Renzo Honores: “Los árbitros del siglo XVI no aceptaban sobornos”

24 Nov 2019 | 6:45 h
Ponencia. Renzo Honores dio una charla en octubre en la Universidad Católica San Pablo sobre su investigación del derecho.

Renzo Honores, investigador del Instituto Internacional de Derecho y Sociedad hizo un estudio sobre la profesión de los abogados en la Lima colonial. Descubrió problemas como desigualdad y compra de jueces.

Edwar Quispe

El investigador Renzo Honores hizo un estudio sobre la profesión de los abogados en la Lima colonial y las propuestas para su reforma. Descubrió problemas similares a los de ahora: desigualdad en la aplicación de las leyes y compra de jueces y árbitros.

¿Cuál fue el resultado de su investigación sobre la profesión jurídica y la ética de los juristas en la época colonial?

Me concentré en Lima. Pero en el siglo XVI hay una profesión legal muy temprana, además de Lima, en Arequipa, Huamanga, Cusco y Trujillo. Hay un debate de que estos abogados actúan de manera impropia y se les condena por eso ciertamente. Eso abre una ventana de investigación muy interesante porque es un tema de discusión actual también. No solo es del pasado.

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En el estudio habla de una fuerte crítica a la profesión porque había corrupción.

Lo que hay desde el siglo XVI es una crítica a los abogados que atizan pleitos. Eso hace que aumenten los litigios. Pero después, en el siglo XVII, hay un autor, el padre Badillo, que establece una alternativa, qué hacer frente a estos abogados o jueces con una conducta incorrecta. Él dice que tiene que actuar de acuerdo a las normas cristianas. Ahora nos parece algo evidente per se, pero en ese momento es uno de los primeros autores que hace una vinculación entre el derecho y la teología.

¿Qué actos reprochaba?

Badillo reprochaba que los pleitos se desarrollen en forma lenta para que el abogado cobre permanentemente a sus clientes, presentan juicios con testimonios falsos. Algunos abogados eran desleales, se les acusaba de prevaricato, que en el siglo XVII significaba cuando uno era desleal a su cliente, hoy significa que un juez falla un caso sin atender lo que dice la ley, para beneficiar a un litigante sobre otro.

¿Los jueces también eran cómplices?

Los casos que yo he visto son de abogados que corrompen a los jueces. En el siglo XVI un abogado que llegó a ser rector de San Marcos se llamaba Marcos de Lucio (Sevilla, 1535 - Lima, 1599), pero mucho antes que se fundara la facultad de leyes él llevaba casos en audiencia y tuvo un caso de arbitraje. El árbitro era Nicola Oliva, famosísimo abogado de los años 1500. El árbitro Oliva acusa al abogado Lucio de querer corromperlo con unos tejos de plata, había testigos. El árbitro obviamente los rechaza. El caso pasó al Consejo de Indias y al final absolvieron a Lucio.

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¿No ha cambiado nada?

Allí habría que hacer un empate histórico. El caso de los árbitros de Odebrecht, muchos de los cuales son abogados muy importantes en Lima que conozco y amigos, pero están involucrados en esta trama millonaria para favorecer a Odebrecht. Pero es muy interesante porque acá los árbitros del siglo XVI no aceptaron el soborno, pero los del siglo XXI sí. Por otro lado, en el siglo XXI hay abogados prominentes e importantes que quieren reformas del sistema judicial y es gente importante.

Un cambio importante del siglo XX fue la inclusión de las mujeres en la abogacía, a partir de los años 40 y 50. En el periodo colonial no hay mujeres. Yo creo que al final el siglo XX y XXI no tienen elementos positivos, pero tienen algunos puntos inclusivos que los siglos anteriores. En temas de ética, todavía estamos en debe.

¿Entonces, las carencias jurídicas se han arrastrado?

Como en toda historia, hay momentos y periodos. Hay un trabajo del siglo XIX de un historiador chileno, Pablo Whipple. Este sostiene que en el siglo XIX, hay problemas en la justicia peruana por una cuestión de presupuesto e infraestructura, no hay el dinero para pagar los salarios, con lo cual el juez tiene que generar ingresos coaccionando a los litigantes y por otro lado no hay infraestructura, ni siquiera hay escritorios.

¿Pero también es una cuestión de personas?

El problema en nuestro sistema judicial es una cuestión, sí, de personas que actúan de manera deshonesta, pero también de circunstancias organizativas y estructurales que llevan a estas personas a actuar de manera impropia. Whipple muestra cifras y casos de los años 1840. Además, los gobiernos de turno utilizaban esa carestía como una manera de presionar a los jueces. Es interesante cómo en el emergente Estado nacional del siglo XIX, que en teoría buscaba una sociedad más justa, no tenía fondos para la cuestión de la justicia. Hay que estudiar qué pasó en determinado momento.

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