Ántero Flores-Aráoz

“La reconciliación ahora me parece un imposible”

Ex ministro de Defensa. Ex presidente del Congreso. Ha sido diputado (1990-1992), miembro del CCD (1992-1995) y parlamentario por Lima (1995-2006). Ex presidente del PPC. Es abogado por la PUCP.

Maritza Espinoza

Domingo, 7 de Enero del 2018

Su nombre suena cada vez que hay un cambio de gabinete, pero Ántero Flores-Aráoz asegura que, por lo menos esta vez, nadie lo ha llamado. Desde su oficina de San Isidro, puro en mano, el veterano político, ex dirigente del PPC y ministro de defensa en el segundo gobierno de Alan García, echa una mirada a la coyuntura y muestra su escepticismo sobre eso que algunos llaman “reconciliación nacional”.

¿Qué debemos entender por el gabinete de reconciliación que ha anunciado PPK?

Mira, llamar gabinete de reconciliación es ponerle un adjetivo innecesario, que, además, no tiene contenido, porque, si bien suena bonito, no va a ser factible. Yo entiendo un gabinete de reconciliación cuando te peleas, te amistas y luego acuerdan llevar un camino común. Pero acá ha habido pelea, no se han amistado aún y no hay camino común. Entonces, ¿qué reconciliación puede haber?

Además, habría que preguntar: ¿la reconciliación de quién con quién?, ¿PPK con el pueblo?, ¿PPK con el fujimorismo?, ¿El fujimorismo con el otro fujimorismo?

Hay dos reconciliaciones, evidentemente. Una reconciliación del gobierno con el pueblo, que está crispado, pero eso se hace con el tiempo y resolviendo los problemas de la gente, que no se están resolviendo. Pero la principal reconciliación, y donde creo que ha apuntado esta etiqueta que le han puesto, es buscar, más que un armisticio, un camino común con los sectores opositores del Congreso.

¿El fujimorismo específicamente?

No solamente el fujimorismo. ¡Con todos! Porque PPK no tiene aliados en el Congreso. En consecuencia, todos son opositores con diferente intensidad, pero no hay uno que puedas decir “este es mi amigo y con este cuento”.

Ahora incluso tiene opositores que se han escindido de su propia bancada…

Así es. Además, en cada bancada ha habido fricciones por el tema de la vacancia y tú ves que están enfrentados gente del Apra entre sí, las izquierdas, inclusive la de Acción Popular. Y ya has visto cómo ha votado la bancada de César Acuña. No hay una bancada que se salve. Entonces, ¿con quién vas a reconciliar, si todavía no ha habido reconciliación en cada partido?

¿En este momento es imposible una reconciliación?

La reconciliación me parece un imposible. Es una etiqueta muy bonita, pero que, además, el término “reconciliación” viene desprestigiado desde la Comisión de la Verdad, porque se le puso también ese adjetivo y no hubo reconciliación alguna. Todavía está en camino.

En ese contexto, el factor de reconciliación que se pretendía con el indulto, ¿puede funcionar?

Tiene que haberlo, pero primero tiene el fujimorismo que solucionar su problema interno…

¿Pero no ha azuzado más las confrontaciones dar el indulto tal como se ha hecho?

En algún momento se iba a dar, pero tantas veces ha sido manoseado que eso mismo fue creando crispación en los sectores fujimoristas. Además, todos sabemos que se iba a dar de todos modos a fin de año, porque ya no lo podían aguantar más. Lamentablemente, esto ha coincidido con el tema de la vacancia…

¿Cree que ha sido una coincidencia realmente? ¿No piensa que fue un indulto negociado?

Puede haber sido negociado, no lo sé, pero si no se hubiera dado lo de la vacancia, estoy convencido de que se hubiera dado el indulto de igual manera. El tema de la oportunidad es lo que ha causado la fricción.

¿Y qué le parece que la premier Mercedes Aráoz diga que, con el perdón de los deudos, es momento de olvidar?

El perdón es una cuestión muy cristiana, pero no necesariamente es olvido. Tú puedes perdonar, pero no olvidar. Tú puedes perdonar, pero eso no significa que haya dejado de ser delito lo que fue condenable. Y si bien tú das un perdón y el que lo recibe, seguramente, es grato contigo, pero es también lógico y predecible que los sectores donde hay deudos se molesten, porque esperan un pedido de disculpas que se note real, sincero.

¿Y el pedido de disculpas de Fujimori no le pareció real ni sincero?

Me parece insuficiente para no decir que fue insincero. Tú tienes que decir por lo menos: “Oigan, en mi régimen hubo graves errores y, sí, se cometieron estos actos que son delictuosos, por más que yo no los haya ordenado, y pido perdón por eso, y me disculpo, y me apena muchísimo lo que están sufriendo sobre todo los deudos que no han podido enterrar a sus hijos, a sus maridos…". Entonces, falta bastante de eso…

¿Empatía?

Así es. El deudo requiere, más que saber que perdonaron al supuesto victimario, que haya una cuestión de conmiseración, de aprecio, un “Te apapacho. Qué pena. Nunca deseé que eso pasara”.

Y en ese sentido, ¿qué efecto tiene que la primera ministra les diga “ya, olviden”, y que empiecen a pagar reparaciones como si el dinero reparara el dolor?

Pensar que el dinero lo resuelve todo no es real. Quizás muchas de estas personas no necesiten ni un centavo. Es cuestión de un acercamiento emocional.

¿El presidente debió siquiera recibir a los deudos antes de dar el indulto?

Yo creo que, con indulto o sin indulto, siempre hay que tratar con la gente que se siente afligida. Y, sí, ha faltado eso, y seguramente lo hará el presidente Kuczynski en algún momento. Lo conozco muchos años, es un hombre de buen corazón.

Es curioso que ni el presidente Kuczynski ni Fujimori mencionen la palabra “delito” en sus discursos en torno al indulto.

Son delitos. Indiscutiblemente. Desapariciones forzosas las ha habido. Ha habido también enfrentamientos armados, porque la policía y la fuerza armada tenían que recuperar el orden público, que es muy diferente. Pero lo de la Cantuta no fue combate. Y lo de Barrios Altos no fue combate.

Los fujimoristas siempre dicen: “Estos jóvenes que marchan son zombies llenos de odio a los que los caviares les han lavado el cerebro”. ¿Es justo tratar así a la indignación juvenil?

Yo creo que no es adecuado y falta también mucho explicar a la gente joven, por qué el perdón y por qué no pueden seguir anclados en los odios antiguos. El país sí necesita una reconciliación, pero no ayuda mucho cuando no lo explicas. La gente mayor, sobre todo en Lima que ha sufrido Tarata, que ha visto casos muy duros, es gente que ha vivido eso, pero la gente joven no lo sabe… Yo no creo que estos chicos tengan odio ni mucho menos. Lo que tienen es fastidio, porque no entienden bien lo del perdón, que es absolutamente cristiano.

Todos hablan de la terrible crisis que estamos viviendo. Para usted, político de tan larga trayectoria, ¿cuál ha sido realmente la peor crisis que ha visto en un gobierno?

La del 5 de abril del 92. La peor que hemos vivido, porque hemos visto sus consecuencias. Acá teníamos la intuición de que esto era grave. Bajarse a un presidente evidentemente genera un descontrol hasta de la economía. Entonces, tú intuías que esto, si se daba, iba a causar mucho daño al país. Por eso hay gente como yo que hemos estado en contra de la vacancia, porque afecta al país en su conjunto.

Hay quienes dicen que el riesgo de la vacancia no ha sido conjurado, dada la debilidad con que se está manejando PPK.

¿En qué otra forma lo pueden manejar? Están haciendo lo que es adecuado en este momento, que es recomponer el gabinete. Con buen criterio, están diciendo que la señora (Mercedes) Aráoz se quede, porque es la única persona que puede ser primer ministro sin necesidad de pasar nuevamente por las horcas caudinas (en alusión a una batalla entre romanos y samnitas en el año 321 antes de Cristo).

Se lo han preguntado y le pregunto de nuevo: ¿ha sido llamado en algún momento para integrar el gabinete?

Varias veces se ha conversado, pero yo la verdad que he volteado página y creo que hay otras personas más jóvenes que pueden hacer las cosas. Yo ya me comprometí muchos años y creo que he sido eficiente en lo que he hecho.

Pero en un gabinete que necesita a gritos muñeca política, ¿no aportaría?

Seguramente aportaría, pero también puedo aportar con mis comentarios, si me llaman y me piden un consejo. Hay una forma también de aportar, que la hago, que es el ser una especie de bombero honorario. [Risas] Echo agua todos los días para que las cosas no se calienten demasiado, porque necesitamos un ambiente propicio para que haya inversiones.

¿Ha estado echando un poco de agua fría a este caldero también con el presidente? Tengo entendido que se ha reunido con él varias veces.

Tanto como varias, no. Me he reunido dos veces, un día jueves de hace unas semanas y al día siguiente, viernes. Me pidió opinión de cómo veía la situación general del país y, como yo pongo inyecciones sin anestesia, pues le dije cómo veía las cosas. Fue con relación a la vacancia.

¿Qué fue lo más duro que le dijo al presidente?

[Risas] Tendría que decirte él, no yo.

Usted ha hablado mucho de que Fujimori debe reconciliar a sus hijos, pero es evidente que hay dos fujimorismos…

¡De repente hay hasta tres!

¿Ah, sí? ¿Conoce de otro?

Del originario, de Alberto Fujimori, y muchas personas de las que estuvieron en sus parlamentos anteriores y en cargos ministeriales, siguen creyendo mucho en él.

Claro, pero se supone que está alineado con el kenjismo, ¿no?

Relativo. Hay gente que cree solo en Alberto Fujimori y no en alguno de los dos hijos. Yo espero que el ex presidente Fujimori tenga suficiente criterio para, estando ya afuera, con un indulto –que no puede revertirse, además–, tenga la suficiente inteligencia de no perturbar la cuestión política en el país. Lo que sí tiene es la obligación de padre de buscar la reconciliación de sus hijos.

Usted ha dicho que un indulto no se puede revertir, pero se dio en el caso de José Enrique Crousillat, cuando lo encontraron haciendo shopping en “Eisha”.

Eso fue una barbaridad. Que el señor Crousillat se la ganó, se la ganó. ¡Por burro! Pero que un indulto se pueda quitar, oye, en ninguna parte del mundo. Esta aberración que hubo en el Perú fue para el aplauso, pero jurídicamente pasará a los anales de las barbaridades jurídicas cometidas en el país.

¿Es irreversible el indulto a Fujimori así de pronto se ponga bien de salud y empiece a candidatear?

Así es. Quedó además rehabilitado. No es cuestión de que hayan sido olvidadas las cosas por las que se le han condenado. Fue condenado y las sentencias son firmes. En la práctica, un indulto es: “Te reduzco la pena, pero no olvido lo que hiciste. Siempre fue un delito. Desde ahora quedas perdonado y, en consecuencia, rehabilitado para la sociedad”.

Y ya que estamos hablando de reconciliación, ¿cómo van sus relaciones con Lourdes Flores, con quien ha tenido fricciones?

Fueron más que fricciones. Con Lourdes Flores tengo la mejor relación social, pero estar juntos de nuevo políticamente, no, por varias razones: uno, porque fui afectado, y dos, porque yo ya volteé la página. Siempre he dicho, además, que uno debe ser candidato encima de los 50 y debajo de los 75, y yo ya voy a cumplir 76.

¿Nunca más una candidatura?

¡Nunca más! Ni siquiera de la junta de vecinos de mi barrio. [Risas] Otra cosa puede ser, ¿pero candidatear? ¡Ni hablar!

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