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Iván Lanegra: “La vacancia presidencial no resuelve el problema, sino que crea una crisis diferente”

Entrevista al secretario general de la Asociación Civil Transparencia, quien llama a la necesidad de construir acuerdos, más allá de los actores políticos.

Responsabilidad. Lanegra: Los políticos deben asumir las consecuencias de sus decisiones. Foto: difusión
Responsabilidad. Lanegra: Los políticos deben asumir las consecuencias de sus decisiones. Foto: difusión
Enrique  Patriau

¿Cuáles con las consecuencias de una vacancia presidencial? El secretario general de Transparencia, Iván Lanegra, recurre a nuestra historia más reciente para advertir sobre lo que podría provocar una medida de esta naturaleza. Además, llama a la necesidad de construir acuerdos, más allá de los actores políticos.

¿Es la vacancia presidencial la salida que se necesita para la crisis actual?

Quizás vale la pena hacer un par de precisiones sobre la permanente incapacidad moral. Si entendemos esta figura como un mero acto de poder del Congreso, como la simple suma de votos, eso sería ir en contra del espíritu de la propia Constitución y del régimen político presidencial. Es decir, cualquier interpretación que se haga debe ser compatible con la protección que brinda el texto constitucional a la continuidad del mandato presidencial.

¿A qué protección se refiere?

Salvo las situaciones previstas en el artículo 117 de la Constitución, no hay más supuestos de destitución. Es posible debatir el uso de esta figura para situaciones excepcionales, pero deben ser del mismo nivel de excepcionalidad de lo previsto en el artículo 117. Lo señalado en el texto actual de la moción de la vacancia claramente no cumple con esas condiciones.

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Hechas las precisiones vayamos al fondo de la pregunta. ¿Es la vacancia una posible salida para la crisis?

La experiencia reciente en donde se ha intentado usar a la vacancia como salida política ha mostrado que las consecuencias de esa decisión han sido muy diferentes a lo que sus promotores plantearon. Aunque a Kuczynski nunca se le vacó porque renunció antes, su salida no resolvió las tensiones entre el Ejecutivo y el Congreso; por el contrario, llegaron a ser más fuertes y terminaron con la disolución de este último. Luego de la instalación de un nuevo Congreso, la tensión continuó y derivó en la vacancia de Vizcarra.

Con graves consecuencias.

Las consecuencias también fueron muy diferentes a las que, sospecho, tenían en mente los promotores de la vacancia. Lo que ocurrió no solo fueron protestas masivas, también la caída muy rápida del nuevo gobierno y la llegada de actores que semanas antes nadie pensaba que terminarían ocupando ni la presidencia de la República ni del Congreso. La figura de la vacancia abre un nuevo escenario de incertidumbre y eso ocurre porque las instituciones peruanas son débiles, porque los partidos políticos son precarios, porque es difícil adoptar acuerdos políticos, y todo eso hace difícil dar una orientación a los efectos de una medida así.

Es decir, ¿la vacancia acentúa la crisis?

Los dos casos previos demuestran que la vacancia presidencial no resuelve el problema, sino que crea una crisis diferente con otros elementos y condiciones. Pero la situación de incertidumbre se mantiene.

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Si la vacancia no resuelve la crisis, ¿qué puede resolverla?

Lo que queda claro es que lo único que le ha dado cierta gobernabilidad al país en momentos críticos –por ejemplo, luego de la salida de Fujimori o de Merino– fue el acuerdo político de los grupos con cierto poder en el país. En el 2000 había más actores con capacidad política, con confianza ciudadana, con cierto crédito de parte de la ciudadanía, mientras que los actores de hoy tienen menos recursos, son menos creíbles y enfrentan un problema de desconfianza. Es indispensable el acuerdo, pero va a tener que incluir a otros actores sociales.

Suena bien; sin embargo, el debate no pasa de centrarse en si hay los votos o no para vacar a Castillo.

Esa visión de solo centrarse en el tema de los votos o desde lo jurídico es errada y políticamente claramente insuficiente, porque los problemas de gobernabilidad no se resuelven con un simple cambio de la cabeza del Ejecutivo. Una de las cosas que se aprendieron luego de la vacancia de Vizcarra es que hay en el país un sector ciudadano muy importante que es capaz de reaccionar frente a decisiones políticas que vulneren acuerdos básicos o que impidan que el poder se ejerza a través de mecanismos legítimos. Lamentablemente, esa voz ciudadana no está representada en estos momentos y ese es el problema.

¿No es muy optimista pensar en acuerdos amplios en estos momentos?

Quizás estoy pecando de optimista, pero la historia enseña que en momentos de crisis esos caminos difíciles parecen ser la única esperanza frente a la falta de legitimidad de los actores políticos. Si algo hemos aprendido en esta coyuntura que viene desde el 2016 es que tenemos que asumir muchos escenarios y poner todos los esfuerzos para mantener la continuidad del mandato presidencial. Pero, como digo, en caso la crisis se agrave, esta vía de acuerdos más amplios debe estar encima de la mesa.

¿Suscribe la frase “el presidente se vaca solo”?

Nadie se vaca solo. No hay duda de que el Ejecutivo ha cometido acciones que pueden calificarse de mal gobierno e incluso de posibles casos de corrupción, pero no puede dejarse de lado que el Congreso no está usando todas las funciones que la Constitución le da para ejercer su trabajo de control. También hay que decirlo, actores concretos han tenido una actitud muy dura desde el inicio del gobierno, sin que se hubiera conocido su desempeño. En los casos de Kuczynski y Vizcarra, una de las excusas de los congresistas es que no previeron lo que ocurriría. Eso no puede pasar de nuevo. Los políticos deben hacerse responsables de las consecuencias de sus decisiones.

Sobre todo de las más complicadas.

Sobre todo de aquellas que afectan al conjunto del país.