Chau, circo

Si bien fue Vizcarra quien accionó su guantelete con un chasquido de dedos, fueron los propios fuji-acciopopu-upepe-apristas los que se fueron suicidando de a pocos

Maritza Espinoza
06 Oct 2019 | 8:47 h

Si don Martín Vizcarra hubiera planificado, en todos sus detalles, el cierre del Congreso para lograr el efecto tragicómico que se requería para que todo el país viera en acción a las joyitas a las que se enfrentaba, no lo podía haber hecho mejor. Pero fueron los propios fuji-acciopopu-upepe-apristas (es decir, el sancochado de políticos que fueron desintegrados por el Thanos moqueguano) quienes le hicieron el trabajo de quedar como un patético tropel de payasos de circo misio, desesperados ante el inminente cierre de la carpa.

Claro, no podemos menospreciar la brillante actuación que cumplieron doña Meche Araoz y don Pedro Olaechea en esta mise-en-scène. Ella, porque estuvo insuperable interpretando el papel –algunos dirán que papelón, pero allá ellos- de presidenta por un día, con juramento y saludito a los Miss Universo incluido. Cuando ya creíamos que nada podía ser peor que el roche de haber sido candidata del Apra en el 2011… ¡por dos meses y medio!, nos demostró que siempre puede sorprendernos.

Y Olaechea se lleva las palmas porque fue el actor de soporte que puso la cara (dura) en todo momento, desde la presidencia del desternillante pleno en el que se consumó su desgracia hasta su intento, conchudísimo, de que el ministro del Interior, cuya existencia niega, ponga protección policial a los disueltos excongresistas, pasando por su indescriptible cara cuando el periodista Fernando del Rincón le dio la noticia de la renuncia de Meche y, de paso, dejó en evidencia sus contradicciones ante los cincuenta millones de televidentes de la CNN.

Lo que a estas alturas es innegable es que, si bien fue Vizcarra quien accionó su guantelete con un chasquido de dedos, fueron los propios fuji-acciopopu-upepe-apristas los que se fueron suicidando de a pocos. Por eso, el presidente –hoy suspendido en el país imaginario de don Pedrito- tiene que agradecerles infinitamente. Solo imaginemos qué hubiera pasado, en diferentes escenarios, si ellos hubieran actuado de otra manera. Digamos, de manera racional:

Escenario uno: le negaban la confianza a primera hora y siguiendo el procedimiento normal. Claro, Vizcarra probablemente los hubiera disuelto igual, pero la comunidad internacional podía haberlo percibido como un auténtico golpe o, cuando menos, como un abuso, porque no habría visto con sus propios ojos las trapacerías de las que esta gente es capaz. Por suerte, para Vizcarra, el despliegue de fraudes, embrollos y mañoserías de todo cuño fue alucinante. Y lo vio en directo toda la prensa internacional. Olaechea aún debe estar dándose de cabezazos por haber llamado a la prensa extranjera pensando que todos son como ciertos entrevistadores de la tele para quienes la palabra “repregunta” no existe.

Escenario dos: que le hubieran aceptado la moción de confianza a la primera hora, cuando Salva llegó, bien peinadito, dispuesto abatirse en duelo con el pleno. Obvio, hubieran dejando al presidente sin armas y tirando cintura en sus ganas de disolver, diiisolver, el Parlamento. Luego, se hubieran tomado el tiempo necesario para elegir a los miembros del TC y poner a quienes les diera la reverenda gana, comenzando por el primo del hoy ex presidente del Congreso. ¿Y Vizcarra? Hubiera quedado atado de manos por un tiempo, porque, si volvía a la idea del adelanto de elecciones, habría quedado como un chiquito caprichoso y terco.

Escenario tres: que se hubieran portado como gente. ¿Se imaginan si el fuji-acciopopu-upepe-aprismo se hubiera portado como si estuviera compuesto por personas civilizadas y no le hubieran trancado la puerta al primer ministro, o no hubieran pateado su moción para después, joven, o no se hubieran puesto a elegir a los miembros del TC para después aprobar, sin rubor, la propuesta presidencial? Ahorita tendríamos a la OEA, a la CIDH, a la Comisión de Venecia y hasta a los búfalos mojados apretando a Vizcarra para que renuncie y convoque a elecciones en un tris.

Por suerte para el presidente, los fuji-acciopopu-upepe-apristas, como el escorpión de la fábula, no pueden con su naturaleza. Por eso, aun cuando tuvieron la oportunidad de salvar sus curules, terminaron mordiéndose ellos mismos e inyectándose su propio veneno. No queda sino agradecerles de todo corazón.

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