El cuerpo del dictador

“La exhumación de Francisco Franco es un hecho histórico curioso, pues se limita a poner las cosas en territorio de la normalidad”

Raúl Tola
26 Oct 2019 | 0:57 h

La gigantesca cruz aparece a un lado de la carretera, emergiendo del seco paisaje de la sierra de Guadarrama. La primera vez que la vi fue hace seis años, de camino a Segovia. Llevaba poco tiempo en España y no sabía qué era ese lugar tan llamativo. Pregunté y la persona que conducía el automóvil me respondió: «Es el Valle de los Caídos».

Construido por trabajadores contratados y mano de obra esclava, la basílica del Valle de los Caídos se inauguró en 1959, casi veinte años después del inicio de su construcción. Se dijo que buscaba honrar a todos los muertos de la Guerra Civil Española —los restos de casi 34 mil combatientes nacionales y republicanos yacen en él—, pero terminó por convertirse en un monumento que homenajeaba a Francisco Franco, enterrado ahí desde su muerte en 1975.

Esta semana el gobierno de España exhumó el cuerpo de Franco. La decisión fue anunciada hace más de un año por Pedro Sánchez —hoy Presidente en funciones— pero fue retrasándose por los recursos interpuestos por los herederos del dictador.

La decisión no estuvo ausente de polémicas. Cuando se votó en el Congreso solo se opuso Vox, el partido de ultraderecha que cobija a los nostálgicos del franquismo. Santiago Abascal, su líder, calificó la exhumación de «show electoral y necrófago» y a Sánchez de «carroñero de La Moncloa». Las críticas más repetidas acusan al gobierno «electoralismo», pues el acto se realizó a poco más de dos semanas de las elecciones generales del 10 de noviembre.

Para que Franco saliera del Valle de los Caídos tuvieron que pasar muchas cosas. En los 44 años transcurridos desde su muerte, España se ha convertido en un país moderno, plural y democrático, un proceso que comenzó en 1978, cuando votó su actual Constitución, instaurando el régimen que lo catapultó a sus años de mayor bonanza y prosperidad.

La exhumación de Francisco Franco es un hecho histórico curioso, pues se limita a poner las cosas en el territorio de la normalidad. Es también la enésima advertencia para los dictadores. Franco pudo ganar la guerra de las balas y las trincheras, gobernar España durante 35 años e incluso morir impune y en olor de multitudes. Pero a la larga, los verdaderos vencedores han sido la democracia y la libertad, que han puesto a cada uno en el lugar que le corresponde. Aunque a veces haya habido que esperar un poco.

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