Titerechea y la nueva emboscada

“Se va a cumplir un mes desde que Vizcarra anunció la propuesta de adelanto y el Congreso tendría ya que haber discutido y aprobado o no el proyecto de ley”.

Claudia Cisneros
25 08 2019 | 01:20h

No, no es el nombre de la última sensación de la cumbia peruana. Es nuestra penosa política nacional. Y es que estamos otra vez frente a un escenario bastante similar al de los días previos a la vacancia de PPK. El Congreso complotando, la vicepresidencia de su lado, la mecida de la reunión por el diálogo, que no es otra cosa que el beso de Judas antes de la vacancia de Vizcarra.

El pedido que ha hecho el presidente del Congreso, Olaechea, para que Vizcarra se reúna con él en una iglesia es tan impertinente como ingenuo. Vizcarra ya demostró no ser lo pasmado que ellos calcularon cuando expectoraron a PPK. Sería de lo más negligente caer en tamaña emboscada, además de una muestra de impericia política, de debilidad de poder frente a los verdugos congresales. Además, si no pone él la cancha podría arriesgarse a ser grabado como pasó con Tía María o con las conversaciones privadas que tuvo con Keiko y que ella expuso públicamente.

En un rápido reflejo político, Vizcarra le ha quitado el mango de la sartén a Olaechea aceptando raudamente la invitación a conversar, pero dejando claro que será en Palacio y cuando él proponga.

Todos hablan de la agenda única que Vizcarra debería plantear al Congreso por intermedio de Olaechea: el adelanto de elecciones. Pero nuevamente, insisto, es ingenuo pensar que a este Congreso complotador y obstructor se le puede tratar como interlocutor político razonable. Seguimos perdiendo de vista que se trata de una colección de personas que en gran proporción ha cometido delitos de los que a toda costa quieren salir impunes. Adelantar un año su salida del Parlamento, que es lo que les da inmunidad, les complica tremendamente el escenario. Sumada a la protección judicial que Keiko necesita para salvar su vida y que la conduce al harakiri político que hemos visto hasta ahora. Vizcarra puede, sí, seguir jugando a exacerbar las contradicciones para que se hagan visibles. Es decir, planteando Vizcarra públicamente que ese es el punto único o, por lo menos, prioritario del diálogo, pondría contra las cuerdas al Congreso para que detenga la dilación asolapada y de una vez por todas sinceren su negativa al adelanto de elecciones.

Se va a cumplir un mes desde que Vizcarra anunció la propuesta de adelanto y el Congreso tendría ya que haber discutido y aprobado o no el proyecto de ley. Sin embargo, Bartra, la inefable presidenta de la Comisión de Constitución, se negó a incorporar el tema en agenda el día de la instalación de la comisión arguyendo que el protocolo mandaba solo instalación. Como si el adelanto no fuera un tema de urgencia. Pero el complot congresal no se detiene allí. El propio Olaechea ha citado a los congresistas para una reunión de ‘Pleno Ético’ a la misma hora en que debe reunirse la Comisión de Constitución a debatir el proyecto de ley de adelanto de elecciones, el martes 3 de setiembre a las 10:00 a.m.

Viendo la información de la ONPE, si el adelanto de elecciones no se aprueba en agosto 2019, el cronograma se va al agua. Si Vizcarra no presiona para que los marabunta de la #SraKaos aprueben el proyecto o explícitamente digan que no lo harán, Vizcarra y los peruanos se quedarán sin la purga política del adelanto y con un Congreso que por ley ya no podrá ser disuelto el último año de su mandato. Es decir, el caos sobre el caos. Y en ese momento el pueblo culpará a Vizcarra por ineficaz.