¿A qué se ha “sustraído” la mayoría del TC?

20 Nov 2020 | 10:22 h
Pedro Grández, abogado constitucionalista, profesor universitario, editor

Los cuatro magistrados le han asestado el golpe más duro al propio Tribunal Constitucional y a su corta historia en nuestra democracia.

Pedro P. Grández Castro, Profesor de Derecho en San Marcos y PUCP. Director del Instituto Palestra.

La democracia es también un debate cotidiano de narrativas sobre hechos y contextos. Por eso es importante ver también a qué narrativas sirve la aparentemente “neutral” e inofensiva decisión de la mayoría del TC en el debate sobre la vacancia. La narrativa de quienes asaltaron el poder para proteger sus intereses el pasado lunes 09 de noviembre sale fortalecida. Lean sus reacciones y constatarán lo que digo. Por eso hay que observar con calma de qué se ha “sustraído” realmente aquella mayoría. Yo observo por ahora 3 “sustracciones” graves:

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La más grave “sustracción” es de su propio ser. Los Tribunales Constitucionales justifican su existencia en las democracias, debido a la necesidad de interpretar las cláusulas abstractas e imprecisas de las Constituciones. Las Constituciones pluralistas suelen ser documentos muy genéricos; esto responde a la búsqueda de acuerdos entre las fuerzas políticas opuestas que convergen en los procesos constituyentes. Concretar esos principios y cláusulas abiertas es la razón de ser de un TC.

El TC también se “sustrae” de la historia. Desperdicia un momento crucial en vísperas del Bicentenario. Luego de un interesante itinerario durante los últimos 20 años, con activos y pasivos, pero con una presencia expectante, pese a todo, el TC se niega a sí mismo. Renuncia al brindis que le sirvió el pueblo desde las calles y plazas, ofreciéndole un lugar privilegiado en la democracia constitucional peruana. Echa por la borda sus hazañas de los primeros años en la reinstalación de la democracia tras la caída del régimen de Fujimori.
Es un misterio a cambio de qué lo hace. Porque incluso pensando en una visión conservadora de la política, conviene tener un TC que nos libre del caos y pueda servir de válvula de escape de las contiendas de las facciones que azotan de tiempo en tiempo en nuestra frágil vida democrática.

El TC también se “sustrae” con su decisión, de su misión de contrapeso del poder. Estamos en un momento muy difícil para nuestro sistema democrático. Grupos políticos que no tienen claridad para la defensa del bien público y, peor aún, capaces de usar temerariamente el poder público para ponerlo al servicio de intereses particulares, avanzan sin escrúpulos con pretensiones de controlar cada espacio público que encuentren disponible.

El equilibrio de poderes requiere de señales claras en defensa del orden constitucional. Ese mensaje era fundamental que lo diera el TC. Decirles a los golpistas que es y fue un golpe, y que sus acciones, que incluyen la muerte inocente de dos jóvenes en las marchas, no quedarán impunes.

Todo eso pudo decirlo el TC de manera resuelta y con la Constitución en la mano. Pero el TC ha preferido “sustraerse”, y al hacerlo ha negado su presencia en la democracia, en la historia y en el imaginario colectivo de la sociedad. Los cuatro magistrados le han asestado el golpe más duro al propio TC y a su corta historia en nuestra democracia.