Indigentes: cuando los “sin techo” tienen que afrontar una pandemia, pero en la calle

Elisa Cruz

elisa.cruz@glr.pe elisacruzsilva

03 Jul 2020 | 19:45 h
Javier, Ángel y Julio César son solo tres ejemplos de las miles de personas que pasan la pandemia en las calles. (Foto: Elisa Cruz)
Javier, Ángel y Julio César son solo tres ejemplos de las miles de personas que pasan la pandemia en las calles. (Foto: Elisa Cruz)

Muchos no tienen acceso a los servicios básicos lo que los convierte en población vulnerable ante cualquier enfermedad.

El nuevo coronavirus ha dejado hasta el momento más de 500.000 muertos y superado los 10 millones de infectados en todo el mundo. Los comercios vieron la necesidad de cerrar sus puertas y familias enteras se refugiaron en sus hogares, pero un sector menos afortunado de la población tiene que afrontar la enfermedad desde la calle: ellos son los indigentes.

Javier, Ángel y Julio César son tres personas que viven en situación de calle y que han tenido que hacerle frente al COVID-19 a pesar de sus limitaciones económicas.

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A sus 71 años, Javier Vidal, más conocido como “El pato Lucas” por sus vecinos del populoso barrio del Callao, se sumó a la larga lista de indigentes que viven en el distrito ante el abandono de sus familiares. A pesar de padecer de cáncer de próstata y dormir a la intemperie ha tenido la suerte de no contagiarse con el virus. No obstante, su crítica situación lo convierte en una persona vulnerable.

El vecindario lo ayuda en lo que puede y hasta un colchón le han dado para que no duerma en el piso por ser anciano. (Foto: Elisa Cruz)

“Él hace un año vive en la calle. En el mes de marzo le dio hipotermia y gracias a la ayuda de los pobladores y policías de la comisaría lo trasladamos al hospital Carrión”, contó una vecina a La República. Durante el mes que Javier estuvo internado en el centro de salud se anunció que el coronavirus había llegado al Perú, por lo que el médico recomendó que se llevaran al paciente, dado que al ser un adulto mayor corría riesgo de contagio. Es por ello, que sus vecinas exhortaron el apoyo de las instituciones para que lo trasladen a un lugar seguro.

El vecindario lo ayuda en lo que puede y hasta un colchón le han dado para que no duerma en el piso por ser anciano. (Foto: Elisa Cruz)

Malena Pineda, jefa del Programa de Promoción de Derechos de las Personas con Discapacidad de la Defensoría del Pueblo, señaló que “el Estado debería tener una política de atención para personas en situación de calle muy aparte de la situación sanitaria que estamos viviendo. En otros países los gobiernos locales crean determinados lugares que les ofrecen refugio, alimentación y otras alternativas de producción durante el día”.

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En la misma situación se encuentra Ángel Gerardo Cumpa, de 40 años, quien vive en la indigencia en el primer puerto. “Tatun”, como popularmente lo llaman, no sabe si padece de coronavirus porque desde que inició la enfermedad no ha pasado por un control médico y solo se protege con una mascarilla sucia que encontró tirada en el barrio. Él no tiene un lugar fijo donde residir y tampoco tiene acceso al agua o jabón para lavarse las manos como lo recomiendan las autoridades sanitarias.

Ángel Cumpa es otro peruano que vive en situación de calle en el primer puerto. (Foto: Elisa Cruz)

Desde muy niño ha vivido en la calle y lleva varios años sumergido en el mundo de las drogas. Es un ciudadano que engrosa la lista de desamparados que deambulan por las peligrosas calles chalacas y que están expuestos a contraer la COVID-19. El constante consumo de estupefacientes y la falta de alimentos también han mellado en su condición física y mental.

Ángel Gerardo se gana la vida limpiando calles y los vecinos lo apoyan con algunas monedas. (Foto: Elisa Cruz)

Al respecto, Malena Pineda, explicó que hay prejuicios con las personas en situación de calle porque muchas veces se cree que son enfermos mentales y son abandonados a su suerte o internados en hospitales psiquiátricos.

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“Se debe trabajar en políticas que no sean temporales como en el caso de la COVID-19. Desde la Defensoría consideramos importante que se visibilice a estas personas y que el Estado brinde albergues en cada una de las regiones donde hay necesidades. No obstante, acabada la pandemia, estos servicios se deben mantener para que este sector de la población continúe con los accesos a refugios”, señaló Pineda.

Tatun por las noches duerme en una combi abandonada al costado de una caseta de serenazgo. (Foto: Elisa Cruz)

La historia de Julio César Rodríguez Gonzáles es muy diferente a las dos anteriores. Él salió de su natal Bilbao, España, hace más de una década con destino al Perú. Fue detenido en el Aeropuerto Internacional Jorge Chávez y trasladado al penal Sarita Colonia acusado de tráfico ilícito de drogas. Al salir de la cárcel trabajó en un taller de pintura de carros, sin embargo, el olor al thinner y otros disolventes afectaron su salud. Fue ingresado a un hospital y al no tener dinero para pagar las medicinas y la cama le pidieron que abandonara el lugar.

Julio César duerme en las bancas del parque municipal en La Perla porque no tiene dinero para pagar una habitación. (Foto: Elisa Cruz)

“Desde que salí del hospital he tenido que ganarme la vida en empleos temporales cuidando carros o calles. Algunos vecinos me pagaban, pero con el coronavirus hay muchos que ya no trabajan y no tienen dinero”. Julio César no puede mantener las medidas de higiene que exige el Ministerio de Salud, puesto que el mercado donde se aseaba fue cerrado por registrarse contagios de la COVID-19. Sin embargo, aseguró que toma las medidas necesarias para evitar enfermar al mantener la distancia social aunque duerma en la calle.

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Úrsula Uchi Elgegren, psicóloga del Hospital Casimiro Ulloa, señaló que muchas personas han llegado al extremo de la indigencia por factores sociales, de exclusión y vulnerabilidad como los adultos mayores. “Hay casos en que la familia los abandona y al no tener los recursos económicos para afrontar sus propios gastos no tienen mayor opción que vivir en la calle”.

Para Uchi, una de las formas de ayudar a este sector vulnerable es a través de capacitaciones para que puedan generar su propio empleo y no depender ni del Gobierno, ni de la familia.

La pandemia debe servir para observar y analizar las carencias hacia la población vulnerable y se debe trabajar en cambiar algunas reglas que brinde una solución a largo plazo a favor de este sector que vive en el desamparo.

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