Sorpresas que no sorprenden

“Los datos esenciales de esta elección ya se conocían, y bien. Los partidos tradicionales venían en picada, visible o larvada, desde hace tiempo”.

Mirko Lauer
03 Feb 2020 | 1:06 h

Los resultados electorales han traído de vuelta la idea de un Perú político desconocido. Esto se presta a algunas ideas subsidiarias. Por ejemplo, que los conocedores profesionales de la política (encuestadores, columnistas, gurús) han fracasado, o que los sectores acomodados no saben nada sobre los populares.

Pero las elecciones vienen dando sorpresas desde 1990, y esto ya ha sido asumido como una forma de relación del país consigo mismo. La dispersión del voto en décimos o la extraña votación del Frepap son agua de malvas comparados con la posibilidad de un verdadero outsider que arrase con todo el sistema político en las urnas.

Los datos esenciales de esta elección ya se conocían, y bien. Los partidos tradicionales venían en picada, visible o larvada, desde hace tiempo. Los llamados independientes, en verdad caseritos del mercado de vientres de alquiler políticos, vienen tocando las puertas del poder desde hace un par de décadas, con éxito variado.

También se conocen los datos del real desconocimiento político: por su costo las encuestas rurales son una cantidad desconocida, sin serios partidos históricos no hay lealtad del consumidor, con el gremio político desprestigiado el acto de elegir es jugar a la ruleta. Así, la sorpresa no es una sorpresa.

¿Hay dónde acudir para un conocimiento firme del país político? Lo más seguro son los académicos de las humanidades, pero sus verdades son complejas y siempre precisan interpretación. Además, suelen evitar la coyuntura, incluso el cortísimo plazo. Lo cual sugiere que hay mejores percepciones de realidad en los libros que en los medios.

Por lo pronto la academia nos dice que las dificultades para entender el país político, y para actuar en consecuencia, todavía van a durar un largo tiempo. Los procesos de modernización cultural, equiparación social, o acceso a servicios públicos todavía tienen un buen trecho que recorrer, y eso quiere decir inestabilidad política.

Sin embargo, las elecciones de enero no son tan sorprendentes como parecen. Los primeros dos partidos han tenido votaciones muy parecidas a las del 2016. La dispersión ha convertido triunfos y derrotas en cifras bastante relativas. Lo que debemos acostumbrarnos a conocer es cuánto de lo variable o sorprendente en realidad no lo es tanto.