El jueves que llegamos al siglo 21

Maritza Espinoza
6 04 2019 | 21:00h

Hubo quienes salieron con la cantaleta de siempre: que abrirle las puertas al matrimonio homosexual iba a destruir la familia “natural”.

Este jueves, mientras, entre bostezo y bostezo, los peruanos tratábamos de concentrar nuestra (ya bastante) dispersa atención a la desangelada presentación del premier Salvador del Solar ante el Congreso, y el soporífero debate subsiguiente, las siempre belicosas fuerzas del conservadurismo local sufrían una pateadura legal que hasta ahora se deben estar rascando.

Primero fue la noticia de que la Corte Suprema había declarado infundada “en todos sus extremos” la demanda de acción popular interpuesta contra el concepto de enfoque de género en el Currículo Nacional de Educación básica por el colectivo Padres en acción, aquellos señores para los cuales la sola palabra “género” es tan peligrosa que, pronunciándola tres veces, puede volver homosexual al machito más pintado y aniquilar en menos de lo que dura un pestañeo (con rimmel) a la sagrada institución del matrimonio.

Fue por la obstinación de esos señores, para quienes la tierra todavía es plana y se sostiene sobre los hombros de un gigante, que el Ministerio de Educación tuvo que retirar un texto sobre la construcción de la identidad de género y retardar meses de meses (desde enero de 2017, para ser exactos) la aplicación de la currícula escolar, pues el Poder Judicial les había otorgado una medida cautelar mientras la demanda no fuera definida.

Ahora que la justicia se pronunció, los dirigentes de Padres en Acción están que echan espuma por la boca y amenazan con movilizarse a lo largo y ancho del país, con una beligerancia que, cosa curiosa, jamás han desplegado para temas realmente graves, como, por ejemplo, los casos probados de abuso sexual contra menores de edad perpetrados por los jerarcas del Sodalicio, un delito que les parece inmensamente más venial que ver a una pareja de homosexuales mostrando su amor en público.

Y a propósito de amor, el segundo golpe que recibieron los fundamentalistas cholos fue el reconocimiento ante las leyes peruanas (en primera instancia) del matrimonio de Susel Paredes y Gracia María Aljovín, realizado en Miami hace unos meses. La noticia fue celebradísima entre todos los que consideran que la combativa gerente de Fiscalización de La Victoria tiene el derecho de acceder a una unión conyugal ante la ley como cualquier otro peruano.

Del otro bando, por cierto, la falta de empatía se hizo evidente y hubo quienes salieron con la cantaleta de siempre: que abrirle las puertas al matrimonio homosexual iba a destruir la familia “natural” (como si alguien fuera a ser obligado a casarse con gente de su mismo sexo); que luego ya podría legalizarse el matrimonio en grupos (algo que tampoco es tan terrible si se trata de una decisión adulta y consensuada); que, cual moderna Sodoma, seríamos presa del castigo divino; y, finalmente, que ser gay era una “moda” que pronto pasaría (como si la homosexualidad no estuviera en muchos de los registros más antiguos de la humanidad).

Pero, por si fuera poco, ese mismo día salía publicado en el diario oficial la Política Nacional de Equidad de Género, decreto de carácter multisectorial, liderado por el Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables, que busca reducir la discriminación y la violencia contra la mujer, un problema que, aunque suene alucinante, es reiteradamente negado por los mismos grupos fundamentalistas, como si las noticias no reportaran cada día un nuevo asesinato o agresión contra mujeres por el solo hecho de serlo.

En suma, el jueves fue un gran día de avances sociales, como si, por fin, el país hubiera dado un salto hacia el siglo 21. Pero los viejos dinosaurios, lo sabemos, seguirán aferrándose a sus prejuicios e intentando arrastrarnos hacia atrás. Pero también sabemos que, tarde o temprano, ese meteorito llamado modernidad arrasará con ellos.

Video Recomendado