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Recuperados: Esperanza contra el virus

Son 132 mil en la actualidad, los pacientes que vencieron al coronavirus, incluyendo a los primeros contagiados de cada país, no son solo un emblema de optimismo, sino motivo de estudio: su sangre podría servir para la tan esperada vacuna contra el Covid-19.

Maritza Espinoza
29 Mar 2020 | 12:25 h

Solo la frase “paciente cero” causa escalofríos y será una de las expresiones que la pandemia del coronavirus dejará en nuestro imaginario. Sin embargo, todo indica que la identidad del misterioso paciente cero del Covid-19 quedará en la incógnita y pasará a convertirse en una leyenda. Como el Yeti, como el monstruo del Lago Ness o como la identidad de la Señora K.

Esa es la mala noticia: nunca sabremos cuál fue el primer hombre, o mujer, de Wuhan, China, que se comió aquel murciélago que le trasmitió el virus que él, o ella, trasmitió a su vez al resto de la humanidad, la teoría más respaldada por los científicos (incluyendo a la OMS), junto con aquella que pone de intermediaria a una inocente serpiente.

Identificar a la primera persona infectada por un brote o enfermedad en particular es fundamental, porque puede responder preguntas cruciales sobre cómo, cuándo y por qué se originó, lo que permitiría conocer el proceso por el que el coronavirus se hizo masivo y ayudaría a prevenir que más personas se infecten ahora o en epidemias futuras.

Sin embargo, y esta es la buena noticia, se conoce a la mayor parte de los primeros portadores del virus en cada país. Suelen llamarlos Pacientes Cero, pero usaremos el término Paciente Uno para distinguirlos del misterioso ciudadano chino que seguramente ya pasó a mejor vida en algún rincón perdido de Wuhan.

Y una noticia aún mejor es que casi todos los pacientes uno han logrado superar el coronavirus y, aunque la mayoría aún está en cuarentena -ya se sabe que el virus puede recontagiar en casi un 15% de los casos-, varios han sido dados de alta y son, en sus países, una especie de emblema de que sí se puede derrotar a la pandemia.

Sin ir lejos, Luis Felipe Zevallos, el joven aviador comercial que se infectó del Covid-19 en un viaje de vacaciones con su novia por Europa, tiene casi dos semanas de haber sido dado de alta -se infectó y lo contó él mismo a través de su cuenta de Instagram el 18 de marzo.

Antes de decidir hacerse la prueba, Luis Felipe, de 25 años y piloto de una conocida línea aérea, había contagiado ya a siete de sus familiares, incluyendo a su primo de siete años. Ahora, sigue en cuarentena en su domicilio, pues el virus no inmuniza.

El joven piloto tuvo suerte. Estuvo dos semanas internado -sufriendo un malestar generalizado, terribles dolores de cabeza, de garganta, y una incontrolable tos- y fue dado de alta el 14 de marzo. En su cita de control, le recetaron azitromicina, antibiótico indicado para todos los problemas de carácter respiratorio, y Tucelixil, un jarabe que tiene ingredientes para calmar la tos y atihistamínicos para controlar las reacciones alérgicas.

El súper propagador

Italia tuvo la desgracia de tener lo que se llama un “súper propagador”. El infectado, un hombre atlético de 38 años llamado Mattía Y.M., había estado, antes de hacerse el examen, en por lo menos tres cenas, un partido de fútbol en el que jugó y en una competencia de velocidad. El único premio que ganó fue el del individuo más contagioso de su país.

Ya su mal estaba muy avanzado cuando llegó a la sala de emergencias de un hospital en Codogno -en Lodi, Lombardía- con síntomas graves de influenza. Se negó a internarse y se fue a casa. Su condición empeoró y, a las pocas horas, regresó y fue ingresado en el área de medicina general. Cuando lo enviaron a cuidados intensivos, dio positivo al virus.

Antes de eso, ya había contagiado a cientos de personas, entre ellos a su esposa embarazada y a su padre. Tal vez por eso jamás quiso mostrar su rostro. Lo que se supo de él es que nunca tuvo contacto con nadie que estuviera en China. Ahora está sano y en casa. Hace unos días, mostró su agradecimiento a los profesionales de la salud que lo atendieron. Muchos de los que contagió fallecieron. Su padre, entre ellos.

Muchos virus y un funeral

El 25 de febrero a la medianoche, se anunció el primer positivo del virus en España. Un funeral fue el foco de infección en la provincia La Rioja, desde entonces el epicentro de la pandemia. ¿Su nombre? Fernando Pérez, de 52 años, un gitano conocido como Camarón.

Quince días después, Camarón fue dado de alta pero, a pesar de las advertencias, siguió su vida normal durante la semana siguiente. De hecho, hizo una fiesta de cumpleaños en su casa que provocó el contagio del Covid-19 a una treintena de sus familiares. A pesar de su poca responsabilidad, el paciente uno de España se ha quejado ante el periodista peruano Martín Mucha, que lo entrevistó para el diario El Mundo: “Tengo ansiedad, me tratan como si fuera un terrorista... Es mucho mejor la cárcel que esto”. Igual, Camarón ahora está totalmente recuperado.

Deuda de sangre

Pero, ¿cómo reparar el daño involuntariamente provocado por los pacientes uno y todos los infectados posteriores? La ciencia da el camino: la sangre de los recuperados podría ser usada para preparar una vacuna contra el coronavirus. Ocurre que, cuando una persona es infectada con un germen específico, el cuerpo comienza a producir anticuerpos para combatir la infección y, tras la recuperación, esos anticuerpos flotan en la sangre -específicamente en el plasma, la parte líquida de la sangre- durante meses o años.

El llamado “suero de convaleciente”, plasma donado por los sobrevivientes, está siendo utilizado en China y Estados Unidos para hacer experimentos y ya hay un pedido a la Food and Drug Administration para un estudio en gran escala por la Universidad John Hopkins. Pero el mayor esfuerzo en ese sentido es el ensayo de solidaridad que realiza la OMS con el concurso voluntario de muchos recuperados. Los primeros inscritos han sido pacientes de Noruega y España. Hay mucho optimismo, pero los resultados recién se verían en un año o año y medio.

Los que volvieron

A pesar de que la pandemia ha hecho colapsar los sistemas de salud en casi todos los países, la cantidad de gente que se recupera por completo del coronavirus ha crecido. Hasta el cierre de esta edición, el número de pacientes sanados en el mundo era de 132,622, casi un cuarto del total de infectados: 594,344. En el Perú, la cifra es aún baja: 16 de 635.

Sin embargo, la sobreviviencia al virus no significa que el recuperado vuelva a su vida normal. Los médicos del Hong Kong Hospital Authority se dieron cuenta de que, entre las primeras personas que dejaban el hospital en el período de los primeros contagios, algunos jadeaban con regularidad si caminaban a paso rápido. Cuando hicieron un estudio más detenido, se dieron cuenta de que entre un 20 y 30 por ciento mostraban una disminución de su capacidad pulmonar.

El problema, afortunadamente, es reversible con ejercicios cardiovasculares. ¿Cuáles? Nadar, trotar o pasarse horas en una bicicleta elíptica. Poca cosa si el premio es nunca más regresar a ese infierno que -dicen los contagiados- son los síntomas del virus más peligroso de nuestra historia reciente.

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