Corazones Mestizos ayudó a más de 200 abuelitos abandonados en Arequipa

Viviana es una joven de 28 años, líder de esta organización que asiste a ancianos y personas en situación de abandono. También tienen un albergue para mascotas abandonadas. Una historia digna de imitarse.

La Republica
Ejemplar. Viviana trabaja con otras 40 personas en su labor social. En la época de la pandemia los casos se le incrementaron.
Deysi Pari

Hace tres años a Viviana Curitumay Sosa la contactaron del hospital Honorio Delgado Espinoza de Arequipa. Querían que se haga cargo de un adulto mayor de 80 años. El paciente estaba muy enfermo y no tenía familiares. Viviana, en ese entonces tenía 25 años, rescataba animales de la calle para darles de comer o buscarles un hogar. Nunca había tenido experiencias con adultos mayores. Y este octogenario era particularmente especial. No tenía DNI, por eso no podía acceder al Seguro Integral de Salud (SIS). Su condición de indocumentado le impedía acceder a medicación y exámenes. Finalmente falleció. Antes de que perezca, ella dio a conocer el caso en redes sociales y muchas personas apoyaron con pañales, ropa, alimentos.

Cuando el hombre murió, la volvieron a llamaron para que retire el cuerpo y ocurrió algo inesperado. La Fiscalía no le permitió que saque el cadáver, ella no era familiar y esperaban que algún pariente aparezca. Retiraron el cuerpo y lo enterraron después de un mes cuando tramitaron el DNI.

Fue así como a la joven le comenzaron a llegar casos de personas en abandono. La etiquetaban en redes sociales por ayuda.

“Corazones mestizos”, la organización que fundó Viviana junto a tres personas para rescatar animales, tomó otro giro. Asistía a personas. Ahora está conformada por 40.

Durante la pandemia

Cuando comenzó la pandemia, Viviana y su grupo prestaron ayuda a cerca de 200 abuelitos, en su mayoría varones. Solicitaban el apoyo de las municipalidades respectivas. Si no había el respaldo, su grupo se hacía cargo. Los trasladaban al hospital o les llevaban comida, los aseaban. Trataban de ubicar a sus familiares. También gestionaron con empresas la donación de pollo y otros víveres para cubrir la alimentación de los abandonados. Pero otros gastos los hicieron con su propio dinero. En la organización establecieron una cuota social de 10 soles para cubrir los gastos fijos.

Varios de sus atendidos se contagiaron con la COVID-19 y fallecieron. Algunos médicos, policías, bomberos los apoyaron. Por ejemplo, para el transporte de la alimentación, medicina, Seguridad Ciudadana de la Municipalidad de Arequipa los trasladó hasta las zonas alejadas durante la inmovilización social obligatoria. Así se ha formado una red denominada Voluntarios en Acción.

Uno de los auxiliados fue enviado hasta Cotabambas (Apurímac) para reunirse con su única hija. Encontraron a la familia de otro que estaba en el Hospital Goyeneche y lo enviaron con su hermana en Lampa (Puno). “Para nosotros es gratificante ser parte de la historia de uno de ellos o saber que hemos contribuido en algo”, dice Viviana.

Sin embargo, para la joven, estas intervenciones también le han traído experiencias decepcionantes. No todas las entidades del Estado toman los casos de las personas vulnerables. Por eso remarca, que las organizaciones civiles organizadas son muy importantes, porque pueden cubrir estos vacíos.

Viviana nos relata el caso de una mujer con trastorno neurótico. Se intentó suicidar y se lanzó del puente del Terminal Terrestre, a consecuencia de ello, quedó paralítica, está en el hospital Goyeneche. Se enteraron que tiene hijos en Cusco. “El Estado dice ya haremos la denuncia, pero mientras tanto, quién le da los pañales, quien la va a atender”, se pregunta Viviana.

También hay el caso de una mujer de 55 años con retardo mental que fue encontrada durmiendo en la torrentera. La recogieron y la llevaron a la comisaría. El centro de emergencia mujer no se hizo cargo, pues no tenía signos de violencia, la Dirección de Personas Adultas Mayores no la recibió por no ser mayor de 60 años. Viviana y su organización la llevaron a un hospedaje, le hicieron una certificación de discapacidad, asumiendo el cuidado. Tiene un problema cardiovascular y por ese tema, la pierna comenzó a gangrenarse. La llevaron al hospital y querían amputarle las piernas, sin embargo, por no ser familiares no les permitían dar autorización. Le alquilaron una habitación, pero la mujer a veces huye.

Otro caso corresponde al de una mujer de 50 años con esquizofrenia que fue echada a la calle por su familia. A ella también la tienen en un hospedaje. Pero ya no pueden sostener más porque los recursos se les acaba. “Con las personas con discapacidad, no hay institución que ve por ellos”, sostiene.

Reconocimiento

A Viviana, el Consejo Regional de Arequipa y la Municipalidad de Arequipa le entregaron reconocimientos por la labor que desempeña. Aunque dice que el primero, fue a raíz de una experiencia triste. Los consejeros se enteraron de su labor, a raíz de un problema con el Ayllu Wasi del Gobierno Regional de Arequipa.

La joven señala que Corazones Mestizos sigue con su labor, por Facebook y Whatsapp se contactan para llevar ayuda. Es su contribución a la sociedad. “Cuando ayudo es una satisfacción. Es una batalla dura, no tienes recursos ni fondos, pero gana el corazón. Vale la pena persistir, porque es un trabajo en equipo”.