
Abolió el tributo indígena. Liberó a los esclavos. Acabó con la pena de muerte y con la cárcel por motivos políticos e instituyó la libertad de prensa. Además, estableció el presupuesto, la administración pública y el servicio diplomático. Y, por fin, fundó el servicio marítimo en el Pacífico y el Amazonas. Se puede decir que con él comienza la República.
Ramón Castilla (1797-1867) fue excepcional tanto en su vida como en su muerte. Aquella ocurrió a caballo y en las pampas de Tarapacá, cuando había emprendido una revolución contra el régimen de Mariano Ignacio Prado.
Murió el 30 de mayo a las seis de la tarde, pero hay más vida que contar. Adelante, a unos 25 metros del más cercano de sus ayudantes, cabalgaba el mariscal. Por eso, debe haber muerto a las tres de la tarde, pero pasaron tres horas sin que esto se supiera. Cuando el corcel azabache llegó a una encrucijada, se detuvo, pero su jinete no podía darle órdenes. Solamente entonces, los subalternos llegaron hasta Castilla y descubrieron que estaba muerto.
Aparte de ello, su cuerpo tenía que durar cuarenta días más, ya que eso era lo que mandaban los rituales aimaras de su ancestro cultural. Su historia final fue secreta porque sus oficiales y su tropa no quisieron que el gobierno se enterara de que el alzado ya había muerto.
Un telegrafista muy imaginativo llamado José Castro Joo se encargó de transmitir a Lima, durante todo ese tiempo, movimientos de tropas y adhesiones que supuestamente estaba recibiendo Castilla, aunque ya descansara en su catafalco.
El yatiri José del Carmen Cóndor, sacerdote aimara, aparte de embalsamar el cadáver, atendió al ilustre presidente en su viaje al otro mundo tal cual indicaban los rituales de su vieja cultura.
En una conversación con Eugenio Castilla, sobrino de don Ramón, el yatiri le explicó que el morir es un proceso semejante al de la vida:
-Nace usted a la muerte mientras se va acostumbrando a la difuntez. Camina o navega por en medio de sus recuerdos, pero el tiempo no pasa, no se le va agotando como sucede en este otro lado. Allá, más bien parece que el tiempo va creciendo.
Ramón Castilla. Imagen: Difusión.
Eugenio miraba al yatiri como si no lo estuviera escuchando.
-La muerte nos rejuvenece porque nos lleva al comienzo de la vida. Eso lo saben todos, no solamente nosotros los aimaras.
Afuera comenzó a llover. Era como si lloviera para atrás, para el recuerdo.
A esas horas de la noche, el sobrino de Castilla y el yatiri eran quizás los únicos despiertos en Tarapacá, aparte de los dos soldados que montaban guardia frente a la iglesia donde se hacía el velorio.
-Los yatiris lo sabemos porque somos aimaras, y a los aimaras nos lo han contado nuestros abuelos, y a ellos los abuelos de nuestros abuelos, y por eso le puedo hablar de este camino que siguen los difuntos cuando despiertan y se encuentran debajo de la tierra, primero, y después navegando por el cielo.
Se detuvo un instante e hizo como si bebiera aire.
-Eso sí, no todos despertamos. Despiertan las almas de los guerreros, de los sabios y de los poetas, y por eso el alma del Mariscal, con los ojos bien abiertos, está caminando ahora por sus recuerdos.
El yatiri estaba cada vez más entusiasmado.
-¿Despertará el mariscal? Claro que sí… Ya está despierto y lo estará para siempre, como una bandada de cóndores que dan vueltas al mundo, como una flecha que cruza uno y otros mil cielos vacíos, como las manos, los pies, los ojos y el corazón de Túpac Amaru al juntarse y levantarse de nuevo y ponerse al frente de los nuestros otra vez y otra.
Había pasado sobre ellos una noche muy larga.
-Eso sí, le advierto que no debe repetir esto ni contar que yo se lo dije. Haga de cuenta que no he dicho una sola palabra.
Eugenio observó otra vez los cirios. Le pareció que, en vez de agotarse, ganaban altura, crecían.
Afuera, la noche dio paso a un día rápido y a otra noche, y a otra noche más.
*
Con Ramón Castilla se inicia realmente la República. Pero aún no se le ha dado el lugar que le corresponde en la historia. Es tiempo de hacerlo. Es tiempo de recordar a los mejores seres humanos que nuestro país ha producido. Castilla es uno de ellos.





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