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Una evocación de la violencia, por Mirko Lauer

El reciente altercado en el hemiciclo peruano, entre el general EP (r) y el senador vinculado a Movadef, refleja tensiones históricas que aún perduran en el país.

Maravi y gianmpetri
Francisco Calisto pelea con Iber Maraví

No importa que se dieran la mano. El altercado ha sido algo más que un cambio de palabras en el hemiciclo. Al ubicarse al filo de un choque físico, el general EP (r), ministro del Interior, y el senador vinculado a la constelación Movadef son representativos más allá de lo personal. Encarnan la violencia que formalmente terminó a comienzos de los años 90 en el Perú.

La invitación del ministro a ir a darse golpes en la calle lo pinta como una persona con poco control de sus impulsos. Es sintomático que el parlamentario lo haya logrado provocar hasta ese extremo. Todo eso se sabrá apenas se divulgue exactamente qué se dijeron para que la sangre llegara tan cerca del río.

Quizás no es realmente lo que se dijeron. César Astudillo es un militar con una extensa foja en la captura de mandos subversivos en diversos puntos del país. Ese fue un obvio argumento para incorporarlo al gabinete, y quizás también para que su censura fuera el primer objetivo de los opositores en el Congreso.

Iber Maraví viene del cogollo de algo llamable el senderismo tardío, agrupaciones como el Fenatep magisterial, el Movadef y, ahora último, las huestes de Pedro Castillo. Se trata, pues, de un cuadro harto terruqueable a partir de su poco ilustre trayectoria, que tal vez es precisamente lo que Astudillo hizo.

Con la defensa cerrada de su ministro, Keiko Fujimori ha echado gasolina a unas brasas que ya estaban calientes. El llamado a la paz que ella hizo hace un par de semanas se ha ido al diablo. Juntos por el Perú y sus cuates buscaban un argumento para alojar sangre en el ojo y patear tableros de todo tamaño. Ya lo tienen.

De otra parte, el ingreso de los militares a la política por la vía de la alianza con la policía es una novedad que traerá cola. Por lo pronto, va a producir una confusión entre criminales comunes y amigos políticos de Maraví, yerno del notorio asesino senderista Hildebrando Pérez Huaranca, prófugo y desaparecido.

¿Por qué no llegaron a salir a la calle? ¿Maraví no quiso? ¿Las masas parlamentarias los mantuvieron separados? ¿O lo evitó Lourdes Alcorta por su cuenta? En otros siglos se hubieran batido a duelo. Ahora su odio va a ser arrastrado mediante otras personas.

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