Elba Acevedo: “Si se cae la Ley Universitaria, no habrían defensorías donde denunciar hostigamiento sexual”

Nicol León

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27 Nov 2020 | 9:05 h
La Republica
En la Universidad Nacional de Ingeniería, se denunciaron casos de hostigamiento sexual durante la cuarentena, pese a que las clases se empezaron a dictar de forma virtual. Foto: Cortesía.

La asesora legal de la Defensoría Universitaria de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) comentó cómo las universidades vienen enfrentando el hostigamiento sexual en las aulas desde que se creó la nueva Ley Universitaria. Esta exige la creación de defensorías universitarias, donde los alumnos pueden denunciar transgresiones de derechos humanos y violencia de género.

Desde 2017, en la Defensoría Universitaria de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), donde la mayoría de estudiantes son hombres, se presentaron 14 denuncias por hostigamiento sexual, según la defensora legal Elba Acevedo.

En su reciente publicación “Hostigamiento sexual universitario, el espectador como agente de cambio”, argumenta por qué es necesario que se hagan modificaciones al reglamento de la Ley de Prevención y Sanción del Hostigamiento Sexual para frenar este tipo de agresión en las aulas.

En esta entrevista, explica cómo las universidades trabajaron para implementar las defensorías universitarias y las implicancias de retroceder en la aplicación de la reforma universitaria. Elba, además, confirmó que violencia de género en línea se presentó durante la cuarentena.

Muchos vinculan la reforma universitaria solo con el impulso de la investigación científica y la educación de calidad. Pero no se habla mucho de que esta reforma también exige que se garantice la erradicación del hostigamiento sexual en las aulas mediante la implementación de las defensorías universitarias. ¿De qué forma considera que las universidades han trabajado este tema desde que se promulgó la nueva Ley Universitaria?

La gran mayoría de universidades han visto la implementación de las defensorías universitarias del Perú como un simple requisito para que les den el licenciamiento. Las universidades se han ido adaptando a esta nueva ley en diferentes momentos. Nos hubiese gustado que, con su publicación en el año 2014, todas las universidades se hubieran puesto a trabajar de la misma forma. Pero no fue así. Por ejemplo, la Universidad Nacional San Antonio de Abad de Cusco fue una de las primeras universidades nacionales en adaptarse a la norma con la implementación de su Defensoría Universitaria, entidad que recibe casos de hostigamiento sexual. En el año 2018, se crea la Defensoría Universitaria en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, pero hasta la fecha no tiene defensor titular. El defensor universitario solo es encargado. Eso significa que la comunidad estudiantil no lo eligió y eso le quita legitimidad. Además, se necesita de un asesor legal solo para la Defensoría Universitaria y eso no lo tiene San Marcos. El abogado con el que cuentan trabaja para toda la universidad y por eso se corre el riesgo de que no esté capacitado para trabajar con las víctimas de violencia sexual y puede generar una revictimización.

Eso se presenta en universidades con licenciamiento. ¿Qué sucede en las que no la obtuvieron?

Trabajo en una universidad privada y muchos de los universitarios que se trasladaron de las universidades no licenciadas no sabían qué era una Defensoría Universitaria. Eso quiere decir que si sufrían un acto de violencia a sus derechos no hubiesen sabido a dónde recurrir.

Recientemente se vivió una crisis política que desveló que hay congresistas con una clara intención de hacer un cambio en la reforma universitaria por intereses personales. Si esta norma se cae ¿cómo afectaría a los estudiantes que sufren hostigamiento sexual?

Hay un principio muy importante, considero que es el más importante de toda la nueva Ley Universitaria: el interés superior del estudiante. Se le da la relevancia al estudiante porque es la persona más vulnerable dentro de una comunidad universitaria. El hostigamiento sexual se da por el ejercicio abusivo de poder que se refleja en las relaciones jerárquicas, por ejemplo, un docente hacia sus estudiantes. Por eso, la ley le da una gran importancia al estudiante; si se quitara este principio, cualquier miembro de la comunidad, sobre todo con algún cargo, podría cometer los abusos que quisiera. Dentro de la misma ley hay otro principio, se trata del principio de autoridad responsable. Eso quiere decir que si las autoridades quieren respeto, ellos también deben respetar. Si se cae la nueva Ley Universitaria, no habrían defensorías donde denunciar casos de hostigamiento sexual. Volveríamos a tiempos anteriores, cuando habían abusos de todo tipo y se sabía que muchos hostigaban, incluso los profesores, pero no había ningún lugar específico a donde acudir para denunciar. De repente se podía recurrir al decano o al director de escuela, pero era simplemente un saludo a la bandera porque carecían de los formalismos para recibir la denuncia y de empatía con la víctima. En cambio, la Defensoría Universitaria tiene el compromiso de dar capacitaciones en estos temas a los docentes y alumnos.

¿Qué falencias tiene la nueva Ley Universitaria en cuanto a la prevención del hostigamiento sexual?

El reglamento de la Ley 27492, Ley de Prevención y Sanción del Hostigamiento Sexual, indica que se hagan los talleres de prevención y sensibilización solo una vez al año. Pero para generar real consciencia se necesita aplicar programas a largo plazo. Tendría que ser durante toda la carrera del estudiante. De esa forma ellos van a poder, primero, reconocerse a sí mismos para que identifiquen si sufrieron violencia. Solo a partir de ese autoreconocimiento van a poder sentir empatía. Para lograr un cambio, necesitamos que el espectador, en este caso, el estudiante o el profesor, sienta empatía y se indigne por el hostigamiento sexual que observa. Eso no se logra con una capacitación de dos horas. Además, la ley no te señala cómo sancionar al agresor ni qué hacer si reincide. En la UNI hay 11 facultades y tenemos estudiantes en posgrado, pero solo 2 personas nos encargamos de dictar los talleres de prevención: yo como asesora legal y la asesora de imagen de la universidad. Contamos con el apoyo del defensor, pero él tiene que ver las denuncias. Si es que realmente quieren una reforma universitaria, deben empoderar a las defensorías universitarias del país para que tengan presupuesto, sin presupuesto propio no se puede hacer mucho, porque el presupuesto que le dan es de recursos propios de la universidad y nos limitan.

¿Cómo es el panorama en otros países?

En México, por ejemplo, las defensorías universitarias están presentes en casi todos los estados mexicanos, pese a que no hay una ley que así lo indique. Simplemente fue una iniciativa de los rectores. Ellos están empoderados gracias a la comunidad universitaria, no por una ley. Por ejemplo, la Universidad Nacional Autónoma de México tiene una Defensoría Universitaria desde hace más de 30 años y no hay una ley que los obligue a tenerla. En este momento, están tratando de acreditar sus defensorías. Ellos están impulsando una ley. Nosotros tenemos ese respaldo legal que ellos buscan, pero sigue siendo letra muerta.

Hasta el año pasado supimos que se presentaron denuncias por hostigamiento sexual en casi la mitad de universidades. ¿Cómo anduvo este tema en las aulas virtuales?

Nos gustaría decir que paró, pero se han presentado casos de hostigamiento sexual por internet. Ahora ya sabemos que el hostigamiento sexual no solo se comete de forma presencial. Este año también llegaron denuncias de hostigamiento sexual informático. Un estudiante mandó fotos de sus genitales a su compañera. Otro caso fue de una alumna que recibía llamadas de un hombre, se cree que es un compañero de su Facultad, que difundió sus datos personales en publicaciones de servicios sexuales. Ha cambiado tres veces de celular. Necesitamos que se introduzca un curso con enfoque de género en las universidades. No debe verse solo de forma transversal; deben crearse cursos sobre derechos humanos. Necesitamos que dejen de cosificar a las mujeres. Lo hacen porque sienten que ellas no son importantes, que solo valen por sus cuerpos. Pero si supieran cuántas cosas hicieron hombres y mujeres en las mismas áreas, las observarían de forma distinta.