“Oquendo requiere estudios mayores”

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21 M08 2005 | 16:00h
Carlos Meneses, escritor limeño, descubrió en Navacerrada, España, 1970, la tumba desaparecida del autor de 5 metros de poemas . Investigador publicó Tránsito de Oquendo de Amat . Relata cómo fue el hallazgo de los restos mortales del vate puneño.

BUSCADOR. Arriba, escritor Carlos Meneses. Abajo. Carlos Oquendo de Amat (Moho, febrero de 1930). Además, tumba del poeta en Navacerrada con los versos de Enrique Peña.

Perfil

NACIMIENTO. En Lima, 1930. Reside en Mallorca.
TRAYECTORIA. Realizó estudios de Economía. Se dedicó a la literatura y al periodismo. Premio Nacional de Teatro, 1958. Premio de Novela Ciudad de Valencia, 2002.
OBRAS. Tránsito de Oquendo de Amat (ensayo). Huachos rojos, La muchacha del bello tigre, El amor según Toribia Ilusión, entre otros.


CARLOS MENESES • Escritor limeño descubrió en Navacerrada, España, 1970, la tumba desaparecida del autor de “5 metros de poemas”.
• Investigador publicó “Tránsito de Oquendo de Amat”.
• Relata cómo fue el hallazgo de los restos mortales del vate puneño.

Escribe: Pedro Escribano.
Foto: Christian Salazar.

El escritor, estudioso y periodista Carlos Meneses Cárdenas está en Lima (reside hace 42 años en España). Llegó invitado a participar en el reciente Congreso Internacional sobre Carlos Oquendo de Amat (Puno, 1905 - Navacerrada, 1936) que la Universidad de San Marcos organizó a propósito del centenario del nacimiento del autor de 5 metros de poemas .

La presencia de Meneses era imprescindible. El estudioso es quien halló la tumba desaparecida del vate puneño, quien murió de tuberculosis en el sanatorio de Navacerrada, en 1936. Además, ha publicado Tránsito de Oquendo de Amat (1972), investigación sobre el peregrinaje del poeta.

Meneses inició la búsqueda de los restos de Oquendo de Amat en Navacerrada cuando todos creían que era imposible hallarlos. Se decía que los cañones de la guerra civil española los habían borrado del mapa. Pero no, porfiado, Meneses decidió seguir el rastro hasta dar con los restos del vate.

–¿Cuándo escuchó hablar por primera vez de Oquendo?

–Desde cuando era niño. Cuando se separó mi padre, este me dejó en la casa de María Luisa de la Flor de Oquendo, parienta suya y tía del poeta. Allí crecí oyendo el nombre de Oquendo de quien se hablaba como de un familiar extraviado en el mundo, distante.

–¿Y lo leyó por primera vez ?

–En 1945, en una antología de Luis Alberto Sánchez. Y si bien yo había crecido en la familia Oquendo, no me propuse investigar sobre el poeta. Eso vino después.

–¿Cómo se extravió la tumba?

–Cuando morían los enfermos, solían sacarlos de madrugada para que los otros enfermos no se depriman. Eran entierros casi clandestinos.

–¿Y cómo dio con la tumba?

–Reuní datos y fuimos con el poeta Antonio Cillóniz a la Municipalidad de Navacerrada. Un edil buena gente nos atendió y nos mostró un cuaderno en donde los difuntos estaban anotados con lápiz. Oquendo ocupaba el décimoprimer lugar. Las tumbas eran túmulos sin anotación. Llamaron a un enterrador viejito quien se acordaba del poeta y del lugar en dónde lo había sepultado.

–¿Dicen que Vargas Llosa inventó la camisa colorada?

–Eso no es invento de Vargas Llosa. Eso es lo que se decía. Es una hermosa metáfora. Su discurso del premio Rómulo Gallegos fue un rescate del poeta. Ahora, lo que no se ha hecho, son estudios a profundidad sobre la poesía de Oquendo. Solo hay buenos artículos, falta un estudio mayor.

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