El Indio Solari: La última gran bestia pop

Esta es la historia del músico que, hace unos días, reunió a 400 mil personas en un concierto que resultó mortal. Ni Charly García ni Gustavo Cerati. El 'Indio' Solari es el fenómeno más grande del rock argentino. Un mito popular a la altura de Perón y Maradona. Una leyenda viviente.

No sale en la tele. En 30 años de carrera solo ha dado dos entrevistas en televisión, una en 1985 y la otra en 2016. No publicita sus conciertos. No contrata avisos ni pega afiches. Basta un post, un tuit en redes sociales, y luego es cosa de dejar que se active el boca a boca. No necesita de los medios; los medios lo necesitan. Da uno o dos conciertos al año y el resto del tiempo lo pasa encerrado en su residencia de Parque Leloir, un barrio mesocrático de Buenos Aires. Recluido en su estudio. Leyendo. Sin contacto con periodistas, gente del show business ni fans.

Alimentando el mito.

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Carlos el 'Indio' Solari (68) no es el rockero más popular que ha dado al mundo Argentina, una nación pródiga en rockeros populares. Su celebridad está muy lejos de la de Gustavo Cerati, Charly García o Fito Páez. Fuera de su país apenas si es conocido. Pero desde hace por lo menos 15 años no hay en Argentina otro artista que genere la devoción que él genera. En muchos barrios del conurbano, en muchas villas y en muchas provincias del interior, están el Diego y luego él. Y a veces primero está él. Es un mito viviente.

Ni Charly ni Fito ni Andrés (Calamaro). El 'Indio' es el único que puede congregar en un recital a más de 100 mil asistentes pagantes y hacerlo no en Buenos Aires sino en una ciudad del interior, más pequeña, a la que llegar puede tomar 15 o 20 horas de viaje.

Solo el 'Indio' puede reunirlos a todos ellos casi sin promoción, y solo él puede hacer que esos 100 mil o 200 mil (Tandil, 2016) o 400 mil fanáticos (Olavarría, el sábado 11) se unan para crear ese huracán de locura que otros músicos miran con envidia y que los amantes del rock llaman, llenos de fascinación, "el pogo más grande del mundo".

Pero, como en el cómic, un gran poder conlleva una gran responsabilidad. Convocar a esa descomunal fiesta tiene riesgos. Y esa realidad se hizo patente hace unos días, en el concierto de Olavarría, donde el frenesí de la masa terminó con, al menos, dos muertes y un decena de heridos.

Como cantó él mismo tantas veces, fue una noche de cristal que se hizo añicos.

 

La 'misa ricotera'

El 'Indio' no sería 'El Indio' (el fenómeno, el mito) sin Patricio Rey y los Redonditos de Ricota.

"Los Redonditos", "Los Redondos", "Los Redo", fueron durante 25 años la banda de la contracultura argentina. Surgieron en 1976, no en Buenos Aires sino en La Plata, como un combo de artistas que combinaban el rock con actos teatrales, lecturas de poemas y danzas eróticas. Los líderes eran tres. El 'Indio', un hippie expulsado de Bellas Artes, cineasta experimental y escritor, influenciado por los beatniks, la ciencia ficción y el comic. Eduardo 'Skay' Beilinson, un guitarrista superdotado, amante del blues y la psicodelia. Y Carmen Castro, la 'Negra Poly', estudiante de teatro, responsable del concepto de los shows y, con el tiempo, manager, "madre", centro y punto de equilibrio del grupo.

El nombre surgió porque un miembro de la tropa solía preparar buñuelos de queso ricota y repartirlos gratis en los primeros recitales. La receta la había sacado de un libro escrito por una tal Patricia Rey. Durante años la gente pensó que el 'Indio' era Patricio Rey. La banda mentía que el tal Patricio era su misterioso mecenas. Hacia el final de su historia, Solari les decía a sus fans: "Patricio Rey somos todos".

Calaron en la gente por sus canciones: las guitarras filosas de 'Skay', los pianos, los saxos, la peculiar voz del 'Indio', sus letras crípticas pero tan sugestivas. Pero también –y quizás sobre todo– calaron en la gente por esa actitud de independencia ante el sistema, ese rollo de cero entrevistas, cero publicidad, cero discográficas. Mientras el rock argentino de los ochenta reventaba en todas las radioemisoras de Latinoamérica y se prestaba al playback, al show del mediodía y jugaba todos los juegos que había que jugar, Los Redondos avanzaban por su propia ruta, mostrándole el dedo medio a toda la industria.

Para los noventa, sus conciertos ya eran multitudinarios, y peligrosos. En 1991 murió un fanático después de ser detenido por la Policía afuera de un recital en el estadio Obras. En 1994 se produjeron disturbios en la cancha de Huracán, que hicieron que la banda decidiera no tocar más en Buenos Aires. Durante cuatro años mantuvieron su promesa.

Fue por esa época que empezaron a girar por las provincias. Para verlos había que salir de la capital. Así nacieron las llamadas "misas ricoteras". Verdaderos festivales en los que primero decenas y luego cientos de miles de personas tomaban las ciudades, acampaban en los parques, se bebían todo el alcohol que había y después del recital volvían en caravanas, en buses, camiones y autos a sus lugares de origen.

En noviembre de 2001, el 'Indio', 'Skay' y la 'Negra Poly' rompieron palitos. Años después se sabría que la razón fue una disputa por la propiedad de las grabaciones. El 'Indio' y 'Skay' iniciaron carreras solitarias. Al guitarrista no le fue mal (su primer disco es fantástico).

Pero lo del 'Indio' fue increíble. Se volvió un mesías.

 

Muerte en Olavarría

Solo un hombre puede convocar al "pogo más grande del mundo" –el 'Indio'– pero solo puede hacerlo con una canción. Una canción del segundo disco de Los Redondos –Oktubre (1986)–, con la que suele cerrar los conciertos. "Jijiji".

Nadie sabe de qué va, aunque interpretaciones no le han faltado. Recién hace unos años Solari se animó a revelar su significado: "Va un poco de la paranoia de la droga... No lo llamaría de la experiencia con las drogas (...) sino que está hablando simplemente de cuando alguien está a la deriva en una situación".

Sin "Jijiji", una "misa ricotera" estaría incompleta.

El pasado sábado 11, Juan Francisco Bulacio (36) y Fernando Javier León (42), dos fanáticos que habían llegado a Olavarría con sus respectivas familias, esperaban, junto a otras 400 mil personas, que el momento de "Jijiji" llegase.

Pero no pudieron vivirlo.

Había tanta gente, tanta euforia y tan poco control que el 'Indio' tuvo que parar hasta tres veces a pedir que se calmaran. Cada avalancha hacia las vallas delanteras terminaba con chicos en el piso, golpeados, a punto de ser aplastados.

El parte oficial dice que ni Bulacio ni León murieron por aplastamiento. Sufrieron paros cardíacos. León estaba con su familia cuando sufrió una descompensación y tuvo que ser llevado al hospital de emergencia. Llegó muerto. Con Bulacio no está claro qué ocurrió. Veintiséis años atrás, el chico de Obras que murió por golpes de la Policía también se apellidaba Bulacio. Fue un cruel guiño del destino.

¿El 'Indio' tuvo responsabilidad en esta tragedia? Muchos líderes de opinión en Argentina creen que sí. Le critican que se empecine en hacer solo un concierto al año, en su afán de generar "el pogo más grande del mundo", cuando bien podría hacer media docena en recintos más pequeños. Le dicen que con tanta "guita" recaudada debió invertir mucho más en controles, seguridad y señalizaciones. "A vos te importá poco el que te sigue", le dijo el popular conductor de televisión Alejandro Fantino, "vos lo único que querés es mantener esa cosa del Dios, del Dios que se sube al avión y que se va a hacer el único show de las 400 mil personas".

El 'Indio' ha respondido a su estilo: en una carta a un amigo, difundida por Facebook, anunció que se mantendría al margen de todo. Igual será citado por la Fiscalía. Muchos temen que lo ocurrido en Olavarría lo decida a decir basta. Parar. Hace un año reveló que tenía Parkinson y que su futuro no era largo. No necesita nada más. Es un mito y está vivo. (O.M.)

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