Un rey del antiguo Perú en Arequipa [FOTOS]

Señor de Sipán. Es uno de los atractivos de la FIA, la réplica del museo Tumbas Reales que exhibe al monarca mochica, su corte y atuendos encontrados hace 31 años en el poblado de Sipán, a media hora de la ciudad norteña de Chiclayo-Lambayeque. Un viaje al Perú precolombino.  

10 Ago 2018 | 6:10 h

Señor de Sipán. Es uno de los atractivos de la FIA, la réplica del museo Tumbas Reales que exhibe al monarca mochica, su corte y atuendos encontrados hace 31 años en el poblado de Sipán, a media hora de la ciudad norteña de Chiclayo-Lambayeque. Un viaje al Perú precolombino.  

El hallazgo fue una Sal de Andrews para la resaca permanente en que vivía el país. Año 1987, gobierno de Alan García; terrorismo y la crisis económica hundieron al peruano en la desesperanza.

Tras desalojar a una banda armada de saqueadores, el arqueólogo Walter Alva Alva y su equipo ubicó la tumba. El Señor de Sipán, el antiguo gobernante del Perú, yacía en un féretro de algarrobo, árbol milenario de los bosques secos de la costa norte. Tenía todas sus pertenencias: alhajas de oro, cobre y atuendos que utilizó en actos protocolares. Al cadáver del monarca de la cultura mochica lo rodeaba su corte: tres mujeres, un niño, un jefe de protocolo, un jefe militar, un vigía de la tumba, dos llamas y un perro de raza brava que los moches utilizaban para cazar venados. Aparentemente, a todos los sacrificaron tras la muerte del rey para servirlo en el más allá. La revista National Geographic dedicó 54 páginas de su edición a este notable  hallazgo.

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La réplica está en Arequipa. Se expone desde hoy en el campo ferial de Cerro Juli. En la Feria Internacional Arequipa (FIA) permanecerá hasta el 19 de agosto. Luego lo trasladarán a un museo del centro de la ciudad.

 Alva hace un alto en su ajetreada tarea de poner a punto el museo itinerante que visita Arequipa y nos dice que con el Señor de Sipán se abrieron muchas oportunidades. Por ejemplo, reactivó la investigación arqueológica en la costa norte. Además, convirtió Lambayeque en un polo de turismo; al museo Tumbas Reales llegan 180 mil turistas al año. Y por otro lado, se recuperó la autoestima regional; los norteños -hasta el más blanco- sienten orgullo de llevar sangre mochica, una cultura, cuya mayor virtud fue desafiar al desierto de la costa con la agricultura

Esta civilización, desarrollada entre el siglo I al VI de esta era, con sus obras de ingeniería, desvío los ríos andinos que morían en el Pacífico, para llevar agua a sus campos. También diseñaron enormes moles de barro a manera de pirámides truncas. 

Alva nos muestra probablemente la pieza más valiosa de la exposición, un cetro de oro con mango de plata que empuñaba el Señor de Sipán. Un símbolo de la condición guerrera de los mochicas. Con ellos, surge el ejército como institución. 

Alva considera que en estos momentos de desmoralización -tras los actos de corrupción conocidos- repasar a estas civilizaciones sirve para darse un baño de autoestima, como ocurrió en 1987. Demostrar que el país es un viejo árbol con raíces muy profundas y que pese a sus problemas será difícil derribarlo. "Somos herederos de una gran tradición y una enorme pluriculturalidad", nos dice este arqueólogo, algo agitado por la altura arequipeña.

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¿Esa multiracialidad también es un obstáculo para no ponernos de acuerdo?

Todas las naciones tienen conformaciones multiétnicas. China lo tiene y pese a sus provincias es el pueblo chino. Aquí podemos fomentar la idea que somos una nación fuerte y despertar esa capacidad que tuvo nuestra población nativa. Hay que fortalecer el nacionalismo sin alentar el chauvinismo.

Alan García alguna vez sostuvo que el andino era un personaje triste y negativo.

Todo lo contrario. El andino por naturaleza es disciplinado, austero y creativo. No se supo incorporar su  fuerza nativa. Al Perú lo que le falta es un buen manejo administrativo y político. Lamentablemente, el peor lastre que tenemos es la política criolla.

¿Esas taras nos dejó la colonización?

Sí y la centralización, un país de virreyes. Le voy a contar una anécdota. Una vez, cuando traíamos de vuelta al Señor de Sipán tras su restauración en Alemania, se pidió recibirlo con honores presidenciales; era un gobernante del Perú antiguo. Unos diplomáticos me dijeron que eso era una aberración. Les respondí que si traíamos los restos de un virrey, media Lima estaría recibiéndolo. ¿Por qué nuestros gobernantes del pasado son menos que aquellos de origen europeo?

¿En esas culturas hubo corrupción?

Pudo ocurrir algunas injusticias, normales en gobiernos teocráticos con estructuras verticales. Sin embargo, no había corrupción por falta de moneda, pago de favores, etc. La corrupción viene con la influencia europea. 

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