¿Qué clase de hincha eres?

Maritza Espinoza

Domingo, 10 de Septiembre del 2017

Según un profundo estudio socio antropológico realizado, el martes por la tarde, en diversos puntos de la capital, por un equipo de investigadores de la prestigiosa Universidad de Huevinglandia –que me honro en dirigir–, el hincha peruano es un espécimen de muchas personalidades cuyo único denominador común es que entra en estado de amnesia generalizada en torno a cualquier otro tema que no sea el futbolero, cuando hay un partido importante de la selección nacional. Pero, como es natural, el hincha blanquirrojo (como le encanta llamarse) se puede subdividir en diversas tipologías determinadas por su edad, extracción social, nivel cultural, estado psiquiátrico y nivel hepático. He aquí algunas de las que han podido establecerse solo en el partido Perú-Ecuador:

El hincha “matemático”:

Pasa largas noches de insomnio calculando cuántos goles le tendría que meter Perú a Argentina para que las posibilidades de llegar al mundial suban del 0.0% al 0.1% Mide cada jugada, analiza el comportamiento de cada futbolista y ausculta cada movimiento del futuro rival para establecer, sin el más mínimo margen de error, cómo llegaremos, triunfantes, a Rusia 2018. Lo único malo es que en el ‘cole’ siempre lo jalaban en ‘Mate’.

El hincha “aguafiestas”:

Justo es el opuesto. Desde el primer día de las eliminatorias se la pasa basureando a los hinchas optimistas, criticando en redes a cada jugador, al árbitro y, obvio, a la mamá del árbitro. Generalmente, es mayor de 50 y logró ver al Perú en el Mundial del 70, del 78 y del 82. De ahí le viene la desconfianza por todas las generaciones que vinieron luego. Sin embargo, se ve toditititos los partidos. ¡Y no va a ser!

El hincha nostálgico:

Es una variante del anterior. Para él, nadie superará al ‘Nene’ Cubillas y a todos los que recita de un tirón cada que canta Perú Campeón y que, según él, “dejaban el alma en la cancha”. Solo cree en las viejas glorias y los jugadores de hoy son unos pusilánimes, que se cuidan las piernas como si fueran de seda. Nunca ha creído en las lesiones de Alberto Rodríguez. Para él, el fútbol peruano acabó con los chumpigolazos.

El hincha “Dios mío”:

Reza, pone velitas, usa su calzoncillo de la suerte durante días antes del partido que él jura que es crucial. Se va a la calle de las Pizzas a ver cada partido y, obviamente, cabulero hasta la médula, hace exactamente las mismas cosas cada día antes de cada partido y, cuando la selección pierde, se vuelve ateo por unos días, hasta que llega el próximo partido.

El hincha supersticioso:

Se diferencia del anterior en que él no cree que Dios tenga algo que ver con el fútbol. Él se va de frente a que el brujo de su confianza le haga un amarre y pinche muñequitos de vudú con la cara de los jugadores del otro equipo. Es tan supersticioso que llegaría al sacrificio de no ver un partido si, por ahí, alguien le dice que puede traer mala suerte a su equipo.

El hincha “Butters”:

Odia a los chilenos más que nada en el mundo y, un poco menos, a los ecuatorianos. Pone la bandera bicolor en la ventana una semana antes del partido y la vincha a su bebé neonato. Se alegra cuando gana Perú, pero si además pierde Chile, llega al orgasmo. Es de los que torturan a sus vecinos tocando la bubuzuela, que ya pasó de moda hace dos mundiales.

El hincha “la Tinka”:

No es que sea precisamente incondicional de la selección: le importa más el profit que puede sacar de los partidos, así que arma pollas en la oficina, corre apuestas en WhatsApp y apuesta hasta los calzoncillos si encuentra a alguien dispuesto a seguirle la cuerda. Lo malo es que, para ganar, tiene que apostar casi siempre contra Perú.

El hincha tuitero:

Se alucinan los Peredos de las redes sociales y tuitean o postean cada segundo del partido como si con eso fueran a cambiar algo del desarrollo del encuentro. Llenan el timeline de todos sus seguidores con sus comentarios, siempre en mayúsculas, narrando cada segundo. A esos, mejor bloquearlos.

El hincha “DT”:

Está poseído por el espíritu de Gareca. Recuerda cada estrategia de los pocos partidos que ha ganado Perú y se pasa todo el primer y segundo tiempo lanzando consejos, amenazas y advertencias a los jugadores, al entrenador, al árbitro y hasta a los hinchas que están en el estadio. Nunca, jamás, ha pisado una cancha y no ha jugado ni siquiera fulbito de mano, pero, escuchándolo, uno juraría que cualquier día lo contratan en primera división.

El hincha Tano Passman:

Se vuelve un energúmeno y le grita a la pantalla del televisor como si alguien desde adentro pudiera escucharlo. No solo eso, sino que es capaz de romper el aparato por una jugada mal hecha. Si pasa su mascota por delante cuando está en pleno paroxismo, le dará una patada hasta la pared del frente y, si a su hijo recién nacido se le ocurre llorar en el momento de una jugada delicada, no dudaría en asifixiarlo con la almohada. Es de esos tipos a los que, justo en pleno Mundial, los abandona su mujer.

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