¿Por qué hay personas más resistentes al frío que otras?

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¿Quién no ha escuchado comentarios de allegados que juran sentir más los embates del clima? Estudio realizado en ciudad de Lituania ensaya una respuesta | Foto: Mikel Ponce / ABC
¿Quién no ha escuchado comentarios de allegados que juran sentir más los embates del clima? Estudio realizado en ciudad de Lituania ensaya una respuesta | Foto: Mikel Ponce / ABC

Experto en fisiología explica, mediante un estudio, que la habilidad de mantener el calor corporal solo le pertenece a gente con ciertas condiciones genéticas.

La eficiencia de equilibrar el calor corporal no la poseen todas las personas. Por ello, tras enfrentarse a una corriente de viento, algunos sienten más frío que otros. Aunque los motivos detrás de esta experiencia cotidiana continúan siendo misteriosos y anecdóticos, la comunidad científica ha presentado evidencias que nos acercarían a una respuesta convincente.

Un grupo de investigadores del Departamento de Fisiología y Farmacología en el Karolinska Institutet (Suecia), la Universidad del Deporte de Lituania y el Instituto de Investigación Infantil Murdoch (Australia) proponen que la mutación de un gen y la escasez de una proteína se relacionan con las diferencias en la percepción sensorial del clima.

El hallazgo fue publicado el 17 de febrero de 2021 en la revista The American Journal of Human Genetics (AJHG).

En primer lugar, los redactores del artículo científico expusieron que la proteína α-actinina-3, contenida en fibras de contracción rápida que realizan esfuerzos en poco tiempo, “está ausente en 1.500 millones de personas en todo el mundo”, debido a la codificación de un gen, por lo que se vuelven resistentes al frío.

Después de firmar un formulario de consentimiento, 42 hombres de entre 18 y 40 años de edad participaron en un estudio aprobado por el Comité de Ética de Investigación Biomédica Regional de Kaunas (ciudad de Lituania) a través de experimentos a doble ciego.

Aquellos participantes eran activos físicamente, pues practicaban deporte o ejercicios más de dos horas al día, no estaban expuestos al frío en sus entornos. No se incluyeron a personas con afecciones médicas o consumidores de termorreguladores.

Ellos ingresaron a un baño de agua a 14 °C y solo su cabeza sobresalía a la superficie. El experimento continuó hasta que sus temperaturas rectales descendieron a los 35,5 °C o, en su defecto, habían permanecido 120 minutos inmersos en agua fría. Entretanto, tomaron biopsias musculares para estudiar proteínas.

Entonces, concluyeron que los sujetos de estudio que no tenían α-actinina-3 conservaban mejor el calor corporal al tensar los músculos.

“Ahora podemos demostrar que la pérdida de esta proteína da una mayor resistencia al frío y también hemos encontrado un posible mecanismo para esto”, comentó Håkan Westerblad, autor principal del documento y profesor de tecnología celular y fisiología muscular en Karolinska.

Históricamente, subraya el estudio, esta característica habría sido de suma utilidad cuando los humanos migraron desde África “a los climas más fríos del centro y norte de Europa hace más de 50.000 años”.

En contraste, esta aparente ventaja afectaría a un porcentaje de la sociedad moderna al ponerla en riesgo de sufrir hipertensión u obesidad, contó Weterblad. Además, la carencia de la proteína en discusión perjudicaría el rendimiento de deportistas habituados al esfuerzo y la explosividad.