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Matilde Caplansky: “Debemos quedarnos tranquilos, buscar la serenidad para llegar a algunos consensos”

Entrevista a la psicoanalista, quien afirma que la pandemia influyó en la polarización de las elecciones porque nos ha afectado psíquicamente. “No hay quien no haya perdido personas cercanas y docenas de conocidos”, sostiene.

Prudencia. Caplansky refiere que enfrentar la pandemia puede ayudar a unirnos como país. Foto: difusión
Prudencia. Caplansky refiere que enfrentar la pandemia puede ayudar a unirnos como país. Foto: difusión
María Elena Castillo

La psicoanalista Matilde Caplansky señala que la pandemia también ha influido en la polarización de estas elecciones, que han tenido un nivel altísimo de enfrentamientos, incluso entre familiares y hermanos. Refiere que, así como nos dividimos frente a los dos candidatos en segunda vuelta, podemos volver a unirnos para enfrentar la pandemia y trabajar por el desarrollo del país.

¿Por qué en estas elecciones se ha presentado una polarización nunca antes vista?

En primer lugar, la pandemia ha gravitado de manera dramática las emociones de la población. Pero creo que esto ha existido siempre, desde Túpac Amaru para adelante, solo que ahora se ve en primera fila, como en el cine. La lucha entre la provincia, el ande, la costa ha existido siempre. No podemos creer que eso es nuevo. Es viejísimo. Pienso que la pandemia ha sido un factor gravitante en el humor y los miedos y temores de la población en todo el mundo, y por supuesto en el Perú. Y obviamente, los más necesitados han sufrido mucho más, aunque la pandemia no ha respetado las clases sociales, pues hay muertos de todos lados. Incluso médicos. Pasando por el Colegio Médico se puede hacer una fotografía espeluznante. Es terrorífico.

¿Esa sensación ha incrementado los enfrentamientos frente a las candidaturas?

En ese clima, en esa situación tan evidente de dolor, de incertidumbre, de impotencia, ¿qué puede suceder? Lo que hemos visto.

¿Tanto como para haberse peleado familias y amigos de toda la vida?

Sí. Es que todo está en un límite. En los lados. La candidata a la vicepresidenta del señor Castillo dice que solo va a reconocer si él gana, y por el otro lado están las denuncias de fraude. ¿Qué se puede esperar de muchos, si no es pelearse, porque uno quiere a Castillo y el otro a la china? Es lógico si los que están postulando dan ese ejemplo a la población. Y eso, aunque lo piensen, como futuras autoridades posibles, no deben decirlo. A veces es mejor obviar, postergar, omitir por un momento, es lo que llamamos en la clínica el timing. Hay un momento para hablar, para revelar cosas. Ya desde allí vemos la irreverencia, falta de respeto a nuestras instituciones, como la ONPE, el Jurado Nacional de Elecciones. No existen, sino solo su voluntad.

¿Por qué quedaron los candidatos más extremistas?

Se han postulado una serie de hipótesis: desde que el Perú tiene vocación suicida, hasta que la extrema izquierda se ha preparado 20 años para esto. Usted dirá por cuál votar.

La mayoría no votó por ellos en la primera vuelta...

Y nos hemos encontrado entre dos “odiados” personajes. Es una situación terrible en la que la gente se ha visto obligada a votar por uno u otro, porque no hay muchos votos viciados, ¿no?

No llega a 6% según los datos de la ONPE hasta ahora.

Es poco. Esa hubiese sido también una posibilidad. No ir a votar, o que salga 50% de viciado. Y eso hay que analizarlo. Creo que ha sido un voto por la desesperanza.

Eso es peligroso frente a lo que se viene, gane quien gane ¿no?

¿Peligroso? Eso es mortal porque tendremos una frágil institucionalidad y cualquier cosa puede pasar por el nivel de enfrentamiento y agresión que ha habido en las redes, principalmente. Hay gente que se ha dejado de hablar, familiares e incluso amigos del alma, pensando que cada quién tiene mejor razón que el otro.

¿Qué se puede hacer para retornar a ese cauce?

La pregunta es qué vamos a hacer para sobrevivir (risas). Supongo que lo primero que debemos hacer es quedarnos muy tranquilos, buscando la serenidad que no tenemos ahora, para poder llegar a algunos consensos. Algo así como una comisión de verdad y reconciliación entre nosotros, porque sino esto será una guerra civil. Porque o nos matamos o nos sentamos, como nosotras ahora, y conversamos.

Buscando puntos en común por el bien del país.

Así es, sobre temas fundamentales, como son la salud, la educación, la red vial en el país y el internet. Quien gane debe llamar a la unidad sobre esos temas. La pandemia, que nos ha afectado demasiado psíquicamente, nos ha destruido psicológicamente. Estamos llenos de rabia y de impotencia porque hemos estado casi un año y medio encerrados, no hemos podido enterrar a nuestros muertos, no hay quien no haya perdido personas cercanas y docenas de conocidos.

Y como dice, eso ha influido en la extrema polarización de estas elecciones.

Sí. Ha sido la más dolorosa y la que ha llenado los consultorios psicológicos y psiquiátricos de gente.

Ese podría ser el camino para recuperar los amigos que perdimos...

Si fuera necesario. Hasta hace unos cuatro o cinco días incluso yo no podía ni comer ni dormir porque estaba muy angustiada. Hasta que dije calma y me quedé tranquila a esperar los resultados, para después pensar. Pero yo tengo muchos recursos para recuperarme, pues he ejercido la clínica 50 años.

¿Perdió amigos en este proceso?

No. Porque he guardado la prudencia de no discutir con ellos. Yo adoro a mis amigos. Soy viuda, tengo un solo hijo y yo también soy hija única, así que mis amigos son mi familia. Los cuido como oro. Los he escuchado, pero yo he estado callada.

¿Una real lucha contra la pandemia puede ayudar a unirnos como país?

Esa sería una alternativa muy valiosa. Buscar alianzas y consensos a través de lo sanitario y la educación. La idea es tender la mano del uno al otro, sentarse a ver cómo unimos nuestras fuerzas, cómo sacamos esto adelante. Y también en la red vial, pues sin caminos no se puede llevar la comida ni las vacunas. Se conoce el grado de civilización por las carreteras que tiene. No es posible que para llegar a un pueblo haya que caminar cinco días o montar un burro quince horas.

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