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¿A qué se parece?, por Mirko Lauer

"La imagen de la polarización política del país no cuenta toda la historia. La actividad centrada en el espacio público tiene un centro y unos bordes más líquidos que los habituales". 

larepublica.pe
Lauer

La imagen de la polarización política del país no cuenta toda la historia. La actividad centrada en el espacio público tiene un centro y unos bordes más líquidos que los habituales. Quienes afirman estar actuando por ideología frisan el ridículo, pues su telón último es la sombra de la fechoría. Una política sin fondo y sin forma.

¿Qué tipo de guerra es esta que presenciamos hoy en la política? Ciertamente, no es una guerra religiosa, pues aquí hasta los sumos sacerdotes cambian de bando impúdicamente, y no hay credo capaz de resistir a tantos apóstatas dando vueltas orondos por el corral.

Ya se ha dicho que estaríamos ante una modalidad del todos contra todos, más que una guerra, una forma de locura colectiva, donde no hay manera de fijar una responsabilidad individual. Así, nuestros políticos vivirían en uno de esos banquetes desenfrenados que preceden a las plagas, que ya tocan las puertas mencionando los nombres de sus presas.

Lo de hoy sería una guerra de posiciones, pero solo si lo que está en movimiento fueran conjuntos ordenados, cada uno con un objetivo propio. Pero como lo único que todos ambicionan es la Presidencia (generalmente sin mayoría en el Congreso), la guerra se parece más al juego de la búsqueda del tesoro.

Pero si de juegos se tratara, hay que pensar más bien en las damas chinas, donde se salta por encima del propio y del contrario para adelantar la ficha del momento, o en aquellos donde se retira al contrincante del tablero, lo que se llama comerlo. Pero nótese que en la política peruana los comidos tienden a regresar.

Con tanto movimiento y tanto cambio de bando, la comparación con una guerra se debilita por todas partes y surgen, como acabamos de ver, otros modelos de confrontación humana. Uno es el juego, otro es la rapiña. Imaginemos un enorme mercado donde pulula gran cantidad de carteristas a rostro descubierto.

A la postre, la imagen que se nos ofrece de la política es una de grupos con poca permanencia, que no están haciendo nada de lo que afirman estar haciendo. Incluso quizás ni siquiera se están enfrentando unos con otros. Por momentos mueve a pensar en un concurso de baile. Raperos, micrófonos, escritorios.

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