El 2021 frente al 2020

“El actual Congreso se moverá bajo la constante obligación psicológica de ser “mejor que el anterior”, un factor subjetivo, incluso interesado, que no está claramente definido”.

Mirko Lauer
31 Ene 2020 | 0:41 h

¿Cómo será la elección parlamentaria al Congreso que tendremos dentro de 14 meses? ¿Igual a la que acaba de darse? ¿O más parecida a la del 2016? Mucho tendrá que ver con cuán excepcional ha sido este proceso electoral, con cómo se conduzcan los partidos que han logrado victorias intempestivas, con la posibilidad de que surjan candidaturas presidenciales fuertes.

A pesar de que hoy existen normas más flexibles, el tiempo no va a dar para el acopio de firmas, y entonces el 2021 verá esencialmente a los mismos partidos en competencia. Falta saber si la ciudadanía votará por ellos en una proporción igual o parecida, o si el arrastre de las candidaturas presidenciales, aun con publicidad limitada, cambiará las cosas.

Temprano este año 2020 nos está enseñando a esperar lo inesperado. Pueden aparecer nuevas leyes electorales capaces de cambiar las cosas. El impulso anticorrupción puede desgastar a varios partidos en tiempo record. Pueden surgir algunos liderazgos nuevos y hundirse otros, ambas cosas capaces de cambiar la topografía política.

Además el actual Congreso se moverá bajo la constante obligación psicológica de ser “mejor que el anterior”, un factor subjetivo, incluso interesado, que no está claramente definido. Algunos incluso han decidido antes de que el Congreso se instale.

La presencia de candidaturas presidenciales hará improbable que se repita la figura de nueve listas más o menos en pie de igualdad, e inclinará el terreno hacia tres o cuatro competidores principales. El temor ciudadano a elegir un Congreso bloqueador de las tareas del Ejecutivo quizás lleve a muchos votos hacia la agrupación que vaya puntera.

La discusión parlamentaria sobre quién va a poder candidatear y quién no ocupará un espacio considerable en los meses que vienen. Sobre esto hay multiplicidad de opiniones, jurídicas e interesadas. En el fondo será también un debate sobre la calidad del Congreso 2021-2026, que a su vez resonará en las pugnas internas de los partidos.

Un aspecto que despierta curiosidad es en qué medida podrán repetirse las votaciones que hoy son consideradas insólitas, comenzando por las más obvias, el Frepap y la alianza del etnocacerismo con un habitual vientre de alquiler. Quizás la pregunta es si el ambiente de este enero se va a repetir en abril del próximo año, y qué lo permitiría.