Alex Ayala

“El realismo latinoamericano es mucho más trágico que mágico”

Periodista y escritor español. Vive en Bolivia.

Gabriela Wiener

Domingo, 20 de Agosto del 2017

Dice nuestro Julio Villanueva Chang que el mejor cronista de Bolivia podría ser un vasco. Se llama Alex Ayala y a estas alturas es más de La Paz, ciudad a la que llegó en 2001, que de Vitoria, donde nació hace 39 años. Autor del libro de crónicas Los mercaderes del che, ganó en 2015 la beca Michael Jacobs para periodistas de viajes. El resultado es su más reciente libro, Rigor Mortis (Editorial El Cuervo), una inmersión desconcertante y radical por la experiencia de la muerte en territorio boliviano. Obsesionado por los detalles nimios, Ayala es un científico de lo cotidiano, que encuentra sentido en los pequeños mundos y que acierta a menudo solo por mirar hacia donde nadie mira. “Soy un poco como el protagonista de la película La leyenda del pianista del océano” –dice–, cuando me dejan un piano, sé más o menos qué teclas tocar, pero cuando me enfrento a la inmensidad, me pierdo”.

Acabo de estar en Bolivia y entiendo muy bien que siendo vasco te hayas quedado a vivir ahí. ¿Qué cosas alucinantes crees que hacen que tu país de adopción sea especialmente fascinante y adictivo?

Sobre todo, las personas con las que uno se va encontrando: un anarquista español que antes de instalarse en una selva boliviana estuvo preso en un campo de concentración nazi, un sastre de origen aymara que seguramente ha visto en calzones a muchos de los poderosos de este país que me ha acogido generosamente, los integrantes de un equipo de fútbol que fueron secuestrados por su propia hinchada, los presos de una cárcel de Sucre que evitaron que esta fuera saqueada por manifestantes, etcétera. Yo me siento a gusto en Bolivia porque, gracias a mi oficio, tengo la oportunidad de vivir casi a diario historias increíbles que me ayudan a entender mejor a los que me rodean.

¿Eres de aquellos que dicen “Evo es el único que nos queda” o de esos que un día fueron fans y ahora son Evohaters?

Me parece que estoy al medio. Me emocioné mucho con la primera victoria de Evo Morales. Creo que ha hecho mucho por la dignidad de los bolivianos en muchos sentidos, pero también que el poder desgasta, que es necesario un cambio de rumbo de vez en cuando, que cuando alguien se acostumbra al poder surgen las paradojas y las contradicciones. En mi opinión, el gran error de muchos gobernantes es no saber dar un paso al costado a tiempo.

¿Qué crónica está faltando del presidente y te gustaría hacer?

Solemos olvidarnos de los presidentes en cuanto abandonan el poder. Evo, como muchos otros presidentes, es en estos momentos una persona con coraza. Conocemos ampliamente su discurso, pero desconocemos mucho de lo que hace cuando no están los micrófonos cerca. El día que deje de ser presidente seguramente hablará menos y mostrará una versión más relajada de sí mismo.

¿Por qué para nosotros los latinoamericanos la muerte es algo tan normal?

Hay una párrafo del periodista Jon Lee Anderson en el prólogo de mi nuevo libro que creo que resume muy bien la relación de la muerte con América Latina. Dice así: “Rigor mortis es la estampa de un país donde muchas personas abrazan la muerte para soportar mejor la vida. Ante la ausencia de una explicación para las penurias y las injusticias, algunos buscan señales divinas en su dolor. Otros encuentran alivio en unos boleros de caballería que ni se cantan ni se bailan”. Jon Lee habla únicamente de Bolivia, pero creo que sus palabras también retratan a otros países de la región. En América Latina, somos conscientes de la vulnerabilidad desde el minuto uno, desde el nacimiento. La muerte acá no es un tabú. Es un elemento más de nuestro ADN, y no nos avergonzamos de eso.

¿Alguna muerte que se te resistiera?

La muerte es un tema inabarcable, y mientras escribía Rigor mortis hubo un montón de ideas que no pude materializar. Por ejemplo, quería averiguar qué es lo que pasa en una casa o en un edificio después de un hecho fatídico —tras un suicidio, tras un asesinato, tras la larga agonía de un familiar querido— y fracasé. Pero no me agobié más de la cuenta tras esos traspiés lógicos y circunstanciales. Al fin y al cabo, la muerte también tiene que ver con eso: es el instante en que todos fracasamos estrepitosamente.

¿Y alguna historia mortuoria del Perú que recuerdes y que nos pinte de arriba a abajo?

No he viajado tanto por Perú como para haber identificado alguna historia mortuoria realmente significativa. Pero una vez le llevé al periodista Julio Villanueva Chang una máquina de escribir que pesaba casi tanto como un cadáver. Un objeto muerto puede convertirse en un objeto vivo cuando llega a las manos correctas y en nuestro caso se ha convertido, además, en la alegoría de una amistad.

Un señor que vive con un ataúd en casa. Un perro que sobrevive a su dueño. Una niña asesinada que se convierte en santa. La mujer adicta a los velorios. ¿Es la nueva crónica latinoamericana la verdadera heredera del realismo mágico?

En mi opinión, el realismo latinoamericano es mucho más trágico que mágico. Creo que la tragedia es un elemento inherente a muchas de las historias que estamos contando como periodistas porque América Latina es, a menudo, bastante cruel. Pero América Latina es mucho más que eso. Yo entiendo el periodismo como una búsqueda de significados y podemos encontrar significados no solo en las guerras internas, las masacres, los homicidios o los malos momentos. Podemos encontrarlos en el arte, en la ciencia, en el deporte, y en esas historias que mencionas con tintes un tanto surrealistas.

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