Transgénicos: moratoria polémica

Raúl Mendoza

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25 Oct 2020 | 8:02 h
El Perú tiene más de tres mil variedades de papa, una riqueza a preservar.
El Perú tiene más de tres mil variedades de papa, una riqueza a preservar.

La semana pasada se prolongó la moratoria al ingreso de cultivos transgénicos al Perú hasta el 2035. El tema suscita el debate a favor y en contra desde hace nueve años, cuando se estableció una primera moratoria que vencía el 2021. ¿Es realmente peligrosa esta tecnología para nuestra biodiversidad? ¿O más bien le estamos cerrando la puerta a la ciencia?

En el Perú no existen campos de cultivo de productos genéticamente modificados, o transgénicos, como sí ocurre por ejemplo en Argentina, Brasil, Bolivia o Paraguay. Sin embargo, en 2018 y 2019 se encontraron en Piura algunas parcelas con maíz transgénico. Es el único caso reportado en los últimos años. ¿Cómo apareció ese maíz ahí? Aparentemente, los agricultores, que importan el producto, usaron esta variedad como semilla en la siguiente cosecha.

El Perú es un país con una gran biodiversidad -eso explica las más de 3 mil variedades de papa que tiene- y desde el 2011 se aplica aquí una moratoria que prohibe el ingreso y producción de estos organismos al país. Ese plazo vencía en 2021 y se dio para que en el lapso de diez años se implementaran protocolos de bioseguridad que protegieran nuestros productos nativos.

A un año del vencimiento de la moratoria, el tema se discutió la semana que pasó en el pleno del Congreso y este concluyó que la moratoria se extendiera por quince años más, hasta el 2035. ¿Se justificaba esa decisión? ¿Se analizó lo suficiente? Como en la primera oportunidad, hay posiciones a favor y en contra, e incluso planteamientos alternativos.

Maiz amarillo, cultivo transgénico hallado en suelos peruanos.

País sin transgénicos

El lunes pasado, más de 40 organizaciones agrarias hicieron un llamado al gobierno pidiendo la ampliación de la moratoria. En un documento señalaban que más de 2.2 millones de familias en el Perú se dedican a la agricultura familiar con parcelas de menos de 5 hectáreas “donde han preservado nuestra agrobiodiversidad, lo cual es un gigantesco patrimonio genético para el desarrollo del país”.

El dirigente de la Confederación Nacional Agraria, Antolín Huascar, pide un Perú libre de transgénicos y señala que el gobierno y los científicos deberían apoyar la agricultura orgánica, la ecológica, que conserve nuestras semillas y garantice la producción. “Aseguramos el 80% de los alimentos que comen las familias peruanas”, dice.

La principal objeción de quienes apoyan la moratoria es que la liberación de productos transgénicos en el ambiente es peligrosa para la biodiversidad peruana, porque las semillas modificadas podrían alterar o imponerse sobre los productos nativos. Si bien hay poca evidencia de ello, tampoco se puede asegurar que eso no ocurre.

Hay otros argumentos. La Sociedad Peruana de Derecho Ambiental (SPDA) señala en un artículo de julio pasado que quienes aseguran que la moratoria ha perjudica- do las exportaciones no dicen la verdad, porque las ventas agrícolas al exterior pasaron de $645 millones en el 2000 a 6,600 millones en el 2018.

La moratoria es solo para evitar la producción y liberación de transgénicos en el ambiente, es decir en tierras de cultivo, pero no impide la investigación en ambientes confinados como laboratorios o el ingreso de estos productos para alimentación humana, animal o procesamiento. Hoy es posible encontrar productos transgénicos en tiendas o supermercados (aceites de soya, golosinas, etc).

Otros argumentos afirman que podría configurarse una dependencia de los principales productores de las semillas transgénicas, que son grandes empresas transnacionales. O que nuestra gastronomía dejaría de ser lo que es justamente porque no usa productos transgénicos.

Quince años de retraso

Para la bióloga Gretty Villena, directora del Laboratorio de Micología y Biotecnología de la Universidad Nacional Agraria La Molina (UNALM), con la ampliación de la moratoria hasta el 2035 se le ha cerrado la puerta a una tecnología prometedora y la decisión fue tan apresurada que la propuesta no pasó por la Comisión de Ciencia y Tecnología.

“Hay dos cosas que son importantes: que podamos ser tecnológicamente soberanos y que podamos hacer un uso racional de nuestra biodiversidad. La biotecnología aporta a la conservación de la biodiversidad y a la vez a una utilización que le dé un valor económico. Ha habido apresuramiento. Nos están restando quince años de futuro en el desarrollo agrario del país”, dice tajante.

“¿La liberación de productos transgénicos en el ambiente no pone en peligro especies nativas?”, preguntamos. “Es una exageración. Decir que si se elimina la moratoria el país se va a ver invadido de cultivos transgénicos, no es cierto. Existe la reglamentación. INIA tiene el reglamento de bioseguridad. La idea es que entren ordenadamente solo en casos necesarios y en zonas delimitadas, en aquellos cultivos que van a representar una ventaja para los agricultores”, explica.

La bióloga señala que de 17 países megadiversos en el mundo, 11 ya permiten cultivos transgénicos en su territorio. Y muchos producen su propia tecnología en este rubro. “Tenemos problemas con nuestra diversidad. Nuestras papas nativas tienen un problema serio de rancha, de gorgojo de los Andes. Y eso no lo resolverán las grandes transnacionales. Más bien nos resta la posibilidad a los científicos peruanos de solucionar nuestros propios problemas, en nuestros cultivos. Problemas que van a crecer con el cambio climático. Aparecen plagas donde antes no habían y amenazan a las papas nativas. Eso hay que resolverlo nosotros”.

La científica dice que podemos tener cultivos resistentes a sequías, heladas, a diferentes insectos. Y cultivos como el algodón peruano, que prácticamente ha desaparecido, podrían resurgir gracias a esta tecnología. En el país hay capacidad instalada. El INIA tiene experiencia, y hay laboratorios en elpaís. “Y en nuestro laboratorio (de La Molina) estamos haciendo edición genética”, dice.

Hay también caminos alternativos o complementarios a los transgénicos. Si en el pasado hubo mecanización, semillas mejoradas, agroquímicos, ahora está la biotecnología y el uso del internet de las cosas en la agricultura para mejorar procesos productivos. Hoy se usan drones, sensores de humedad, sistemas precisos de riego, etc.

Ricardo Fort, investigador de Grade, señala que si el planteamiento del gobierno es “no transgénicos” para proteger la biodiversidad, debe tener en paralelo una estrategia -diferenciada según la región geográfica- para agregarle valor internacional a nuestra biodiversidad como ha ocurrido con la quinua andina, el cacao de origen o los cafés especiales. “Porque sino lo que vas a tener es cientos de miles de productores maravillosos de papa que no encuentran mercado para venderla”, dice.

En los diez años que duró la primera moratoria, se avanzó en los mecanismos para vigilar nuestra biodiversidad y hacer investigación en agricultura. “Los congresistas se apresuraron y aprobaron la nueva moratoria sin discutir lo suficiente”, dice la bióloga Villena. Sí, los quince años parecen un lapso muy largo. Sin embargo, no hay plazo que no se cumpla y todo indica que, tarde o temprano, esa tecnología llegará.

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