El supermosquito del Minsa

El dengue sigue en aumento pero al zancudo transmisor se le combate con un plaguicida ineficaz que lo inmuniza. El problema no es solo el insecticida. El superinsecto trae otra amenaza: la chikungunya.El Informante

17 Mar 2015 | 1:38 h

Ricardo Uceda
El Informante

El crecimiento de las infecciones de dengue sigue alarmando a las poblaciones del norte. En Tumbes, donde se reportan 660 casos, no se salvan ni las autoridades. El alcalde, Manuel de Lama, ingresó al hospital con los síntomas característicos –fiebre, dolores óseos– y está en cuarentena. También cayó el alcalde de Matapalo, Nevi Correa. En Piura hay como ochocientos casos. Allí los mototaxistas portan anuncios que recomiendan medidas preventivas. En oficinas públicas se aprecian afiches con la foto del insecto culpable,  con título digno de un secuestrador: SE BUSCA.

SOLUCIÓN: MATARLO

El virus del dengue es transmitido por un mosquito milenario, el Aedes aegypti, probablemente más antiguo que los humanos. Mide cinco milímetros y es blanquinegro, con rayas en el dorso y las patas. Puede estar presente en cualquier recipiente doméstico que acumula agua. Allí pone sus huevos. Transmite el dengue cuando la hembra pica a una persona infectada y luego a otra sana. Por eso los enfermos deben estar aislados y en una cama cubierta con una tela o gasa que impida el acceso de insectos. Sin embargo, aunque existen diversas medidas de prevención, el control del dengue depende exclusivamente de una cosa: matar al mosquito. En esas estaba el alcalde Manuel de Lama cuando fue picado.

En febrero pasado De Lama participó en la fumigación de más de 1,600 viviendas en Tumbes y Zorritos. Ochenta personas rociaron de insecticidas por arriba y por abajo en las zonas vulnerables. El temor de las autoridades no es solo una mayor incidencia del dengue sino la posibilidad de que en el Perú se instale la fiebre chikungunya, también causada por el Aedes aegypti. Produce cuadros de fiebre, eritema y un dolor muscular que encorva a los infectados. En Ecuador hay más de doscientos casos en las provincias de El Oro y Guayaquil, lo que haría suponer que la enfermedad puede saltar hasta aquí. Pero todos los pacientes con chikungunya que hay en el Perú han sido picados en Ecuador o en otros países. De este lado de la frontera fueron diagnosticados y aislados. Ningún mosquito peruano ha podido picarlos y transmitir el virus a una persona sana.

LOS EXPERIMENTOS

Sin embargo, la chikungunya puede instalarse en el Perú en cualquier momento. Porque, no obstante los esfuerzos, las labores de prevención, las fumigaciones, el mosquito pica con una nocividad varias veces superior a la de años anteriores. ¿Cuál es la causa? Quizá un descubrimiento que hizo el Instituto Nacional de Salud (INS) pudiera explicarlo.

Las autoridades de salud fumigan con insecticidas tipo piretroide, principalmente cipermetrina, cuya eficacia debe ser evaluada periódicamente. De acuerdo con lineamientos de la OMS, la aplicación debe suspenderse cuando se descubra resistencia. En setiembre del 2014 un equipo del INS hizo una evaluación en diversas poblaciones de Loreto, la zona de mayor prevalencia del dengue. En el monitoreo, unos trescientos mosquitos son rociados con insecticida y se comprueba cuántos quedan con vida  al cabo de una hora y cuántos al día siguiente. Resultó que el Aedes aegypti sobrevivía por encima de lo esperado. La resistencia debía ser comprobada con nuevos experimentos.

A propósito de este hallazgo el entonces director regional de Salud de Loreto, Yuri Alegre, escribió a la ministra del sector, Midori de Habich. Estaba enterado porque el INS hizo el estudio en colaboración con la región. En su carta Alegre llamó la atención sobre la resistencia que estos mosquitos presentaban a las sustancias que supuestamente debían matarlos. Le pedía  a la ministra “tomar en cuenta estas evaluaciones para la adquisición de insecticidas”. Según las primeras pruebas, era preciso cambiarlos.

HABÍA MUTACIÓN

En noviembre del 2014 y en enero pasado el INS culminó nuevos monitoreos. Estudió los efectos bioquímicos que los insecticidas comunes causaban al mosquito, y las consecuencias genéticas en su ADN. Había habido una mutación. Las nuevas generaciones de mosquitos eran inmunes a la cipermetrina. Amplió el radio de los experimentos y encontró lo mismo en toda la región Loreto, en Piura y Ucayali. Los reportes fueron enviados por el jefe del INS, Ernesto Bustamante, a las más altas autoridades del MINSA, conforme los estudios iban siendo validados.

Sin embargo, estos informes no produjeron un cambio de insecticida. El 19 de diciembre del 2014, el ministro de Salud, Aníbal Velásquez, emitió una resolución autorizando la compra de 7,432 litros de cipermetrina a SERFI S.A. Una operación directa, sin licitación, permitida por la Emergencia Sanitaria decretada en setiembre pasado ante el inminente riesgo de la chikungunya. La compra permitirá fumigar más de un millón de viviendas en riesgo. La resolución abunda en excusas de índole administrativa respecto de las facultades para gastar el millón de soles implicado, pero hay una sola justificación sanitaria. “Debe indicarse –dice– que la cipermetrina es un insecticida piretroide eficaz para las actividades del control vectorial, habiendo sido requerida su adquisición para enfrentar la emergencia sanitaria antes señalada”.

FUMIGANDO MÁS

Allí está el detalle. Porque para entonces ya el MINSA sabía que la cipermetrina era inútil. En noviembre del 2014 el INS publicó el estudio sobre los efectos bioquímicos y genéticos de los insecticidas piretroides en el mosquito del dengue, descubriendo una “resistencia generalizada”. El INS trabajó con lotes de diez mil mosquitos recién nacidos, a partir de larvas recolectadas en la localidad de Punchana, Iquitos. Las resistencias estaban asociadas a la mutación de un gen. Pero había un insecticida del grupo de los organofosforados, formulado a base de Malation, que sí era eficaz. El INS recomendaba su uso.

En enero y febrero del 2015 el INS realizó nuevas pruebas en otras siete localidades de Loreto y en diez de Piura, encontrando lo mismo: resistencia a la cipermetrina y eficacia del Malation. El estudio en Punchana, suscrito por la bióloga Miriam Palomino, del Laboratorio de Entomología del INS, indica el motivo de que la cipermetrina no sea eficaz: desde 1990 en el Perú solo se emplearon piretroides en ultra bajo volumen para combatir el dengue. Y desde 2013, cuando la enfermedad creció, los emplearon más, “realizando varias aplicaciones de insecticidas al año”.

EL SUPERMOSQUITO

De modo que mientras las autoridades regionales de Salud creían estar combatiendo más y más el dengue, fumigando con frenesí, más y más fortalecían al Aedes aegypti. Crearon un supermosquito. Los almacenes del MINSA están repletos de cipermetrina, y lo mismo en las regiones, en 19 de las cuales vuela el zancudo del dengue. Las regiones reciben plaguicidas del MINSA pero también compran directamente, tomando como referencia lo que adquiere el ministerio. Dicho esto, ¿qué hacer? 

Alejandro Llanos, un reputado infectólogo que hace unos años dirigió exitosamente una campaña para combatir la malaria en cinco países latinoamericanos, asegura que no basta que el  insecticida sea eficaz. La fumigación más exitosa siempre dejará algunos vivos que se reproducirán en pocas horas y seguirán multiplicándose mientras la población no aprenda a eliminar los criaderos de larvas en su entorno. Reclama una estrategia que involucre varios sectores públicos, con una fuerte decisión política. “Si no, cuando la chikungunya llegue, lo que ocurrirá de todas maneras, tendremos aquí un problema nunca visto”.

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