La mujer que escribe el futuro

Margaret Atwood se hizo célebre cuando su novela El cuento de la criada -un mundo distópico donde las mujeres son subyugadas- logró éxito mundial como serie de TV. Acaba de publicar la secuela de esa historia.

Margaret Atwood en la presentación de su último libro.

Margaret Atwood en la presentación de su último libro.

Raúl Mendoza
16 09 2019 | 18:26h

Cuando El cuento de la criada se publicó en 1985, algunos lectores pensaron que la visión de su autora, Margaret Atwood, sobre un mundo distópico donde las mujeres habían perdido sus derechos y algunas incluso eran solo instrumentos de reproducción, era demasiado sombría, exagerada y cruel. Otros en cambio -ha contado ella- le preguntaban: ¿cuánto tiempo nos queda para llegar allí?

Hoy, en momentos que a nivel global hay debates sobre la autodeterminación de las mujeres en cuestiones reproductivas, Atwood (79) retorna con la secuela de esa novela. Se llama Los testamentos y en la presentación del libro dejó una advertencia: “Hoy el mundo se parece más a Gilead -el Estado totalitario donde transcurre El cuento de la criada- que hace 34 años”.

Atwood, nacida en Canadá, es también poeta, profesora universitaria, crítica literaria y activista política. Es considerada una escritora feminista porque el tema del género está presente en varias de sus obras. Es también miembro de Amnistía Internacional y participa de campañas por la libertad de expresión, los derechos humanos y las causas ambientales.

Por eso no es extraño que, basada en sus muchas lecturas sobre la situación de la mujer en el mundo, haya creado ese mundo, Gilead, totalitario y religiosamente fanático donde las mujeres no pueden trabajar, leer, escribir, disponer de su dinero o propiedades. En ese régimen, donde la fertilidad ha caído, las mujeres fértiles, llamadas “criadas”, sirven a sus amos como objetos de procreación.

Atwood escribió esa historia cuando vivía en Berlín Occidental, un enclave rodeado por la RDA socialista y el Muro. En una ciudad dividida, se preguntaba cómo sería un estado totalitario en Estados Unidos. Así surgió el patriarcado violento de Gilead. “Para todo en esa novela hay una base real. No quería agregar nada que no hubiese sucedido ya de alguna manera”, contó Atwood a la revista People.

Si bien ya había alcanzado el éxito y la fama con El cuento de la criada y otros libros posteriores, solo se convirtió en una celebridad mundial cuando su novela fue llevada a la televisión en 2016 con su título original, The Handmaid’s Tale. Tres temporadas, ocho premios Emmy, dos Globlos de Oro, entre otros galardones, lo convirtieron en un fenómeno televisivo.

Los testamentos

La semana pasada la escritora canadiense por fin presentó Los testamentos, largamente esperada por quienes leyeron El cuento de la criada en 1985 y por quienes conocieron la historia a través de la serie de TV. El éxito en ventas está asegurado.

Esta vez la acción transcurre 15 años después del final de la primera historia, en “el principio del fin de Gilead”. Se cuenta desde la perspectiva de tres mujeres que observan e interpretan los acontecimientos de ese mundo brutal desde sus particulares puntos de vista. “Quería indagar cómo reaccionan las diferentes mujeres ante la opresión”, dice Atwood.

Mientras la primera parte de la saga era narrada por Defred, la protagonista, en Los testamentos las narradoras son la cruel tía Lydia del primer libro -instructora de las criadas-, que ofrece la perspectiva del régimen opresor; la hija de una notable familia de la clase dominante; y una joven del país vecino, Canadá, que lo analiza desde fuera.

El impacto de El cuento de la criada en el mundo ha ido más allá de la TV. Hoy muchas de las protestas de mujeres en el mundo usan símbolos del libro y la serie, como el vestido rojo y la capucha blanca de las “criadas”. “Entiendo que es una buena táctica, porque el vestido envía un mensaje de una manera pacífica, y, además, como es modesto, no pueden echarte de los sitios”, afirma.

La escritora dice que eso no ocurriría si la sociedad fuera “justa e igualitaria” y las mujeres no vieran violados sus derechos, como ha ocurrido últimamente con la ley contra el aborto en Estados Unidos. En 2018, Atwood le escribió una carta a la vicepresidenta argentina Gabriela Michetti, quien era contraria a la interrupción del embarazo aun en casos de violación. “No aparte la mirada de las miles de muertes que hay cada año por abortos ilegales. Deles a las mujeres argentinas el derecho a elegir”, le escribió. No recibió respuesta.

Quizá por eso dice que espera y desea que este nuevo libro sea una distopía y jamás una realidad. (R.M.)

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