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Byung-Chul Han: “¿El liberalismo y el individualismo occidentales serán ya pronto cosa del pasado?”

Consecuencias. Byung-Chul Han, filósofo surcoreano, explora qué puede ocurrir con la idea de libertad en Occidente. Sostiene que la pelea de los países asiáticos contra el COVID-19 es exitosa, entre otras razones, porque el interés colectivo se impone sobre las necesidades individuales.

La República
10 Abr 2020 | 7:30 h

Por: Byung-Chul Han (Tomado del diario El Clarín)

La pandemia está poniendo en peligro el liberalismo occidental. Estamos viendo que es difícil compatibilizar el liberalismo con la pandemia. ¿Está Occidente ante una amenaza de un regreso a la sociedad disciplinaria? En los aeropuertos, por el peligro del terrorismo nos sometemos ya sin chistar a unas medidas de seguridad que parecen absurdas y que no pocas veces resultan humillantes. Cada uno de nosotros es un potencial terrorista.

El virus representa otro tipo de terrorismo incomparablemente más peligroso que viene del aire y que se ha propagado por el mundo entero. Es invisible y omnipresente y mata a mucha más gente que el terrorismo. ¿Será capaz el virus de transformar permanentemente la sociedad liberal occidental en una sociedad disciplinaria, en la que todos sin excepción somos tratados como potenciales portadores del virus?

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Ya en el siglo XVII a raíz de la epidemia de peste se adoptaron en Europa unas medidas disciplinarias que hoy parecerían inconcebibles y que desde entonces han caído en un olvido absoluto. Michel Foucault hace una impactante descripción de ellas en su análisis de la sociedad disciplinaria. Las casas se cierran con llave desde fuera. Las llaves tienen que entregarse a las autoridades. Las personas que rompen clandestinamente la cuarentena son condenadas a muerte. Se mata a los animales que corren sueltos. La vigilancia es total. Se exige una obediencia incondicional. Se vigila cada casa.

Durante los controles todos los habitantes de la casa tienen que asomarse a las ventanas. A quienes viven en patios traseros se les asigna una ventana que dé a la calle. Llaman a cada uno por su nombre personal y le preguntan cómo se encuentra. Quien miente se expone a la pena de muerte. Se establece un sistema de registro exhaustivo.

El espacio se anquilosa en una red de células impermeables. Cada uno está encadenado a su sitio. Quien se mueve arriesga la vida. El poder penetra hasta en los detalles más nimios de la existencia. Toda la sociedad se transforma en un panóptico y es penetrada por completo por la mirada panóptica.

Como consecuencia de la pandemia, Europa ha perdido todo su carisma. En estos momentos Europa mira a Asia con asombro y envidia. Los países asiáticos han sabido controlar muy rápidamente la epidemia. ¿Qué hacen los asiáticos mejor que los europeos? A pesar del neoliberalismo, los estados asiáticos siguen siendo, a diferencia de Occidente, una sociedad disciplinaria.

En Asia impera un colectivismo con una fuerte tendencia a la disciplina. Ahí se pueden imponer, sin mayor problema, medidas disciplinarias radicales que en los países europeos toparían con un fuerte rechazo. Más que como restricciones de los derechos individuales se perciben como el cumplimiento de deberes colectivos. Las necesidades individuales son relegadas a favor de los intereses colectivos.

Países como China y Singapur tienen un régimen autocrático. En Corea del Sur y Taiwán, hasta hace pocas décadas, también lo había. Los regímenes autoritarios educan a las personas para hacer de ellas obedientes sujetos disciplinarios. En Asia, por encima de todo, se está implantando un régimen de vigilancia digital. Los asiáticos se someten a él prácticamente sin protestar. Todas estas peculiaridades han resultado ser ventajas que su sistema ofrece para contener la pandemia.

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Por tanto, ¿se acabará imponiendo el modelo asiático a escala global? Eso sería el final del liberalismo.

Con un rigor y una disciplina que para los europeos serían inconcebibles, los asiáticos están venciendo al virus. Sus rigurosas medidas evocan aquella sociedad disciplinaria que durante la época de la epidemia de peste se instauró en Europa y que desde entonces ha caído en un olvido absoluto.

Según Naomi Klein, la conmoción es un momento propicio que permite establecer un nuevo sistema de gobierno. Viktor Orbán mira con envidia a los estados autocráticos en Asia. Ya no confía en Europa. A causa de la pandemia se decreta por ley el estado de alarma por tiempo indefinido.

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Por tanto, ¿hemos de temer que a raíz de la pandemia también Occidente acabe regresando al estado policial y a la sociedad disciplinaria que ya habíamos superado? Por culpa del virus ¿el liberalismo y el individualismo occidentales serán ya pronto cosa del pasado?

O ¿la epidemia descontrolada y sus incontables muertos son el precio que tenemos que pagar por la libertad?

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