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El mandato de masculinidad: Los hombres sí lloran, por Julissa Mantilla

Desde amenazas a parejas gays hasta agresiones sexuales, distintos casos demuestran cómo la violencia se alimenta de concepciones rígidas de masculinidad.

Julissa
Los hombres sí lloran | Nano Banana | La República

Una pareja almuerza tranquilamente y un sujeto se acerca a amenazarlos de muerte por ser gays. Unos adolescentes violan a un compañero en el bus escolar, frente a otros alumnos y tres adultos que no intervienen. Una mujer sale a correr muy temprano y un sujeto la agrede sexualmente. Cuando elladenuncia, las redes se llenan de comentarios de hombres que la culpan por la ropa y por la hora en que salió a correr. Una senadora usa la palabra “miedo” al referirse a un ministro y se desencadena un enfrentamiento violento entre senadores y ministros. Unos dicen que reaccionaron para defender a las mujeres y otros justifican la violencia porque se ofendió a un “héroe”.

Diferentes episodios que responden a un mismo patrón: masculinidades tóxicas que se construyen desde la infancia, cuando a los niños se les dice que “los hombres no lloran” porque deben ser fuertes yresponder a la violencia con más violencia.

La pregunta dolorosa es qué pasó con esos niños que querían llorar y no los dejaron, que fueron agredidos sexualmente y el miedo a que los consideraran menos hombres los hizo callar, que sufrieron bullying en el colegio y no recibieron el abrazo del padre sino el regaño por su debilidad.

Quizás van por la vida agrediendo homosexuales para distinguirse de ellos. Quizo violando a otros hombres, no por placer sino para feminizarlos. Quizás agrediendo a las mujeres que se atreven a actuar como los hombres que pueden correr a cualquier hora y con cualquier ropa. Quizás aplauden estas acciones en redes para sentirse validados. Quizás se exaltan ante la palabra “miedo” y tienen que demostrar que los hombres no se asustan.

El mandato de masculinidad tóxica está a la base de estas conductas y no se logrará cambiarlo mientras se siga reivindicando discursos autoritarios y roles tradicionales de “pelo cortito y faldas de medida adecuada”. Lo que urge es cambiar esos patrones tandañinos que están a la base de estas conductas tan dolorosas como violentas.

 

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