Desastres golpearon al sur el año pasado [VIDEO]

La Republica
Mirave y su desafío a la naturaleza. Este poblado está asentado en la desembocadura de una quebrada activada en febrero pasado. También hubo muertos.

Desafíos. Los fenómenos naturales son inevitables, pero su efecto puede reducirse con prevención. Sin embargo, los habitantes de las regiones del sur desafían a la naturaleza, sino cómo se entiende que haya poblados asentados dentro del cauce de ríos. Con el cambio climático estas imprudencias deben evitarse.

Wilder Pari y corresponsales

Los desastres naturales son inherentes al sur peruano. El 2019 asolaron lluvias torrenciales, huaicos, incendios forestales, etc. Febrero llegó con aguaceros violentos, que dejaron una estela trágica en Arequipa, Moquegua y Tacna. Son efectos del cambio climático con fenómenos extremos: volúmenes de lluvia que corresponden a toda una temporada caen en dos horas, así como sequías, por ejemplo.

Las precipitaciones copiosas de febrero pasado fueron atribuidas al calentamiento en el mar. Estas se precipitaron alrededor de los 1 500 metros sobre el nivel mar. Aplao (Arequipa) y Mirave (Tacna) “desaparecieron” arrasados por los huaicos.

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En Aplao no se registraban desde hace 60 años lluvias de esa magnitud. Los huaicos apagaron las vidas de tres jóvenes. Decenas de viviendas quedaron inservibles. Los damnificados fueron reubicados en el estadio, donde se levantaron módulos de vivienda.

Los fenómenos climáticos son inevitables; sin embargo, se puede reducir su efecto destructivo. El problema se da cuando se les desafía, por ejemplo, asentándose en el cauce de una torrentera. Un estudio de Ingemmet precisa que Aplao es vulnerable a sufrir nuevos deslizamientos y recomiendan su reubicación.

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El consejero regional Silvio Arias señala que el traslado por ahora sigue en planes. Solo se identificó un terreno en el sector de Cosos, que es propiedad del municipio provincial de Castilla. Falta una serie de gestiones ante el Ministerio de Vivienda para viabilizar un proyecto de edificios multifamiliares. Mientras tanto, el municipio elabora dos expedientes técnicos por el valor de S/ 440 000 para crear obras de amortiguamiento ante futuros huaicos.

Las lluvias y deslizamientos también golpearon a las provincias de Condesuyos y La Unión. El reporte final del COER de Arequipa consignó trece fallecidos en la región por la temporada de precipitaciones.

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Avisos no escuchados

Un día después de la tragedia en Aplao, un huaico potente destruyó el centro poblado de Mirave, en el distrito de Ilabaya. Hubo dos muertos, un anciano y un niño de cuatro años. El 2015 se lanzó una advertencia desoída sobre Mirave.

Este poblado se ubica en la desembocadura de una quebrada. En 2015 un huaico también dañó un grupo de viviendas; por ello, se ordenó la reubicación, que nunca se concretó.

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El viernes 8 de febrero de 2019, a las 14:20 horas, pobladoras que se encontraban en la cima del cerro llamado Alto Mirave vieron la llegada del huaico. Lanzaron la voz de alerta con gritos. Algunas familias se refugiaron en cerros aledaños y techos de sus casas. Otras se quedaron atrapadas.

Por la noche, Mirave había sido sepultado por una masa de barro y piedras. Desde aquella fecha, las familias se trasladaron a Alto Mirave, donde, además, se hará el reasentamiento. Allí reciben agua de cisternas y duermen en módulos de 18 metros cuadrados.

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Un sector de damnificados se opone a quedarse en Alto Mirave y pide otra zona con mayores proyecciones para la agricultura. Esos desacuerdos retrasan más la reubicación. La comuna de Ilabaya quiere culminar el primer paso del traslado: el saneamiento de 36 hectáreas. Ya no se puede desoír el segundo aviso de la naturaleza.

En esas fechas, la ciudad de Moquegua también sufrió con las lluvias. El desborde del río que cruza la ciudad arrasó con áreas de cultivo y pistas, también hizo colapsar el puente Montalvo y la sede del Poder Judicial. Varios tramos del Malecón Ribereño quedaron destruidos y hasta ahora no han sido recuperados. La Comisaría de Carreteras (Polcar) quedó inundada.

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Según el presidente de la Junta de Usuarios de Moquegua, Edén Vicente Cori, los puntos afectados todavía no han sido reforzados. El Gobierno Regional de Moquegua aprobó 20 fichas de mantenimiento para recuperar infraestructura, pero el trabajo aún no ha terminado y las lluvias se acercan. El puente Montalvo ya recuperó su transitabilidad.

Los deslizamientos también cobraron vidas en la región Puno. El 20 de febrero, un huaico sepultó un campamento minero informal en K’orimayo, en la provincia de Carabaya (Puno). Fallecieron siete personas.

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Ceniza y fuego

Los desastres no solo llegaron del cielo, también del corazón de la tierra. Volvió a la carga el volcán Ubinas, en Moquegua. La crisis se acentuó la segunda semana de julio. Los altos volúmenes de ceniza se dispersaron hasta Puno y Tacna. Un total de 350 familias del distrito de Ubinas y anexos evacuaron hacia un albergue en Anascapa.

La actividad del volcán ha disminuido; por ello, los habitantes volvieron a ocupar sus viviendas en noviembre; pero el temor persiste, pues el proceso eruptivo puede durar años. El último se prolongó por cuatro años. Por esa razón, un sector de habitantes pide la reubicación total del poblado.

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Un reporte del Instituto Geofísico del Perú (IGP) ubica al Ubinas como el volcán más activo del Perú, con 25 procesos eruptivos desde 1550.

Además, deben contarse los incendios forestales, que este año se calcularon en más de 200 en la región Cusco, quintuplicando la cifra del 2018. Las principales provincias afectadas fueron la Convención, Anta y Cusco. Además, en octubre, el fuego llegó cerca del Parque Arqueológico de Sacsayhuamán. Arequipa también sufrió de estos siniestros, en la provincia de Cotahuasi y en las faldas del volcán Chachani.