Historia de dos arqueólogas

Rebeca Carrión Cachot sucedió a Julio C. Tello en el rescate de Ancón prehispánico. Ilustración: Alejandro Alemán.

Lucía Watson presenta un libro que habla de la influencia femenina en la población prehispánica de Ancón y que trae al recuerdo los pesares de la primera arqueóloga peruana, Rebeca Carrión Cachot.

Roberto Ochoa
09 Dic 2019 | 17:40 h

“Yo no elegí Ancón, fue Ancón el que me eligió”, nos dice Lucía Watson Jiménez en el laboratorio de arqueología de la PUCP, mientras nos muestra las tomografías de fardos funerarios rescatados hace 70 años en el conocido balneario limeño.

Y es que hablar de rescate en Ancón vincula a Watson con personajes como Julio C. Tello –el padre de la arqueología peruana– y Rebeca Carrión Cachot, nuestra primera arqueóloga.

Watson ha empezado a investigar decenas de fardos desenterrados por el binomio TelloCarrión en los años 50 del siglo pasado y que ahora yacen en los ambientes del Museo de Pueblo Libre. Estos fardos fueron descubiertos poco antes de la construcción del otrora balneario aristocrático del norte limeño.

Junto con los fardos también ha revisado los cuadernos de campo y, más allá de la valiosa información científica, ha encontrado casos de discriminación. Sucede que Julio C. Tello murió cuando se realizaban las excavaciones en Ancón y fue reemplazado por Rebeca Carrión Cachot, una mujer, algo inaudito para la época. En los cuadernos de campo, Watson identificó caricaturas de los enfrentamientos de Tello con los ingenieros, contadores y administradores de la empresa constructora que operaba en el balneario. “Hay un discurso fuerte y hasta xenofóbico con toda una estigmatización de Tello indígena versus los de la empresa constructora”.

Pero cuando asume Carrión Cachot “no encontré caricaturas –recuerda Watson–, pero sí un discurso mucho más agresivo y fuerte, algo así como la desgracia llegó al país cuando una mujer asumió la arqueología en sus manos”.

Watson incluyó estas muestras de discriminación en la redacción de su tesis, por tratarse de testimonios del desarrollo de la arqueología local. Sin embargo, fue censurada. “Me dijeron: Esto se va. Imagínate lo que los obreros dicen de nosotras y que alguien lo ponga en una tesis”.

Y es precisamente esta tesis la que sirvió de base para el libro Los fardos de Ancón, publicado por el British Archeological Record, que será presentado en el Perú en marzo del próximo año.

Watson es doctora en Antropología de la Universidad Nacional Autónoma de México. Tiene más de diez años de experiencia de investigaciones bioarqueológicas en Perú, México, Sudán y Nicaragua. Su compromiso social la ha llevado a poner a disposición su especialidad al servicio de los Derechos Humanos como parte del Equipo Peruano de Antropología Forense (EPAF). También enseña en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Integra la nueva generación de antropólogas cuya labor no consiste en desenfardelar, sino en investigar los fardos utilizando reconstrucciones 3D, con escaneos tomográficos computarizados. “Es lo mismo que se le hace a un paciente vivo. Estas imágenes las proceso con Osirix –un programa libre y gratuito– y así puedo abrir el fardo visualmente en la computadora. Esto evita su destrucción y permite realizar una serie de ‘biopsias virtuales’ las cantidad de veces y en los ángulos y matices que yo deseo. Por otro lado, nos permite compartir la información de forma más fácil”.

Ancón ha sido investigado por diversas generaciones de arqueólogos, pero son escasas las publicaciones. El libro de Watson descarta que Ancón haya sido solo una necrópolis y da nuevas luces sobre su población durante las etapas Wari y Chancay.

Lo revelador, además, es el papel que le asigna a las mujeres en estas sociedades costeñas. Son dos arqueólogas las que contribuyeron a estas conclusiones, dos mujeres que conversan entre ellas a través del tiempo y los prejuicios.

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