McDonald’s: explotación laboral y acoso sexual

Óscar Miranda

oscar.miranda@glr.pe el_miranda

22 Dic 2019 | 11:26 h
Trabajadores de McDonald's y otras cadenas de comida rápida de todo el mundo han formado el movimiento Fight for 15, que reclama mejores salarios y condiciones de trabajo. Foto: Internet.
Trabajadores de McDonald's y otras cadenas de comida rápida de todo el mundo han formado el movimiento Fight for 15, que reclama mejores salarios y condiciones de trabajo. Foto: Internet.

La precariedad laboral que reveló la muerte de Alexandra Porras y Carlos Gabriel Campos no solo ocurre en el Perú. En todo el mundo, el gigante de la comida rápida es acusado de explotar a sus trabajadores y, por si fuera poco, de tolerar el acoso sexual en sus establecimientos.

La espantosa muerte de Alexandra Porras (18) y Carlos Gabriel Campos (19), electrocutados en un local de McDonald’s en Pueblo Libre, tocó las fibras de toda la sociedad, pero, en particular, de muchos peruanos y peruanas que en algún momento de sus vidas trabajaron para esta cadena de comida rápida y que se vieron reflejados en las sonrisas inocentes, ilusionadas, de los dos desdichados jóvenes.

En los días posteriores a la tragedia, esos extrabajadores empezaron a contar historias de sus años empleados en la transnacional, primero en las redes sociales y, luego, en los medios, entre ellos, La República.

Historias de explotación: horarios que no se cumplían, horas extras que no se pagaban y que se iban en trapear los pisos y limpiar los baños, a veces de madrugada, a cambio de salarios ínfimos, que difícilmente superaban los 5 soles la hora.

Ese panorama de abuso es mundial. McDonald’s, la más grande compañía de comida rápida del planeta, se ha convertido en el símbolo de todas las empresas de este sector que dicen promover el empleo juvenil pero que, en realidad, lo que buscan es echar mano de trabajadores con contratos temporales, de corta duración, alta rotación y horarios flexibles, a los que se les pueda pagar poco.

Lo interesante de esto es que en otras partes del mundo –sobre todo en los Estados Unidos– este sistema injusto ha generado un movimiento social, el movimiento Fight for 15, que realiza huelgas regularmente, en varios países a la vez, para exigir a los fast food que eleven sus sueldos y permitan a sus trabajadores formar sindicatos.

Dentro de este movimiento ha surgido otro, liderado por trabajadoras de McDonald’s, que exige actuar contra el acoso sexual, cada vez más manifiesto en sus establecimientos.

Y, en el plano legal, este sistema injusto ha generado como respuesta demandas en contra de la empresa, la última de las cuales la ha forzado a acordar una indemnización de 26 millones de dólares a favor de miles de trabajadores por no haberles pagado horas extras ni permitido tomar descansos adecuados.

INDEMNIZACIÓN HISTÓRICA

La demanda original fue presentada en enero del 2013 por una mujer llamada María Sánchez, empleada de un McDonald’s de Culver City, California. Al año siguiente se sumaron otros tres empleados de ese estado. Con el tiempo se convirtió en una demanda colectiva que representó a aproximadamente 38 mil trabajadores de la compañía.

Los denunciantes alegaron que McDonald’s los hizo laborar más de ocho horas por día y más de 40 por semana en turnos nocturnos sin pagarles horas extras. También denunciaron que les impedían tomar turnos para comer cuando el local estaba lleno y que los forzaban a juntar sus turnos de comida con sus 10 minutos de descanso al inicio o al final de cada jornada. Además, que los obligaban a lavar y planchar sus uniformes sin compensarles por ello.

Luego de casi siete años de litigio, el pasado 26 de noviembre, McDonald’s decidió llegar a un acuerdo con los demandantes. No solo les devolverá el dinero que, según los abogados, les “quitó” a los trabajadores. Se comprometió a pagar primas salariales de una hora a cada trabajador al que no le proporcione un período de comida o descanso completo; a permitir que los empleados salgan del restaurante durante sus períodos de comida sin restricción alguna; y a darles uniformes adicionales, entre otras medidas.

“McDonald’s nos engañó a decenas de millones”, dijo Rosario Mercado, una de las trabajadoras demandantes, “pero al levantarnos y hacer oír nuestra voz, responsabilizamos al segundo empleador más grande del mundo por violar la ley”.

BAJOS SUELDOS Y ACOSO

El 12 de noviembre pasado, decenas de ciudades de Estados Unidos, así como varios países de América, Europa y Asia, fueron escenario de los “McStrike”: las huelgas que el movimiento Fight for 15 realiza para exigir que las cadenas de comida rápida eleven el salario mínimo y permitan los sindicatos.

El movimiento comenzó en 2012 en Nueva York, cuando cientos de cocineros, meseros y repartidores de McDonald’s, Wendy’s, Domino’s, Papa John’s, Kentucky Fried Chicken y Pizza Hut salieron a las calles de Manhattan reclamando que el salario mínimo federal suba a 15 dólares la hora, se acaben los horarios rotativos y se les permita negociar con la empresa. Bajo estas banderas se alinearon también empleados del sector retail, de las estaciones de servicio y de los aeropuertos.

En el seno de Fight for 15 surgió, en mayo de este año, un movimiento de mujeres que, después de años de permanecer calladas, se animaron a denunciar los episodios de acoso sexual de los que son víctimas miles de trabajadoras del sector.

Ese mes, 25 de ellas, empleadas de McDonald’s, presentaron demandas en las que denunciaban las situaciones de acoso sexual que experimentaron y, en algunos casos, las represalias de las que fueron objeto por el hecho de haberlos reportado a sus superiores.

Jenna Ries, empleada de uno de los locales de Michigan, denunció que su gerente le hacía proposiciones sexuales constantemente, que una vez la arrinconó contra la pared y que en otra ocasión le puso el pene en la mano cuando estaban parados uno frente al otro.

“Vivía con miedo de perder mi trabajo. Me obligué a irme. Todavía estoy lidiando con las consecuencias emocionales”, contó después a los periodistas.

Barbara Johnson, empleada de un local de St. Louis, denunció que fue acosada sexualmente por dos personas. Uno de ellos, gerente de turno, le hacía comentarios sexuales todo el tiempo. El otro era aún más burdo, le decía cosas pervertidas y una vez que ella le pidió que le hiciera un McChicken, le contestó “Acá está tu McChicken” agarrándose los genitales.

Para noviembre de este año, las demandas por acoso contra McDonald’s superaron el medio centenar. El escándalo fue mayor debido a que ese mes la compañía despidió a su presidente ejecutivo, Steve Easterbrook, por mantener una relación sentimental con una empleada, una violación a las normas internas de la compañía.

McDonald’s ha intentado detener las denuncias implantando una serie de medidas. En enero, lanzó una política contra la discriminación y el acoso y en junio presentó una línea telefónica de denuncias para sus empleados. En el último año ha venido realizando talleres de capacitación a sus 850 mil empleados en Estados Unidos.

El problema, sin embargo, es que los franquiciados no están obligados a desarrollar esta política. Por ejemplo, en Latinoamérica, o en Perú, los dueños de los locales no están obligados a actuar contra el acoso sexual. En este mismo momento, trabajadoras y trabajadores locales de McDonald’s podrían estar siendo hostigados por sus jefes y compañeros sin que nadie les ofrezca ayuda. Hasta que la primera denuncia salga a la luz.

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