¿De quién es el partido?

“La votación no fue para elegir de paso al jefe de la bancada o del partido, sino para darle un golpe vitamínico”.

Mirko Lauer
06 Feb 2020 | 6:00 h

El préstamo de membretes partidarios es problemático. Está la dificultad para recuperar lo prestado. O el candidato contratado exitoso puede irse por su cuenta, y no dejar mucho detrás. Luego hay la posibilidad de un interminable tironeo parlamentario (o municipal, o regional) entre militantes e invitados. Lo dice el refrán: casa con dos puertas es mala de guardar.

La contradicción salió a relucir cuando Alfredo Barnechea obtuvo un inesperado bolsón de votos que Acción Popular no esperaba en las elecciones del 2016. El candidato invitado quiso pasar al liderazgo del partido, con el argumento de que su millón de votos (7%) pesaba mucho más que el número de bases de AP. La dirigencia rechazó la propuesta, aunque Barnechea siguió orbitando en torno del partido.

Ahora estamos en medio de algunas disputas parecidas. Candidatos con altas votaciones reclaman la jefatura de la bancada que, sostienen ellos, no hubiera entrado sin esos votos. El argumento es aritméticamente cierto, pero institucionalmente deficiente. La votación no fue para elegir de paso al jefe de la bancada o del partido, sino para darle un golpe vitamínico.

La respuesta automática es que sin la acogida del partido en disputa esa persona no hubiera sido candidato. Otra más sutil es que la presencia del exitoso y quién sabe si su éxito mismo son transitorios. Mañana podría estar en otro lado, o podría darle un golpe de estado a la dirigencia. Incomodidades de la propiedad privada en la política electoral.

Las desavenencias no son solo entre la estrella electoral y el partido que la llevó. También las bancadas se dividen con variados argumentos, a la postre todos los temas de ambiciones personales, con pinceladas de ideología. Es lo que le pasó al Frente Amplio cuando su bancada, originalmente una alianza, se partió en dos, y ya nada la pudo recomponer.

Por el camino que vamos, los que se van a instalar en marzo serán algo más que una decena de partidos, lo cual no va a facilitar las cosas. Por experiencia lo que suele imponerse a la postre no son los números electorales, sino el número de congresistas del partido mismo. Es poco probable que en el 2021 Daniel Urresti candidatee por Podemos Perú.