“Toda mi familia inmediata murió”: habla excarcelado seis décadas después

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Joe Ligon, el "delincuente juvenil más viejo de Estados Unidos", estuvo preso desde la adolescencia. Foto: Departamento de Correccionales de Pensilvania
Joe Ligon, el "delincuente juvenil más viejo de Estados Unidos", estuvo preso desde la adolescencia. Foto: Departamento de Correccionales de Pensilvania

“Fue como nacer de nuevo, porque todo era nuevo para mí”, dijo Joe Ligon en Estados Unidos. “No había edificios así altos como los que me rodean ahora”.

Joe Ligon es considerado el “delincuente juvenil más viejo de Estados Unidos”. Salió recientemente de prisión tras casi siete décadas privado de libertad y contó parte de su vida como recluso, además de la dura realidad con la cual se consiguió.

Una de esas, la escasa cantidad de personas conocida con vida. “Mi sobrina Valerie nació cuando yo estaba en prisión, su hermana mayor nació cuando yo estaba en prisión, su hermana pequeña nació mientras yo estaba en prisión”, reflexionó entrevistado por la BBC el pasado 30 de abril.

“Toda la familia inmediata ha fallecido, los que quedamos vivos somos (Valerie), la madre de Valerie y yo”, contó Jigon, quien tenía tan solo 15 años cuando fue sentenciado a cadena perpetua obligatoria sin libertad condicional.

Además, se encontró con un país totalmente diferente y extraño para él. “Fue como nacer de nuevo. Porque todo era nuevo para mí, casi todo (había cambiado), las cosas siguen siendo nuevas para mí”.

“Me vi envuelto, no intencionadamente, en términos de estar en la calle”, dijo Ligon a la cadena de televisión CNN en febrero pasado. Foto: captura Daily Mail

“Miro algunos de estos autos nuevos, estos autos no tienen el mismo diseño que los autos que conocí cuando estaba en las calles hace tantos años. Miro todos estos edificios altos... no había edificios así altos como los que me rodean ahora”, señaló Ligon.

Tenía 13 años cuando se mudó al sur de la ciudad de Filadelfia, estado de Pensilvania. Dos años después ocurrió un hecho que cambiaría su vida: una serie de apuñalamientos en la que él estuvo involucrado, que terminó con un saldo de dos personas muertas y seis heridas.

Aunque se declaró culpable de varios cargos relacionados con el suceso, que incluyó robo, en su adultez cambió su postura. “Ellos (la Policía) nos dieron declaraciones para firmar que me implicaban en el asesinato. Yo no asesiné a nadie”.

“Tenía tantos problemas cuando era niño: no podía leer ni escribir, ni siquiera podía deletrear mi nombre. Sabía que mi nombre era Joe, porque así era como me llamaban desde hacía mucho tiempo”, desveló.

Estados Unidos sobresale desde hace varios años por su alto número de población carcelaria en comparación con otros países. Infografía: AFP

De su largo período en presidio relató que llevaba una rutina intocable, despertándose a las 6.00 a. m. obligado por un megáfono para desayunar una hora después y para comenzar a las 8.00 a. m. a trabajar, sea en la lavandería o en la cocina.

“No me metí con drogas ni bebí alcohol en la cárcel, no hice ninguna de esas locuras que hacen que la gente muera, no traté de escapar, no le hice pasar a nadie un mal momento”, mencionó.

Decisión en Estados Unidos

En 2005 el fallo la Corte Suprema de Estados Unidos dictaminó que los menores no podían ser ejecutados, una decisión que influyó en su condena. Se abrió un problema legal: los jóvenes a quienes se les había dado cadena perpetua sin libertad condicional.

El abogado Bradley S. Bridge se reunió con con el adolescente que más tiempo había cumplido en esa condición: Joe Ligon. “Realmente no estaba al tanto de su sentencia”, afirmó el letrado de la Asociación de Defensores de Filadelfia a la cadena británica.

Bridge le mostró una copia de la apelación que impugnaba el estatus legal de su sentencia y recién en ese momento Ligon supo los términos de su encarcelamiento.

“Me di cuenta de que me habían tratado mal desde el momento de mi arresto. Me enseñaron y aprendí que era inconstitucional ser sentenciado (como menor) sin posibilidad de libertad condicional”, dijo.

No obstante, en los próximos años rechazó las oportunidades de salir, algo que sorprendió. “Todos, los asociados, trabajadores de la administración, presos… (decían) ‘¿por qué no acepta la libertad condicional?”.

“Y yo decía: ‘No voy a aceptar algo a cambio de algo que puedo mejorar’. (No lo hice) por mezquino o por malvado, nada de eso. Si aceptaba la libertad condicional seguirían tratándome mal”, respondió Ligon. “Las únicas palabras que usé fueron: ‘Quiero ser libre’”.

Ya en libertad Ligon, con 83 años, está “emocionado” por el nuevo mundo que tiene frente a sus ojos, diferente a las cuatro paredes en la que permaneció durante más de seis décadas.

Aun así, continuará con la labor que realizó en ese periplo. “Voy a hacer lo mismo que he estado haciendo toda mi vida. Que me den un trabajo de limpieza, como conserje”.