabras como golpe de Estado, mafias, fuerzas oscuras e incapacidad presidencial han sido las más usadas, la suerte de la ministra Alva hubiese sido otra en el Congreso

Pero si se observan bien estas votaciones se pueden sacar algunas conclusiones valiosas. La primera, que hay un claro respaldo de parte de la mayoría de las bancadas al presidente del Congreso. De las tres votaciones analizadas, es esta la que ha logrado un mayor consenso. En realidad, es la defensa del Congreso como institución. La segunda es el rechazo a la tesis del gobierno y de sus aliados de que el Congreso, y en particular su presidente, han promovido un golpe de Estado. La tercera es que hay un ánimo de la mayoría de congresistas de no colisionar con el Ejecutivo, lo que se demuestra con el fracaso de la censura a la ministra de Economía. Y la cuarta es que el Congreso le ha planteado al Ejecutivo una suerte de “armisticio”, es decir, negociar políticamente. Sería positivo, para comenzar, que se retire la moción de vacancia, que el presidente vaya al Congreso y que se cree una comisión investigadora multipartidaria sobre lo que uno ha escuchado en los audios y también sobre este supuesto o real intento de golpe de Estado.

Empleo la palabra “armisticio” porque considero que la respuesta del gobierno y del presidente frente a su posible vacancia fue la denuncia de que se vivía un golpe de Estado y que, por lo tanto, no solo estaba en peligro la democracia, sino también la unidad de las FFAA. La presencia visible (y discutible, por cierto) de los militares en esta crisis política (igual sucedió cuando se cerró el anterior Congreso) fue la ratificación de un relato que nos decía que los garantes de esta democracia, en estos momentos, eran los militares y que, por lo tanto, la alianza con este sector era urgente y más beneficiosa que un acuerdo con los partidos democráticos dentro y fuera del Congreso.

En este contexto lo que plantea Steve Levitsky en una entrevista de Fernando Vivas en El Comercio (13/09/20) es interesante: “En un sistema presidencialista, si no tienes mayoría en el Congreso, necesitas conocerlos, saber la opinión de cada congresista, conocer sus necesidades, sus intereses, buscar aliados y amigos. Si el Perú es una democracia presidencialista, el presidente, con o sin mayoría, tiene que trabajar con los congresistas. Vizcarra ha ignorado al Congreso y está pagando el precio”.

La otra posibilidad es que este conflicto se transforme en una “guerra de desgaste” entre el Ejecutivo y el Congreso con consecuencias graves. Una de ellas es una mayor presencia de los militares en la vida política; otra que la política no sea predecible y, por lo tanto, el futuro se vuelva aún más incierto; una tercera es la fragmentación de los partidos y la aparición de lo que llamo un “vacío de la representación política” (no hay hegemonía política), y finalmente, la aparición de un aventurero; es decir, una suerte de “bonapartismo”, lo contrario a un “momento constituyente”, porque los de arriba no pueden gobernar, pero los de abajo tampoco.