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El balance de los cien días, por Marisol Pérez-Tello

A cien días de gobierno, el país necesita recuperar el rumbo, fortalecer la institucionalidad y convertir sus oportunidades en resultados.

Keiko Fujimori cambió hasta en dos oportunidades promesa de construcción de 3 mil colegios de su plan de gobierno.
Keiko Fujimori cambió hasta en dos oportunidades promesa de construcción de 3 mil colegios de su plan de gobierno. Foto: Presidencia

Nadie esperaba milagros. Sí era deseable que estos primeros cien días ayudaran a cerrar la polarización y la costumbre de buscar culpables. Si al Perú le va bien, nos va bien a todos; si le va mal, perdemos todos. Decir «se los dije» no resuelve nada.

Hay una oportunidad que no podemos desperdiciar: la confianza que conserva el sector productivo. Puede convertirse en inversión, empleo y crecimiento. Pero hace falta un norte. El gran ausente de estos cien días ha sido el rumbo. Un país que no sabe hacia dónde va difícilmente avanza.

También hay señales que preocupan. Es importante fortalecer nuestras relaciones con todos los países, especialmente con las principales potencias económicas. Pero cooperación no significa sumisión ni puede implicar renunciar a nuestra soberanía. El Perú debe relacionarse con el mundo desde sus propios intereses, con dignidad y autonomía.

Tampoco podemos normalizar los retrocesos en derechos humanos ni abrir paso a la impunidad. Las propuestas de amnistía que busquen impedir la investigación, el procesamiento y la sanción, cuando corresponda, son inadmisibles, vengan de donde vengan. Contravienen las obligaciones internacionales del Perú y debilitan la lucha por la verdad y la justicia.

El equilibrio de poderes es indispensable para la democracia. El Ejecutivo tiene la responsabilidad de gobernar y el Legislativo de legislar, fiscalizar y ejercer sus atribuciones. Pero preocupa que estemos entrando en un juego perverso, más parecido a una campaña electoral permanente que al ejercicio de las responsabilidades de gobierno y a una oposición constructiva, pero firme.

La delegación de facultades no puede convertirse en una excusa para no avanzar. La Constitución contempla distintas herramientas para legislar y dar prioridad a las iniciativas urgentes del Ejecutivo. Cuando hay claridad sobre lo que se necesita y voluntad de construir acuerdos, siempre hay caminos. La Cámara de Diputados no puede convertirse en una mesa de partes donde se decide qué ingresa, pero se pierde la capacidad de deliberar e incidir en lo que finalmente se aprueba.

En seguridad no bastan operativos, anuncios ni visitas a los penales. Se necesita una política pública sostenida, inteligencia para desarticular redes criminales y decisiones firmes que se cumplan. No se debe concentrar a los cabecillas en un mismo penal: podrían coordinar sus redes desde allí.

El sistema penitenciario exige firmeza y visión de futuro. En febrero de 2026, el INPE registraba 104.555 personas en los penales: 38.485 procesadas y 66.070 sentenciadas. El 95% de quienes hoy están presos volverán a la sociedad. Mi apuesta es la resocialización. La cárcel no puede ser una escuela del delito ni un centro de extorsión.

Eso exige control, tecnología, tratamiento y deshacinamiento. Y enfrentar la corrupción. Ningún plan funciona si la corrupción lo captura. Hay que controlar los recursos y asegurar que las decisiones se cumplan. La inteligencia debe servir para anticipar delitos, nunca para perseguir opositores.

Pero tampoco se trata de inventar soluciones simples para problemas complejos. Nada bueno es fácil. Se necesita capacidad, perseverancia y políticas públicas que pongan a las personas en el centro. No podemos perder de vista a quienes enfrentan mayores condiciones de vulnerabilidad: los pueblos indígenas, los niños y niñas, las mujeres y tantas personas que viven sin acceso efectivo a sus derechos y oportunidades. Gobernar también es mirar donde el Estado todavía no llega, escuchar, proteger y generar condiciones para que las personas puedan salir adelante. Necesitamos solidaridad, empatía y compromiso.

También debemos prepararnos para enfrentar los efectos de las lluvias y del fenómeno El Niño. No es momento de buscar a quién echarle la culpa por lo que no se hizo, sino de sumar capacidades y trabajar juntos para hacer, desde ahora, todo lo que esté a nuestro alcance.

No voy a fingir una confianza que todavía no existe. La confianza se construye cada día, con resultados. El país tiene oportunidades; necesitamos un gobierno que las convierta en seguridad, trabajo y esperanza.

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