Reconstrucción

Cirugía para mujeres agredidas

La cara más brutal de la violencia de género son las mujeres desfiguradas por sus parejas. Un mes después del convenio que firmaron la oenegé Flora Tristán y el cirujano Mario Cabani, varias mujeres han accedido a una operación de reconstrucción facial gratuita. La iniciativa es un faro que las alumbra en medio de la tragedia.

Juana Gallegos

Domingo, 3 de Diciembre del 2017

En la cara y en el vientre. Cuando los agresores hacen daño se concentran en dos partes del cuerpo de las mujeres. En la cara y en el vientre. Es un patrón.

Les tiran puñetazos en la cara hasta romperles la nariz, los pómulos, el mentón, les patean la frente sin piedad, les clavan botellas rotas en las mejillas una, dos, tres veces, les echan ácido, las rocían con kerosene, las queman.

Si están embarazadas, les patean el vientre para matarlas dos veces, a ella y al hijo.

A Katherine Junco (27) el conviviente la roció con kerosene mientras ella estaba echada en la cama y, sin titubear, prendió un encendedor y se lo tiró en el pecho porque ella quería terminar la relación. A Consuelo Ayala (42) el marido le clavó varias veces un cuchillo en la cara coronando así varios años de maltrato. A María (22) de Cusco –no podemos revelar su nombre real por protección– el ex esposo le tiró ácido en la cara porque se negó a volver con él. Ahora vive en Lima, en un albergue, temerosa de que en algún momento el agresor aparezca, pues la policía aún no lo ha capturado.

"Desfigurarlas es la manifestación máxima que hace el agresor de su poder sobre la víctima. Está diciéndole: este cuerpo me pertenece y hago con él lo que me dé la gana, y si quiero, te puedo matar", dice Ivonne Macassi, abogada de Flora Tristán.

A inicios de noviembre, esta oenegé firmó un convenio con la Clínica Cabani, un centro de cirugía estética de San Borja que se ha comprometido a realizar operaciones de reconstrucción facial, gratuitamente, a las mujeres que han sido desfiguradas en un hecho de violencia.

Desde el lanzamiento público, Flora Tristán ha recibido varias llamadas telefónicas de mujeres anónimas solicitando una consulta médica.

"Las hay y están desamparadas y viven rememorando el infierno que vivieron con sus parejas o ex parejas cada vez que se miran al espejo y ven las marcas que dejó la violencia en sus cuerpos", agrega Macassi.

Ahora mismo se está evaluando el caso de una mujer que tiene múltiples heridas en la cara producto de años de golpizas del marido.

Antes de pasar por el quirófano, la oenegé deberá tener la certeza de que se trata de una sobreviviente de violencia. Luego acompañarán a la mujer a la clínica para una primera cita con el cirujano.

María, la cusqueña que tiene el rostro desfigurado por el brutal contacto con el ácido, ha iniciado un proceso de ablandamiento de cicatrices como tratamiento previo para una pronta operación.

Mientras tanto, en la clínica Cabani otras mujeres ya han sido operadas y se están recuperando.

Juntar la piezas

El cirujano Mario Cabani acaba de salir de una operación de aumento de mamas. Tiene aún las manos entalcadas.

Cabani es un cirujano plástico que tiene dos tipos de pacientes. Están las mujeres que vienen a pulir sus cuerpos, a cincelar una nariz, a bajar medidas con una liposucción, a quitarse las arrugas con un lifting facial. En una de las paredes de su consultorio cuelga el mayor triunfo de su carrera: una fotografía a cuerpo entero de la periodista Magaly Medina.

Sus otras pacientes son las mujeres sobrevivientes de violencia. Son las que vienen a reconstruir su identidad y, de paso, el amor propio que les fue arrancado de cuajo.

Antes de firmar el convenio con Flora Tristán, este cirujano sanmarquino, especializado en el Brasil, ya venía operando gratuitamente a mujeres desfiguradas por sus parejas o ex parejas.

Ya ha intervenido a doce y ha visto y escuchado de todo: una mujer de El Agustino, a quien el esposo le cortó la cara con un pico de botella, le contó que estaba harta de que los demás la confundieran con una ladrona cuando veían el tajo de su rostro.

"Por mi consultorio han pasado mujeres a las que han empujado contra la esquina de la pared y les han abierto la cabeza, mujeres a las que les han deformado la nariz a puñetazos, mujeres a las que sus hijos rechazan y se avergüenzan de ellas por su apariencia, mujeres que no quieren decirle a nadie que fueron agredidas a ese nivel por el qué dirán", narra Cabani.

En una de las habitaciones de la clínica, Katherine Junco, la veinteañera de Comas a la que el conviviente le prendió fuego en octubre del año pasado, se recupera de su segunda cirugía reconstructiva.

Lo primero que salta a la vista en el dorso de su mano derecha es un tatuaje con el apodo del tipo que casi la mató: "Pizarra" o Héctor Velásquez Nieto, quien ahora se encuentra bajo prisión preventiva.

"Me lo hizo a la fuerza un día que me encerró en su casa con un amigo tatuador", dice Katherine, quien tras sobrevivir al intento de asesinato, quedó con graves quemaduras en la barbilla, el cuello, el pecho, los hombros.

"Cuando Katherine llegó a la clínica no hablaba", dice el doctor Cabani.

Debido a las quemaduras, la piel del cuello se replegó a tal punto que tenía el mentón pegado al pectoral. No podía levantar la cabeza y la posición del cuello le estaba originando una atrofia en la columna.

"Katherine no creía que la iba a operar –cuenta el doctor Cabani–, pensaba que todo era una pantomima para los medios".

La primera cirugía consistió en liberar el mentón del pectoral. Cabani usó piel sobrante del abdomen de la muchacha y cubrió con ella la franja del mentón. La segunda operación, la de la semana que pasó, consistió en reconstruirle la zona del escote.

Cabani aún no precisa a cuántas intervenciones más será sometida Katherine, pero señala, enérgico, que la operará las veces que haga falta.

Recuperar la confianza

Consuelo Ayala es otra de las mujeres a quien Cabani reconstruyó el rostro. Por quince años ocultó tras un mechón de pelo las cicatrices que le dejó el ataque de su ex marido.

No accedió a una cirugía estética en los hospitales públicos ya que el Estado no contempla ese tipo de intervenciones en su protocolo de socorro a las sobrevivientes de violencia.

Este mes tuvo su primera cirugía en la clínica. Los marcados tajos rojos que partían su cara van tomando la forma de delicadas líneas que después de otras cirugías se asemejarán a arrugas.

"Una cirugía no va a borrar el mal recuerdo, pero les devolverá la confianza en la sociedad. Son mujeres que quedaron desamparadas tras haber sufrido graves daños y que gracias a este convenio con Flora Tristán recuperarán la esperanza", dice el cirujano Cabani.

Para la psicóloga clínica Diana Bermúdez superar las huellas que deja la violencia depende mucho del contexto, de la familia y del apoyo que reciban las mujeres.

"Las cicatrices que deja la agresión es el recordatorio de un hecho doloroso, pero también puede ser un aliciente para replantearse la vida", dice y apela a la resiliencia, esa capacidad que tiene todo ser vivo para superar la adversidad, como el elemento definitivo para su recuperación.

"Que no sea tarde", dice la abogada Ivonne Macassi de Flora Tristán que lleva años viendo casos de mujeres embestidas por hombres que sin piedad las rompen en vida y que se aíslan al ver que la justicia no llega.

"Este año perdí a tres mujeres. Decidieron terminar con sus vidas porque ya no tenían esperanza", finaliza la abogada.

Que no sea tarde.

Al desfigurarla, le está diciendo a la mujer: este cuerpo me pertenece y hago con él lo que me dé la gana, y si quiero, te mato”.Debido a las quemaduras, Katherine tenía el mentón pegado al pectoral, no podía levantar la cabeza.

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