La pandemia y su rastro en la salud mental de los niños

Impactos. La emergencia dejó a los menores sin clases presenciales, que eran su espacio natural de interacción social. Especialistas analizan las consecuencias de ello.

La Republica
Sin interacción. Clases virtuales no ayudan a que los menores interactúen con otros niños de su edad.
Wilder Pari

Un año y cuatro meses, es el tiempo del Perú en pandemia. Durante ese lapso, los niños y adolescentes dejaron de interactuar entre sí en el espacio escolar. De un momento a otro, las clases virtuales y una pantalla se convirtieron en sinónimo de colegio. Este prolongado alejamiento para evitar el contagio de COVID-19, puede traer otras secuelas en el desarrollo emocional y cognitivo.

El psicólogo Franz Rivera Mansilla, señala que la restricción de la escuela, modificó el mundo social de los menores. Por ejemplo, si además del colegio llevaban una materia extracurricular, perdieron un 67% de su espacio social. Y dichos ámbitos no pueden suplirse con las clases virtuales, pues allí la interacción es solo con el maestro.

Rivera Mansilla refiere que estudios señalan potenciales efectos. Por ejemplo, en los menores de 2 a 7 años, se afectaría el desarrollo del lenguaje. Esto por la pérdida de espacios para el habla y la expresión.

Mientras que los menores de 7 a 11 años, serían afectados en su capacidad de sociabilización. El especialista advierte efectos a largo plazo, como el desenvolvimiento en el mundo laboral.

Un estudio del Minsa y Unicef publicado en abril, también advierte impactos por la pandemia. La medición fue en octubre y noviembre del 2020. Indica que un 33% de menores entre 6 y 17 años presentaron algún tipo de problema de salud mental y emocional.

También reveló que a un 39.2% de menores les desagradaba la educación virtual y de ese grupo, un 10.8% presentó dificultades académicas. Además, los problemas de salud mental tenían 45% más incidencia entre quienes disgustaban de la educación virtual.

Retomar espacios

Rivera indica que el reto está en generar espacios para que los menores vuelvan a la interacción. Sin embargo, la vuelta a clases en el ámbito urbano aún es polémica y existe oposición del magisterio que aún espera concretar su vacunación. En otros países de la región, como Argentina o Ecuador, el retorno se implementó de forma progresiva, aunque también en medio de cuestionamientos.

El especialista opina que mientras, pueden generarse espacios alternos para actividades recreativas. Ese rol podrían cumplirlo las academias deportivas, pero remarca que estas necesitan reinventarse, para asegurar el cumplimiento de protocolos.

Los padres y su efecto

Franz Rivera indicó que la percepción de los niños frente a la pandemia, dependerán de cómo se comporten los padres. Si los progenitores son alarmistas, se trasladará hacia el menor. “El miedo no es el mejor argumento”, refiere Rivera, quien considera que el discurso debe ir hacia la responsabilidad y hacer entender que el coronavirus vino para quedarse buen tiempo. Ante ello, se debe educar en protocolos para proteger la salud.