Diego Armando Maradona, el ad10s

Milagros Crisanto

Un grande. Cuando el fútbol cambiaba hacia la potencia, hacia lo táctico, Diego siguió poniéndole arte, ingenio y habilidad. Foto: AFP
Un grande. Cuando el fútbol cambiaba hacia la potencia, hacia lo táctico, Diego siguió poniéndole arte, ingenio y habilidad. Foto: AFP

Conmoción mundial. Maradona falleció a los 60 años tras sufrir un paro cardiorrespiratorio en su casa, donde se recuperaba de una operación en la cabeza por un hematoma subdural. El Pelusa será velado hoy en la Casa Rosada.

Algún día D10s tenía que partir a la eternidad. Una noticia que en más de una ocasión gambeteó al destino y hoy es una triste realidad. Murió Diego Armando Maradona, sinónimo de fútbol, liderazgo, coraje, jerarquía, espíritu competitivo y picardía. Llevó el fútbol de potrero al trono mundial. Ningún otro jugador, en toda la historia del deporte rey, ha representado y transmitido tanto como él. Lo que jugó, lo que emocionó y lo que significa para una generación que no olvida, que más bien hereda a los suyos su significado. Diego sabía muy bien cómo quedar perpetuo, eligió el año que el mundo jamás olvidará para decir adiós. El 25 de noviembre será un día recordado por siempre. Las agujas del reloj anunciaban las diez de la mañana (hora argentina) cuando se descompensó y sufrió un paro cardíaco en la casa que habitaba en el barrio San Andrés de la zona de Tigre, en el norte del Gran Buenos Aires.

Su corazón no resistió y no pudo ser reanimado por los médicos que se acercaron hasta el lugar en nueve ambulancias. Al mediodía la noticia ya daba la vuelta al mundo. El símbolo que traspasó con una pelota de fútbol las barreras de la Argentina para convertirse en una leyenda mundial había partido.

Todo lo confirmó su abogado, Matías Morla, y al lugar llegaron inmediatamente su exesposa, Claudia Villafañe, y sus hijas, Dalma y Giannina, quienes viven en el mismo barrio. La policía no tardó en acercarse y colocar una cinta a unos 50 metros de la casa para evitar las concentraciones.

Nadie lo podía creer. Diego había dejado la clínica Olivos el pasado 11 de noviembre, después de ser operado de un hematoma subdural, y se mudó a una casa alquilada que estaba especialmente adaptada para que pueda continuar con su tratamiento por su adicción al alcohol. En los últimos días, su familia y entorno lo habían notado “muy ansioso y nervioso”, por lo que existía la posibilidad de trasladarlo a Cuba para su rehabilitación, donde ya había pasado unos años luchando contra su adicción a la cocaína.

Sin embargo, todos lo esperaban en un campo de fútbol, en el verde. Como cuando se le vio por última vez. Y es que su última aparición pública fue el 30 de octubre, en el día de su cumpleaños número 60 y en el regreso del fútbol argentino. Se jugó el partido entre Gimnasia y Esgrima −club que dirigía− y Patronato en el inicio de la Copa Liga Profesional, y la AFA le entregó una placa recordatoria. Hubo torta y hasta 500 fanáticos del ‘Lobo’ se reunieron en las puertas de su casa para celebrar su aniversario. Todo era felicidad, pero su cuerpo, su estado de salud nos decía lo contrario. Aquella tarde abandonó el estadio antes de iniciarse el cotejo y tres días más tarde fue internado en una clínica de La Plata.

El destino estaba escrito y hoy lo llora el mundo entero. Argentina se ha declarado en duelo nacional por tres días, mientras los restos del ‘diez’ serán velados en la Casa Rosada, donde se le podrá dar el último adiós.

La ceremonia será en una capilla ardiente montada en el mismo lugar donde hace diez años velaron a Néstor Kirchner.

Homenajes y lágrimas se derraman en distintas ciudades recordando a aquel niño que en una tarde de marzo de 1969 fue probado por Francisco Cornejo en las infantiles de Argentinos Juniors, un equipo integrado por pibes a los que se les denominaba ‘Cebollitas’, llevado de la mano por su amigo y vecino Gregorio ‘Goyo’ Carrizo. De ahí que uno de sus apodos fue Cebolla, aunque siempre aseguró que prefería Pelusa, aquel que lo acompaña desde que vio la luz por primera vez. “Cuando nací tenía pelos por todos lados, entonces me pusieron así. Miren que me han puesto apodos, pero Pelusa es el que mejor va conmigo porque me devuelve a la infancia en Fiorito”, explicó.

Montaña rusa

Diego vivió un vaivén de emociones desde que convirtió al balón en su mejor amigo. Nadie le dio las reglas del juego, él solo quiso ser y hacer feliz a los demás gracias al fútbol. Siempre auténtico. Su vida necesita volúmenes para abarcarla, pues se trata de una estrella mundial y de un ícono que lidió por años con los excesos, con las adicciones.

Debutó en la profesional el 20 de octubre de 1976, a diez días de cumplir los 16 años. Rápidamente deslumbró a los hinchas, pero a pesar de sus destellos quedó fuera de la selección que dos años después se consagraría campeón del Mundial de Argentina.

Un año después llegó la revancha, pues en 1979 se consagró campeón juvenil en Japón al frente de una generación fantástica. Se hizo ídolo en Boca Juniors, el club del que es hincha, y jugó en Barcelona. En 1984 llegó al Nápoles. Participó en la construcción de un equipo que hizo historia y hoy lo idolatran tras ganar dos títulos de Liga (1986-1987 y 1988-1989), una Copa Italia (1986-1987), una Copa de la UEFA (1988-1989) y una Supercopa de Italia (1990).

¿Y con la Albiceleste? El Mundial de México 86 pudo haber sido una campaña desastrosa, pues muy pocos creían en esa selección de Carlos Bilardo. Pero, contra todos los pronósticos, Argentina se consagró campeón del mundo por segunda vez en su historia. Maradona brilló con luz propia. Si tuvieran que elegir un solo partido de ‘D10s’, sin duda sería este. No existe un tramo de la vida más maradoniano que esos cuatro minutos que transcurrieron entre los dos goles que hizo el 22 de junio de 1986 contra los ingleses: “la mano de Dios” y “el gol del siglo XX”.

Después de tocar el cielo, el infierno se hizo presente. La gloria en el Mundial de Italia 90′ fue como un remate que explotó en el palo. El equipo de Bilardo y Maradona debió conformarse con la condición de subcampeones.

Con nuevos aires y paso de campeón, llegó en 1994 al de Estados Unidos, pero un examen antidopaje lo dejó en evidencia. Fue suspendido y sin él, sin recuperarse del golpe, la Albiceleste se despidió en los octavos de final al perder ante Rumanía por 3-2.

Maradona colgó las botas en 1997 y desde entonces tuvo muchos problemas de salud, y fue internado varias veces.

En enero de 2000 estuvo al borde de la muerte y fue internado de urgencia por problemas cardiacos. Cuando recibió el alta, viajó a Cuba para someterse a un tratamiento por su adicción a las drogas, de lo que su cuerpo jamás se recuperó. Dejó los campos, en medio de la ovación de sus hinchas, pero se mudó al otro lado, al banco de suplentes.

Dirigió a Mandiyú, Racing Club, Al-Wasl, Al-Fujairah y Dorados de Sinaloa, en México. Fue en esa etapa donde protagonizaba las principales portadas deportivas al codearse con jeques en Dubai, con quien firmaba contratos millonarios.

El mejor de todos también vistió el buzo de la selección argentina del 2008 a 2010. Con Maradona en el banquillo y Lionel Messi en el campo, la Albiceleste se clasificó de manera agónica para el Mundial de Sudáfrica 2010. Pero tras un promisorio comienzo, Argentina fue apeada del torneo al perder aparatosamente en los cuartos de final ante Alemania por 4-0.

Eso no lo amilanó y volvió a dirigir, pese a que se iba apagando poco a poco. Su cuerpo se resquebrajó, no pudo gambetear las consecuencias de años de excesos, adicciones, viajes y subidas de peso. Dejó de ser el de antes, el que sonreía cuando hablaba de fútbol, ya no se le escuchaba bien. Dirigía a Gimnasia y, pese a que ganaba en el verde, ya estaba por perder el juego. Quizás el día que él eligió, el mismo día del adiós de su amigo Fidel Castro.

Reacciones

Pelé, exjugador brasileño

“Qué triste noticia. Perdí a un gran amigo y el mundo perdió una leyenda. Aún queda mucho por decir... Un día, espero que podamos jugar juntos a la pelota en el cielo”.

Lionel Messi, futbolista argentino

“Un día muy triste para todos los argentinos y para el fútbol. Nos deja pero no se va, porque el Diego es eterno. Me quedo con todos los momentos lindos vividos con él. El pésame a toda su familia, QEP”.

Pep Guardiola, técnico español

“Lo que ha hecho (Diego Maradona) en el mundo del fútbol es increíble. Es difícil encontrar una persona o un jugador que amara este juego más que a él. En todos los sentidos”.

Cristiano Ronaldo, futbolista portugués

“Me despido de un amigo y el mundo se despide de un genio eterno. Uno de los mejores de todos los tiempos. Un mago sin igual. Descansa en paz. Usted nunca será olvidado”.

Javier Zanetti, exjugador argentino

“Elegí esta foto porque refleja la felicidad que sentí el día que compartí una cancha de fútbol con vos! Gracias por el fútbol! Gracias por todo lo que nos diste... Que descanses en paz, Diego!”.

Rafael Nadal, tenista español

“Hoy el mundo del deporte en general y el fútbol en particular tiene un vacío. Queda lo que hizo en el fútbol. Mi más sincero y sentido pésame al mundo del fútbol y a toda la Argentina”.

Carlos Tévez, jugador argentino

“Vos sos inmortal, nunca vas a morir, siempre vivirás en mi corazón!!! Te amo rey de reyes. No tengo palabras para explicar lo que siento ante tu ausencia. Serás eterno”.

Gianni Infantino, presidente de la FIFA

“Hoy es un día increíblemente triste. Nuestro Diego nos dejó. Nuestros corazones han dejado de latir por un momento. Nuestro silencio, nuestras lágrimas son para él. Merece nuestra eterna gratitud”.

Jorge Valdano, exfutbolista argentino

“No hay sitio mejor para despedirle que un estadio de fútbol. Solo por lo que hizo en esos 100 metros por 70 le valió la pena la vida. A él y a la gente. Hasta la pelota llora”.

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