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Así se vería la Tierra a través de un telescopio de otra galaxia

Si los seres de una lejana galaxia observaran la Tierra en este momento, verían un mundo habitado por dinosaurios. ¿Por qué? Te lo explicamos.

Distintas especies de dinosaurios habitaron la Tierra entre 225 y 65 millones de años atrás. Foto: Orlando Florin Rosu / Adobe Stock
Distintas especies de dinosaurios habitaron la Tierra entre 225 y 65 millones de años atrás. Foto: Orlando Florin Rosu / Adobe Stock
Ciencia LR

En el supuesto de que ahora mismo la Tierra fuese observada por una inteligencia extraterrestre en una galaxia a 70 millones de años luz, nuestro planeta se vería tal como era en la época de los dinosaurios. Otras más lejanas presenciarían quizás la primera vida acuática o un planeta joven con gran actividad volcánica. ¿A qué se debe esto?

Los eventos pasados son los únicos que podemos percibir. El motivo se debe al tiempo que demora en llegar a nosotros la información de los objetos que nos rodean, ya sea la luz que reflejan o el sonido que emiten. La diferencia entre ambas es abismal: la luz viaja a 300.000 kilómetros por segundo (km/s), mientras que el sonido lo hace a 343,2 metros por segundo (m/s).

Esa es la razón de que veamos la explosión de un pirotécnico antes de que oigamos su estruendo.

Al ser el espacio exterior un entorno casi vacío, el sonido no tiene cómo transmitirse, por lo que nuestro conocimiento sobre el universo se basa principalmente en la luz que refleja la materia (planetas, estrellas, galaxias, etc.)

El Sol, nuestra estrella más cercana, está ubicado a una distancia de 150 millones de km, por ende, la luz que refleja tarda 8,3 minutos en llegar hasta la Tierra. Es decir, vemos el Sol como era 8,3 minutos en el pasado.

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Distancias inimaginables

Por otro lado, para calcular la distancia de objetos más lejanos, los científicos usan como referencia el ‘año luz’, que es el recorrido de la luz durante un año en el espacio y representa 9 billones de kilómetros. Por esa razón, a medida que miramos más lejos también miramos más atrás en el tiempo.

Por ejemplo, cuando observamos la galaxia de Andrómeda, ubicada a 2,5 millones de años luz, la estamos viendo como era hace 2,5 millones de años. Además, si esta de pronto desaparece, tendría que transcurrir esa misma cantidad de tiempo para que lo notemos.

La situación sería similar si nosotros somos los objetos observados.

De ese modo, una civilización avanzada en el centro de la Vía Láctea (25.000 años luz de distancia) equipada con un telescopio capaz de mirar a través de la atmósfera terrestre, captaría a los grupos humanos nómadas que dormían en cuevas y cazaban a los animales del Pleistoceno.

Si nos observaran desde la galaxia NGC 2525, ubicada a 70 millones de años luz, y sus telescopios también lograran penetrar la atmósfera, verían a los dinosaurios dominando sobre la faz de la Tierra.

Y si alguien en el cúmulo de galaxias Abell 370, ubicado a 4.600 millones de años luz, apunta su telescopio hacia donde estamos, probablemente no encuentre nada, ya que la Tierra se formó hace 4.543 millones de años.

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Ahora podemos entender por qué la exploración de objetos muy lejanos —es decir, muy antiguos— con los telescopios, permite a los científicos estudiar cómo era el universo en sus inicios.