Hinostroza en la calle

Raúl Tola
13 Abr 2019 | 0:42 h

“Esta no es una victoria de Hinostroza, como se ha malinterpretado. Se trata del cumplimiento de una lógica penal propia”.

Una de las cosas que más me llamó la atención desde que llegué a España fue el profundo sentido garantista de su Poder Judicial. Los jueces tienen un enorme aprecio por el debido proceso, la defensa de los Derechos Humanos del reo o la apuesta por su reinserción en la sociedad. Algo que para una tradición como la peruana podría parecer excesivamente benigno e incluso ingenuo.

Para la justicia española una condena a prisión es excepcional. Solo se aplica cuando es claro que resulta proporcional al crimen cometido. Finalmente, estamos hablando de privar a alguien de su libertad, el castigo más duro que se puede imponer, solo superado por la muerte. No tiene nada que ver con el Perú, donde las detenciones preliminares y las prisiones preventivas se han generalizado y donde más de la mitad de las 85 mil personas que componen la población penitenciaria está presa sin una condena firme.

Este respeto por la dignidad del reo no se pierde cuando entra en prisión. Por eso existen establecimientos como Soto del Real, con piscina, gimnasio, canchas de squash, balonmano, básquetbol y fútbol sala. Los presos pasan el día en el patio, practican deporte, juegan a las cartas o toman cursos formativos. Sus celdas son compartidas, con escritorio y pueden tener televisor dentro de ellas.

La circunstancia de cada preso es revisada permanentemente y quienes tienen una evolución favorable pueden calificar al régimen abierto. Viniendo del Perú, resulta muy curioso ver a algunos de los presos más connotados de este país que, al haber calificado para esta instancia, tienen el derecho de pasar los fines de semana en sus casas y pueden pedir hasta 48 salidas de prisión al año.

En Soto del Real estuvo preso el juez César Hinostroza, cuya salida de la cárcel ha causado tantas sorpresas en el Perú, mereciendo incluso un pronunciamiento público del Presidente Martín Vizcarra. La Audiencia Nacional consideró que su riesgo de fuga había disminuido y lo puso en libertad provisional con la condición de no salir de España y presentarse ante la autoridad cuando sea requerido.

Esta no ha sido una victoria de Hinostroza, como se ha malinterpretado. Se trata simplemente del cumplimiento de una lógica penal propia, en un país con índices de criminalidad, alcance policial, controles fronterizos y posibilidades de fuga muy distintos al Perú. Lo más probable es que solo sea el anticipo de la extradición del cabecilla de «Los cuellos blancos del puerto» para ser juzgado entre los suyos.