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“Estamos disputando el aborto legal en una región que integra países sin estado de derecho”

En el marco del #25N conversamos con María Florencia Alcaraz, fundadora del colectivo Ni Una Menos en Argentina y autora del libro “¡Que sea ley! La lucha de los feminismos por el aborto legal”.

Nicol León Arge
25 Nov 2019 | 14:54 h

En mayo de este año, las feministas argentinas propusieron por octava vez en quince años el proyecto de ley para despenalizar el aborto en su país. Esta iniciativa llegó al Legislativo una vez más luego de que el 9 de agosto del año pasado el Senado la rechazara con 38 votos.

Con la elección del presidente Alberto Fernández revivió la esperanza por la legalización del aborto hasta la semana 14. En el Día Internacional contra la Violencia hacia las Mujeres, María Florencia Alcaraz, fundadora del colectivo Ni Una Menos, explica en qué contexto vienen luchando las mujeres latinoamericanas para que las dejen decidir sobre sus cuerpos.

NI UNA MENOS

Desde la primera marcha Ni Una Menos en Latinoamérica ¿cómo vienen avanzando los gobiernos latinoamericanos en la defensa de los derechos de las mujeres?

Ni Una Menos en la región ha sido un avance importantísimo en una batalla cultural que es enorme, que tiene que ver contra el tutelaje de las decisiones de las mujeres en relación a sus vidas. Creo que también fue importante como una transformación en términos de tolerancia hacia la violencia machista. Bajó muchísimo esa tolerancia que estaba naturalizada, a la que estábamos acostumbradas a soportar día a día. Un mensaje muy poderoso es que se sabe que ninguna agresión hacia mujeres, lesbianas, travestis y trans, va a quedar sin respuesta.

Lamentablemente esas cifras y esos nombres que conocemos los seguimos viendo y observando, pero también vemos transformaciones capilares enormes en los espacios de trabajo, en los medios de comunicación, en los sindicatos, en los espacios políticos, en las universidades, en las escuelas. Esas transformaciones van tallando una sociedad distinta a la que nosotros conocíamos e imaginábamos. El sistema patriarcal o el patriarcado en tanto sistema tiene la fuerza y la capacidad de adaptarse. Entonces, conforme nosotras avanzamos, el patriarcado va teniendo como reacciones y respuestas a veces más violentas.

La primera marcha Ni Una Menos en el Perú se realizó en agosto de 2016.

Un efecto negativo a toda esta resistencia que venimos haciendo es el aumento de los crímenes de odio. En Perú las tasas de feminicidio aumentan cada vez más desde agosto de 2016, cuando explota el Ni Una Menos. Hay mucha resistencia que se visibiliza mediante discursos de odio fomentados por personajes como Agustín Laje y otros grupos conservadores ...

Nuestro entramado transnacional -porque el feminismo es una revolución que no entiende de fronteras- ha generado muchísima reacción. Tenemos lamentablemente en la región a los movimientos antiderechos. Para mí lo más importante es señalar que estos grupos que mencionas no solamente están en contra del aborto o de los derechos y sexuales y reproductivos de las mujeres y las personas gestantes, no solamente quieren intervenir en la educación de les niñes y de les adolescentes, sino que son movimientos antidemocráticos.Sí me parece que hay que complejizar la mirada y que -si bien hay algo regional y estos movimientos tienen un financiamiento y un acompañamiento también regional- nos estamos enfrentando a grupos muy poderosos que también tienen alianzas con el poder económico.

El feminismo no tiene estas alianzas, todo lo contrario. También me parece que cada país tiene algo diferencial, que no se puede leer lo que pasa en Perú, con la misma vara que se lee lo que pasa en Argentina, en Uruguay, en Bolivia, en Brasil. Hay puntos de coincidencia, pero creo que es sumamente importante dejar de pensar en términos binarios y apostar por miradas que puedan complejizar este escenario que se nos presenta. Las feministas venimos anunciando que se están infiltrando en la política tradicional hace bastante tiempo, pero también en eso fuimos subestimadas y no nos prestaron atención.

PROYECTO DE LEY DE INTERRUPCIÓN VOLUNTARIA DEL EMBARAZO

¿Qué nos deja el trabajo que viene haciéndose desde Argentina, el país que con más fuerza viene impulsando lo que propone la agenda feminista?

Es interesantísimo lo que sucedió en Argentina el año pasado durante el debate por el derecho al aborto en el Senado. La noche del 8 de agosto hubo más de 60 lugares en el mundo entre embajadas, monumentos, plazas, espacios públicos, en los que la solidaridad feminista no solamente de la región sino internacional, de otros países, de otros continentes, se solidarizaron con nuestra lucha.

En 2018, lo que logró Argentina, es abrir una conversación global sobre un tema de derechos sexuales y reproductivos, algo que no es sencillo. El movimiento feminista en Argentina es muy fuerte y potente y transversal porque supo enmarcarse y aprender de la lucha por los derechos humanos. Me parece que está enmarcado en esa genealogía de lucha, en que nosotros y nosotras le dijimos nunca más a la dictadura y que tenemos organismos de derechos humanos muy fuertes. Estamos siendo observadas. Tenemos una enorme responsabilidad política con esta época, con este momento, de transnacionalizar y seguir potenciando la lucha.

Un efecto que podría interpretarse de esta lucha que impulsaron el año pasado fue lo que sucedió en Ecuador. Las chicas lograron llevar el proyecto de despenalización del aborto en casos de violación al Congreso. Sin embargo, hay países muy rezagados, como Perú, donde hay grupos como Con Mis Hijos No te Metas que se oponen, ¿cuál es el panorama en los próximos años?

Está complicado el escenario. Es difícil el panorama que se presenta, sobre todo lo que vemos que sucede en Bolivia, donde prácticamente hay un golpe de estado. Hoy estamos disputando el aborto legal en una región que integra países sin estado de derecho. En ese marco es que estamos disputando derechos. La discusión del aborto en Ecuador ha sido un logro enorme, también en Oaxaca se logró la despenalización y un avance que solo tenían en la Ciudad de México.

Entonces, hay una línea de tiempo que está marcando. La discusión está y se han presentado proyectos. Hay movimientos muy interesantes que se están dando y conquistas. Acá en Argentina, por ejemplo, después de que el año pasado no se legalizara el aborto, el organismo que tiene el registro de los remedios, farmacéuticos y alimentos tuvo que admitir que el misoprostol es la forma medicamentosa para interrumpir embarazos. Hasta el año pasado no lo reconocía y solo era considerado algo para tratamientos gástricos. Hay avances bien interesantes.

De todos los temas vinculados a los derechos de las mujeres ustedes priorizan el aborto. ¿Por qué?

En Argentina no es que se priorizó puntualmente el aborto. Hubo un grupo que se enfocó directamente en ese tema, en la creación de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito que reúne a casi 700 organizaciones distintas. Existe hace 14 años. Es una coalición que con muchísima inteligencia política feminista se creó para pensar ese tema.

Hace 14 años están presentando proyectos de leyes; 8 veces se presentó el proyecto y recién a la séptima se logró la discusión. La inteligencia de la campaña fue haber trabajado en la despenalización social. No solamente presentar un proyecto de ley que logre sacar del código penal el aborto, que logre que el código penal aborte ese machismo que tenemos desde 1921, sino que alcance la despenalización social. La campaña empezó poniendo una mesita en la esquina del Congreso de la Nación en Argentina, volanteando y dando información.

PRESIDENTE ALBERTO FERNÁNDEZ Y PROYECTO PARA DESPENALIZAR EL ABORTO

El año que viene vuelven a proponer la ley para la libre interrupción del embarazo, ¿qué expectativas se tienen?

El proyecto de ley se presentó este año, el 28 de mayo y tiene todavía trámite parlamentario. Entiendo que como no fue girado a las comisiones, todavía puede tratarse, creo que dura dos años. Ahora, por primera vez en Argentina, tenemos un presidente electo que está abierta y decididamente a favor de despenalizar y legalizar el aborto. Ha dado a entender que sabe que este es un tema de salud pública, un tema de derechos humanos, un tema de justicia social. Ha dicho durante la campaña electoral que estaba a favor, lo ha dicho en el debate presidencial televisado con el peso que significa eso, y también dijo en una entrevista reciente que iba a presentar un proyecto propio.

Entonces, la verdad es que hay muchas esperanzas; que el Ejecutivo mande al Congreso un proyecto es todo un mensaje político enorme. Así que para mí es irreversible que sea ley el aborto en Argentina por toda esa potencia de la lucha que venimos hablando y porque la discusión ya logró una despenalización social. Hoy en Latinoamérica todos los derechos conquistados están en riesgo de peligro. Por eso, los derechos que se conquistan con leyes hay que cuidarlos un montón porque lamentablemente nacen con fragilidad en toda la región.

Las expectativas son positivas y lo más cercano es que sea ley. ¿Cuál sería el efecto en los otros países de ser así?

El camino no termina cuando se convierte en ley porque los derechos nacen frágiles ya de por sí. El camino recién empieza cuando se aprueba la ley. Ahí hay que sostener ese derecho y acompañarlo con activismo feminista muy fuerte. Tenemos pleno conocimiento y conciencia de la magnitud de lo que significa un feminicidio, de que tenemos derecho a vivir una vida libre de violencias y que ningún tipo de violencia hacia nosotras es normal y natural. Sin embargo, el Estado, el Poder Judicial, la Policía Nacional, el Ejecutivo, no han dado una respuesta a la altura de ese momento, efervescente, potente y transformador que viven los feminismos en la región.

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