Estudian atmósfera de un ‘planeta imposible’ a 260 años luz de la Tierra [VIDEO]

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24 Oct 2020 | 20:22 h
A la izquierda, el Neptuno caliente; a la derecha, la estrella del sistema LTT9779 a escala | Foto: Ethen Schmidt / Universidad de Kansas
A la izquierda, el Neptuno caliente; a la derecha, la estrella del sistema LTT9779 a escala | Foto: Ethen Schmidt / Universidad de Kansas

El planeta es del tamaño de Neptuno y uno de sus años equivale a 19 horas terrestres. “No debería existir (...). Es un sistema extremo”, aseveró un astrónomo.

A más de 700 años luz, el planeta gigante y rocoso TOI-849b, 40 veces más grande que la Tierra, debería ser gaseoso como Júpiter si consideramos los cánones de la astrofísica. Asimismo, los planetas Kepler 47b y Kepler 47c, descubiertos por la NASA (2012), desafían a las mentes más lúcidas al orbitar un sistema doble de estrellas.

Por primera vez, Ian Crossfield, profesor asistente de física y astronomía en la Universidad de Kansas (KU), en Estados Unidos, y sus colegas midieron la luz del planeta LTT 9779b, un denominado ‘Neptuno caliente’ que no debería existir por su masa y la cercanía con su estrella.

Este nuevo estudio, subido a la revista Astrophysical Journal Letters, complementa a un artículo previo de Nature Astronomy por parte del profesor James Jenkins de la Universidad de Chile y un equipo de expertos.

El procesamiento de datos espectrales ha brindado nuevas luces sobre la composición atmosférica del planeta, gracias a los datos proporcionados por el Satélite de Sondeo de Exoplanetas en Tránsito (TESS, en inglés) y el telescopio Spitzer de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA).

Crossfield, primer autor del artículo, sugirió que LTT 9779b es irradiado por su estrella a más de 3.000 grados Farenheit —unos 1.645 °C—; a pesar de ello, su atmósfera se capta a través de luz infrarroja. Un año en esa región del espacio dura 19 horas si la comparamos con la Tierra. “Es un sistema bastante extremo”, aseveró.

Además, su composición rica en metales podría relacionarse a un pasado gaseoso cuyos vestigios siguen siendo buscados por los científicos.

“También podría ser que el LTT 9779b llegó a su órbita actual bastante tarde en el día, por lo que no ha tenido tiempo de ser despojado de la atmósfera. Las colisiones con otros planetas en el sistema podrían haberlo arrojado hacia la estrella”, había comentado Jekins en septiembre.

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Este ‘Neptuno caliente’ posee superficie sólida y es más abrasador que Mercurio, incluso el acero inoxidable se derretiría, expresó Crossfield.

“La luz infrarroja te indica la temperatura de algo y dónde están las partes más calientes y frías de este planeta”, añadió el experto. Luego, mencionó que allí la temperatura aumenta al mediodía, al contrario de la Tierra, donde la sensación térmica sube durante el atardecer.

Nicolas Cowan, del Instituto de Investigación de Exoplanetas (iREx) y McGill University en Montreal, ayudó en interpretar los resultados y dio su apreciación: “El planeta es mucho más frío de lo que esperábamos, lo que sugiere que está reflejando gran parte de la luz estelar incidente que lo golpea, presumiblemente debido a las nubes del lado del día”.

Aquel coautor también dijo que la luz de su astro posiblemente no se absorba tanto en el lado nocturno porque la energía se devuelve “en lo alto de la atmósfera”.

Según Ian Crossfield, el Telescopio Espacial James Webb está observando a LTT 9779b. A su vez, cuenta que el planeta en cuestión presenta fuentes de monóxido de carbono y dióxido de carbono en la atmósfera.

A diferencia de esta investigación, los astrónomos creen que los ‘Júpiter calientes’ —planetas extrasolares de masa similar al gigante del sistema solar— y los de clase rocosa sí perdieron toda o gran fracción de su atmósfera.

“Los ‘Neptunos calientes’ no son lo suficientemente masivos para evitar la evaporación atmosférica sustancial y la pérdida de masa”, propuso Crossfield respecto a este singular caso.

Del mismo modo, apuntó que para encontrar rastros de vida extraterrestre es necesario “demostrar que pueden hacer bien las cosas fáciles”. El presente estudio sería “la rueda de entrenamiento” o el punto de partida para adentrarse en conocimientos de acceso normalmente esquivo. Por supuesto, queda mucho trabajo.

“¿Cómo es capaz este planeta de retener su atmósfera? ¿Cómo se formó en primer lugar? ¿Era inicialmente más grande, pero ha perdido parte de su atmósfera original? Si es así, ¿por qué su atmósfera no es solo una versión reducida de la atmósfera? (...) ¿Y qué más podría acechar en su atmósfera?”, se cuestionó el profesor de la Universidad de Kansas.

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